Novela negra

Cementerio de Carabanchel: ya da igual el nombre y la edad de la víctima: todas fueron idénticas en el miedo y en el frío: en la sorpresa de la muerte y en esa imposibilidad de sujetarse el alma con las manos: a Maximiliano Luminaria (cirujano) le dan una pena terrible aquellas vidas que se fueron antes de tiempo

No es extraño que haga referencia a alguna novela negra o que “negree” en este blog. Sicilia con Camilleri, Sudáfrica con Roger Smith, o Estonia con Sofi Oksanen, sólo por citar algunas. Normalmente coinciden con viajes a esos lugares, porque creo que la novela negra, por su fondo, su forma y sus reglas, a pesar de la ficción, permite dibujar la sociedad de un modo mucho más real que otro tipo de literatura. La novela negra puede llegar a ser como leer unos cuantos periódicos locales, con un hilo conductor que te hace pasar páginas; ese es el poder de una buena historia. Lógicamente, tiene sus arquetipos y requiere los artilugios narrativos que utiliza la literatura para mantener vivas las ganas de seguir avanzando, pero una buena historia y un personaje memorable, logran hacerte ver un lugar de una forma distinta y original, conociendo tanto lo evidente que suele mostrarse al forastero, como sus sombras.

Leí sobre Carabanchel sin tener previamente ninguna intención de ir a ese barrio de Madrid. Leí esta historia sin haberme planteado leerla ni habérmela comprado. Tampoco es que fuese a una librería a buscar otra novela y, al ver esa atractiva portada, decidiese comprarla. Me llegó de un modo distinto (que es como llegan los grandes libros). Siguiendo a @GregoriEditor en Twitter, tropecé con algunos mensajes que no comprendía. Tenían en común el hashtag #muelle14 y eran algo intrigantes. Por ejemplo:

@GregoriEditor 27 marzo: Alibiworld la tela de araña, la cortina de humo, el tinglado, la tapadera el laberinto ciego: mentimos para tu bienestar.

y este:

@abrirunlibro 4 abr: @dsdmona @2davidgomez No son comparables. Nunca creí que me gustaría un libro donde se pasa las reglas gramaticales por el forro. #muelle14″

o este:

Gregori Dolz ‏@GregoriEditor 4 abr: Mendoza dice #muelle14 Un relato perturbador y fascinante, patibulario y divertido. Una voz distinta y tenebrosa en la novela negra española

De modo que escribí a Gregori Dolz de Editorial Alrevés y media hora después tenía en mi bandeja de correo un manuscrito titulado Te quiero porque me das de comer escrito por David Llorente. Los papeles durmieron unas horas en mi coche hasta que, para hacer tiempo mientras esperaba, empecé a leer (con cierto escepticismo inicial, tengo que reconocerlo).

¡No se os ocurra empezar este libro, por favor! Creedme. Y si empezáis, aseguráos que tenéis cinco o seis horas por delante, porque esa historia es como cuando a uno se le pega un papel de caramelo en los dedos, que no te puedes desprender de él. Y, claro, en este caso, más allá de las palabras y la genial manera de juntarlas, están las almas, los personajes, de modo que además de los dedos, te queda el cerebro enganchado. Salen tipos como uno al que el autor llama Max Luminaria, que mejor ni os acerquéis a él, porque empezará a pasearse por las neuronas y se os aparecerá en cualquier momento. Recordaréis esta novela incluso cuando por la mañana saqueis una moneda para pagar el café en el bar de la esquina.

Queda hecho el aviso. No compréis Te quiero porque me das de comer de David Llorente, porque es tan buena como uno de esos retratos hiperrealistas de Colin Chillag que sorprenden por su un perfección, por la osadía de romper moldes, por su grandeza. Pero si tenéis curiosidad, que es ese motivador interno que nos atosiga desde niños y que no debería apagarse nunca, podéis pinchar aquí o pedirla a vuestro librero negroycriminal de cabecera.

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Una respuesta a Novela negra

  1. David Llorente dice:

    Hola.
    Muchas gracias por el comentario.

    Lo cierto es que yo también me pregunté si debía empezar a escribir una novela así. Después, una vez comenzada, me pasó lo mismo que (dices tú) le puede pasar al lector: no pude dejarla. No descansé de ella ni un solo día. Y su poder obsesionante me alejaba de todo lo demás.
    Ahora me doy cuenta (por reseñas como la tuya) que el trabajo mereció la pena.

    David

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