Quienes viajan a la Antártida, lo llaman greenout. Es el shock que padecen los expedicionaros cuando regresan a su casa y empiezan a ver hierba y árboles después de unos días en los que sólo se ve el blanco del suelo y el azul intenso del cielo austral.

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Estos días está aconteciendo algo especial. Un grupo de expedicionarios que embarcó hacia el Polo Sur a finales de diciembre de 2008, está a punto de lograr su meta. Son Jesús, Xavier, Eric y unos cuantos compañeros más que les brindan apoyo logístico.

Volaron desde España a Punta Arenas y, de allí, al continente helado, donde les esperaban 250 km en temperaturas extremas y condiciones climáticas difíciles. Uno de sus objetivos es recoger muestras para diversos proyectos científicos. Pero el principal objetivo es llegar -o intentarlo-, y para ello parten con desventaja: a parte de no contar con ayuda externa, esta es la primera expeición al Polo Sur llevada a cabo por personas con algún tipo de discapacidad.

Xavier perdió una pierna, Eric sólo conserva un 5% de la visión y a Jesús le falta una mano.

Su norte, pues, abarca mucho más que simplemente llegar al Polo Sur. Y quizás una de las cosas que nos demostrarán a todos es que, si los tres constituyen un verdadero equipo, muchas cosas que, a pimer vistazo parecen estar en las brumas lejanas del reino de la utopía, acaban luciendo con el brillo del mundo real.

Lástima que, demasiado a menudo, padecemos una especie de greenout: no recordamos -o no sabemos- que todos somos discapacitados en algo, y que sólo el “equipo” puede ayudarnos a avanzar por el camino del norte -esté donde esté, sea cual sea-. Hace falta el ejemplo de personas como los expedicionarios del Polo Sur Sin Límites para demostrárnoslo.

Enlaces de interés:
Polo Sur Sin Límites
PSSL: el blog (de Montse Gracía)
Núria Escur: No era imposible (La Vanguardia)