Historias de tiburones

En la playa del Cachorro, una hendidura estrecha en la roca conduce a una enorme galeria cavada por el mar. (…) Fue en esta caverna -dice la leyenda- que el capitán Kidd escondió el tesoro acumulado tras los asaltos a los galeones repletos de oro y piedras preciosas.

Las islas acostumbran a ser lugares propensos a las leyendas e historias más o menos truculentas; también son un escenario excelente para la novela negra. Fernando de Noronha, un archipiélago de origen volcánico situado a casi 400 kilómetros del extremo más oriental de Brasil (y, también del continente Americano), no se libra de ello y hay unos cuantos motivos que lo explican. De entrada, el paisaje, con una aguja vertical de 321 metros junto a la praia da Conceição, que el imaginario de los pescadores convirtió pronto en un gigante y numerosas brechas en las rocas basálticas donde la mente humana ha escondido supuestos tesoros fabulosos como el del capitán Kidd. Y, luego, el hecho de que la isla se convirtiese pronto en presidio para deportados de Portugal y de Brasil o fuese un punto estratégico durante la II Guerra Mundial, cuando molts militares norteamericanos tuvieron un destacamento. Por lo menos dos libros recogen decenas de estas leyendas: Lendas e fatos pitorescos de Marieta Borges Lins e Silva, de donde procede la cita con la que empieza esta entrada y Fernando de Noronha, de Ilha Maldita ao Paraíso, de Ely Pereira de Avila.

Conocía la existencia de Fernando de Noronha desde una de las primeras veces que visité Brasil, pero decidí viajar allí siguiendo un hilo de ideas que partió de la obra de Thomas More, puesto que aseguran que este pensador del siglo XVI se inspiró en la narración que Américo Vespucio hizo del descubrimiento de este archipiélago al escribir sobre su famosa isla, Utopía. Pero no es eso lo que quería comentar ahora, sino algo que me llamó la atención al ir hablando con varios isleños: la importancia de los tiburones.

En el Atlántico hay numerosas especies de tiburón, y en Fernando de Noronha predomina una, el tiburón limón (Carcharhinus acronotu). Estos escualos también están rodeados de numerosas anécdotas, se cobran varias víctimas cada año en todo el mundo y gozan de un cierto halo de ferocidad al que ha contribuido notablemente la industria cinematográfica. En Noronha, incluso existe un interesante Museu do tubarão y una de las conferencias semanales que organiza el Projeto Tamar la da precisamente Leonardo Veras, su director; en la isla, todo el mundo recomienda “la conferencia de los viernes”, y naturalmente, allí estaba a las ocho de la noche el viernes 1 de agosto. Una de las sorpresas agradables es que, precisamente aquél viernes, la conferencia era doble, la de Lorenzo Veras y, a continuación, la inesperada exposición de Chris Fischer, el director del Proyecto Ocearch que precisamente aquellos días estaba dando la vuelta al archipiélago con su barco para tratar de identificar y marcar tiburones adultos con el fin de poder rastrearlos y conocer mejor las rutas migratorias y las causas de la muerte prematura de algunos ejemplares. Pero tampoco quería hablar de esto, que dejaremos para otro día.

Lo que me llamó la atención en Fernando de Noronha es que todo el mundo con quien hablas tiene historias de tiburones para explicar y, tarde o temprano, todos acaban preguntándote si ya te has cruzado con un escualo, especialmente si te ven cargando unas gafas subacuáticas y unos pies de pato. Es el tema de conversación en la isla, igual como en otros lugares lo son las historias de una guerra pasada o anécdotas en la selva. Quien más me habló de tiburones fue Peixoto, la pareja de Venusa y dueña de la Pousada Alto Mar (muy recomendable, por cierto). Una noche que la pesca había ido bien y Peixoto llegó con un enorme dourado y una cavala que preparó a la brasa, envuelta en hoja de banano, empezó a explicar sus encuentros, primero con lo que llamó tiburones “normales” (o sea, ejemplares de tres metros de largo que se acercaban habitualmente a él durante sus expediciones submarinas). Ahora bien, su “capítulo estrella” era el encuentro con un tiburón un tanto especial. Al parecer, había salido con un par de visitantes para hacer buceo en profundidad; él bajó primero y, al darse cuenta de que los otros dos no lo seguían, miró hacia arriba y vio que allí estaban, descendiendo poco a poco. De pronto, se dio cuenta de que le hacían señas que no tenían nada que ver con las convenidas hasta que pensó que quizás le indicaban que mirase hacia el lado contrario y, cuando lo hizo, vio que un enorme tiburón-martillo se acercaba a él a toda velocidad; no acostumbra a llevar ni machete ni arpón, y de nada hubiera servido intentar huir, por lo que pensó lo peor hasta que, cuando el enorme animal estaba a un par de metros, recordó que tenía el respirador auxiliar, de modo que lo accionó dirigiendo las burbujas de oxígeno hacia el animal, que se asustó y cambió de rumbo.

Dos días después, escuché a Peixoto contar la misma historia a otros huéspedes de la pousada, y fue cuando pensé que, en una isla como Fernando de Noronha, las historias de toda la vida, que contaban los abuelos a los nietos cerca del fuego, son historias de tiburones y otros grandes animales, de temporales y olas gigantes. La mañana antes de tomar el avión de regreso al continente, bajé a la praia do Cachorro, justo al lado de esa brecha en las rocas donde supuestamente el capitán Kidd escondió su tesoro. Había visto el museo del tiburón, había estado en la playa del Buraco da Raquel donde se aparean los tiburones por la mañana junto a la costa y había estado en la conferencia sobre estos escualos, pero no me había encontrado ninguno. Esa mañana, me despedía de las aguas transparentes del archipiélago y, cuando regresaba hacia la costa, de pronto lo vi nadando tranquilamente. Me quedé quieto, como recomiendan; era pequeño y debía estar más asustado él que yo. Le tomé unas fotos y me quedé con la agradable satisfacción de pensar que si hay ejemplares jóvenes, eso significa que hay esperanza para una especie que, como explicó Chris Fisher, más que ser una amenaza para el hombre, es el hombre quien constituye una amenaza para su supervivencia.

Enlaces de interés:
Fernando de Noronha (wikipedia)
Sobre Utopía (wikipedia)
Ocearch – Expedition Brazil (July-2014) (youtube)

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Una respuesta a Historias de tiburones

  1. Ilda dice:

    Interessante a história e belas fotos.
    Realmente o Brasil tem lindos lugares, principalmente praias.

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