Lavandería de turno

A ditadura que tanto sofrimento causou veio finalmente abaixo: era um regime sem futuro, como todas as ditaduras. (…) Como se houvesse uma ordem natural, algo maior que orientasse o real rumo a um fim mais nobre.

La ventaja de llevarte una tablet de viaje es que cargas menos peso lo que te permite… ¡ir comprando mas libros de papel! y eso fui haciendo estas semanas. Mientras esperaba en la estación de Burdeos para subir al TGV hacia París, encontré Les pubs que vous ne verrez plus jamais (spécial santé) 160 páginas con antiguos anuncios relacionados con la promoción de la salud (de la mala salud, en la mayoría de los casos). Me pareció interesante para renovar el material de algunas clases y conferencias. Unos días más tarde ya hice uso al hablar sobre innovaciones terapéuticas y, para dar resaltar la importancia de relativizar las verdades científicas, puse el ejemplo de un anuncio de 1930 donde se ve a un niño sonriendo feliz llevando un jersey de Laine Oradium que producía, según el fabricante, “un sano y dulce calor radioactivo“. Me gusta este tipo de ejemplos para convencer de la importancia de dejar asentar la información, incluso en estos tiempos huracanados, incluso en la era Excalibur. Excalibur era el perro de la primera persona infectada por el virus Ébola fuera del continente africano, que se convirtió en trending topic en las redes sociales cuando se tomó la decisión de sacrificarlo con respaldo judicial y político, pero poco criterio sanitario o virológico.

En el aeropuerto de Río de Janeiro, mientras esperaba la conexión hacia São Paulo, compré Alabardas, alabardas, la novela inacabada e inédita hasta ahora de José Saramago. Se trata de menos de cincuenta páginas que esbozan perfectamente la idea que tenía el autor de describir un personaje (Artur Paz Semedo) que trabaja en una fábrica de armamento y vivía con una pacifista militante. Como muestran las pocas páginas de la historia, es un análisis de la responsabilidad ética de las personas con ellos mismos y con los demás, pequeños descuidos, leves brechas de indolencia que son las que acaban teniendo consecuencias.

En el aeropuerto de São Paulo, ya de vuelta a Río, encontré Da minha terra à Terra, una biografía del gran fotógrafo Sebastião Salgado que surge de sus conversaciones con Isabelle Francq; la frase con que empieza esta entrada, pertenece a él. Salgado tiene una obra esencialmente humana que hay que ver en gran formato y, si es posible, en una sala con poca iluminación para que nada distraiga la cascada de emociones que despierta cada una de sus imágenes. Una de las frases que marqué en este libro tiene que ver con la paciencia (que vale en el caso de las innovaciones terapéuticas) y también con la ética del mundo. En África, trabajando como economista tuvo la oportunidad de ver cómo era el mundo de verdad; explica:

(…) Lélia y yo constatamos que el mundo está dividido en dos partes: por un lado, la libertad para quienes lo tienen todo; por otro, la privación de todo para quienes no tienen nada. Y fue este mundo digno y privado de casi todo, el que decidí fotografiar para una sociedad europea suficientemente atenta para escuchar la llamada.

Cuando regresé a Barcelona dos semanas y más de veinte mil kilómetros después, Gregori Dolz de Editorial Alrevés, tras una agradable conversación me regala el ensayo de Alberto Domínguez Ciorán. Manual de antiayuda sobre la perspectiva de este pensador francés; la cita del frontispicio es de Houellebecq y empieza: “La sociedad en que vivimos quiere destruirnos“. Y decido dejar el libro para dentro de unos meses, cuando veamos hacia dónde va la epidemia de Ébola y cuando ya se hayan resuelto unas cuantas incompetencias políticas y bastantes… “embolsillamientos”. ¿Será que la RAE incluirá pronto esta palabra en su diccionario para designar a todos aquellos que distraen dinero que no es de todos para comprarse vinos, joyas, diversión e incluso miserables helados? Desafiemos el pesimismo de Ciorán por una vez y vamos a creer un poco en esa justicia natural que debería acabar imponiendo su ley frente a tanto podredumbre… ¡Llevemos una bolsa inmensa de colada sucia de la sociedad a alguna de esas hermosas lavanderías de Burdeos! A ver si somos capaces de evitar ese fin que había previsto Saramago para su novela inacabada que, en una nota en su ordenador, dejó escrito:

O livro terminará com um sonoro “Vai à merda”, proferido por ela. Um remate exemplar.

Enlaces de interés:
Sobre los excelentes poderes del radio

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