Fin de año (por lo menos en Occidente); invierno frío en el Norte y verano tórrido en el Sur. En estas fechas, el cambio -la dinámica de la vida- se vuelve oficial y todo el mundo lo acepta. Se celebra.

Torre-AGBAR

Normalmente, el cambio nos produce temor (y, sino, que se lo pregunten a Pilar Jericó, autora de Nomiedo).

Recuerdo la polémica ciudadana cuando se estaba construyendo el emblemático edificio del Grupo AGBAR (Aguas de Barcelona). Los nostálgicos argumentaban que el paisaje urbano no volvería a ser el mismo, que “el pirulí” se vería al final de algunas calles del Eixample y rompería el encanto modernista. Algunos se referían con horror a la forma fálica o bélica del edificio de Jean Nouvel. Pasados unos meses desde su inauguración, dentro de pocos días este será el decorado de la retransmisión televisiva para dar la bienvenida al año 2007.

Perder el pasado, también produce intranquilidad. Ayer hojeaba en una librería La Barcelona desapareguda (La Barcelona desaparecida, Angle Editorial) de Josep M. Huertas Clavería, uno de los numerosos títulos de libros de regalo que tienen el objetivo de conservar la memoria visual de lo que fue la ciudad. En este mismo sentido, los amantes de la ciudad no deberían perderse las entrañables crónicas de Ignacio Vidal-Folch tituladas genéricamente Barcelona – Museo secreto, ni el clásico Barcelona secreta de Josep Maria Carandell.

En realidad, la conducta colectiva de incertidumbre ante el futuro y miedo a perder el pasado, no es más que un reflejo del respeto que tenemos individualmente frente al cambio. Quizás tendríamos que tomarnos la vida como esa noche de san Silvestre: vivir intensamente -y en perfecto presente- el hecho de dejar atrás los últimos doce meses y recibir con ilusión los próximos doce. En el fondo, la existencia sería algo menos angustiante si todos surcáramos las aguas de la vida como lo que esa vida es por definición: cambio incesante, dinámica pura; y es que, no-cambio significa muerte.

Enlaces de interés:
Torre AGBAR – Barcelona
Pilar Jericó – Nomiedo
Ignacio Vidal-Folch – Barcelona, Museo Secreto