Caminos difíciles

Voy a encargarme de que tengas esta bicicleta que tanta ilusíon te hace. Todo muchacho negro o blanco debería tener una antes de cumplir los veintiún años -se detuvo y miró por la ventana durante un momento-. Últimamente hago muchas cosas así, Ganus. ayudo a la gente a comprarse lo que quiere. (…) En este mundo siempre hay alguien que quiere algo, da igual que le corresponda o no, y su felicidad depende de tenerlo. Supongo que no hay mejor ejemplo de la naturaleza humana.

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Aunque leí El camino del tabaco cuando era adolescente, he redescubierto la profundidad y la magia literaria de Erskine Caldwell recientemente, gracias a la edición de buena parte de sus novelasde que está haciendo Navona Editorial. Empecé por La parcela de Dios, ese gran retablo de la envidia y las pasiones humanas de una familia de blancos pobres del sur de los Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX, la zona y la época en la que se desarrollan las grandes obras de Caldwell, siempre enmarcadas en el racismo explícito y en el instinto sexual aparentemente reprimido (o mal reprimido) de sus personajes.

El fragmento anterior pertenece al libro que acabo de terminar: Un lugar llamado Estherville. En este caso, es el magistral relato de la espeiral de dificultades con las que se van encontrando dos hermanos negros Ganus y Kathyanne Bazemore a partir del momento en el que llegan a la ciudad de Estherville tras morir sus padres. Como dice el comentario de Norman Mailer sobre la novela: “La perversidad está siempre dispuesta a confraternizar con la naturaleza humana”.

Resulta interesante leer novelas antiguas (ésta fue escrita en 1949), porque te permiten ver con cierta perspectiva algunas cuestiones sociales y políticas, que sólo es posible valorar sin la “contaminación” que pueda suponer el conocimiento o la situación actual. Me refiero, sólo por poner un ejemplo, a cómo los padres consideraban a los jóvenes, su indisciplina, su displicencia o su falta de interés en novelas como Vida privada de Sagarra, escrita en la década de 1930. ¿Cómo se valoraba el cine en sus comienzos y qué efectos nocivos se le achacaban? ¿Los mismos efectos perjudiciales que la lectura de novelas caballerescas sobre don Quijote? ¿Lo mismo que algunos piensan sobre Internet, ahora?

En cualquier caso, me llamó la atención este fragmento de Un lugar llamado Estherville, porque en él, Ganus quiere comprarse una flamante bicicleta para conseguir un trabajo de repartidor, y para lograrlo un médico-financiero, el doctor English, le hace un préstamo por el que tendrá que pagarle su salario de cinco dólares semanales durante seis meses. Además, el vendedor de bicicletas (que se beneficia de la comisión que obtiene de los préstamos del médico), no deja de vender al iluso Ganus una colección de accesorios inútiles que no hacen más que aumentar la deuda contraída…

¿Les suena el cuento? Ambición, “felicidad” mal entendida (o “felicidad” buscada en lugares erróneos), envidia, etc. Y, si quieren, cambien la bicicleta por pisos y el prestamista por bancos. Igual perversidad. Y el mismo deseo.

P.S.- No dejen de leer En el principio era el sexo de Christopher Ryan y Cacilda Jethá; estamos lejos de esos grupos igualitaristas que compartían comida, el cuidado de los niños y sus parejas sexuales… Pero de eso hablaré otro día.

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