La fascinación de las máquinas de Goldberg

Todos llevamos una gorra en la cabeza y Jessi ha venido con una peluca morena. Ahora sí es la Mia de Pulp Fiction.

Ful

Crecí con Los grandes inventos del T.B.O., fruto de la genialidad del Profesor Franz de Copenhague. Un día descubrí que la inspiración del dibujante Ramon Sabater venía de Rube Goldberg, un ingeniero y también caricaturista norteamericano que creó al Professor Lucifer Butts. Poco más tarde me enteré de que había gente que se dedicaba a hacer complejos montajes basados en unos cuantos principios de mecánica, gran precisión y bastante habilidad; se les llama máquinas de Rube Goldberg, porque recuerdan estos dibujos. Basta buscar en Youtube con ese nombre, para encontrar centenares de videos con canicas o bolas que corren de un lado a otro de la pantalla haciendo carambolas o moviendo maderas hasta el desenlace final. Al final de esta entrada incluyo uno de esos vídeos.

Estos días he pensado bastante en las máquinas de Goldberg mientras leía Ful de Rafa Melero Rojo, una buena novela negra que explica la desesperada huida hacia adelante de un joven del mismo nombre, portavoz, por decirlo de algún modo, de una banda de tres al cuarto de la ciudad de Lleida que, tras pensar que van a dar el golpe del siglo para poder retirarse de una vez, se encuentran, ya a la primera de cambio, con dos muertos en su haber. Y, claro, no son unos muertos cualquiera, de manera que al lector le esperan 250 páginas en las que no cabe otra cosa que una madeja cada vez más enredada, ya sea por el latiguillo del deseo de Ful por Jessi, la novia de uno de los integrantes de la pandilla, las ausencias del Pelota, el silencio de Jose (así, sin acento) o la mirada gélida del Hielo. Esta sensación de gran máquina de Goldberg en las terres de ponent se acentúa notablemente por la forma cómo está escrita la novela, enlazando un capítulo con otro y, naturalmente,repleta de giros totalmente insospechados además de la imprescindible pirotecnia final de cualquier novela negra que se precie. ¡Y no defrauda!, al contrario, llegas à bout de souffle.

No dejéis pasar a este autor que, además de escribir, forma parte de la policía judicial. O sea, sabe de qué habla y domina a la perfección el argot. Aquí, la web del autor.

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