Azufre

No te creas que todos tienen las manos limpias, tal como juran y perjuran. No hay dios, ni en Vigata ni en ninguna parte que no corte el azufre de segunda con azufre de tercera e, incluso, de cuarta. Si tienes veinte mil cahízes en el almacén y eres experto, y te sabes espabilar y los cortas bies, estos veinte mil se convierten en quarenta mil y los podrás revender como te parezca. Pero sigue siendo azufre, más ordinario, claro, pero todavía es azufre y tiene un precio. Un día de estos me acordé de la tierra amarilla de Termini Imerese. ¿Sabes cuál es? Fui expresamente allí, la miré y la volví a mirar; incluso me la pise en la boca. no lo diría ni dios: realmente es tierra, pero igualita al azufre, por su color, por su olor… todo. Puedes pedir que te traigan un par de vagones por cuatro perras. Sólo necesitas un buen químico, uno que sepa revolver, que sepa hacer las partes justas y haga una mezcla que no se vea.

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Aunque al prolífico Andrea Camilleri se le conoce mucho por la serie de libros que tienen como protagonista al comisario Montalbano, es autor de muchas otras novelas y relatos; de las que he leído, me gustan especialmente La concesión del teléfono y Un hilo de humo, dos historias cargadas de ironía en las que el autor utiliza el bisturí de las palabras para diseccionar la sociedad con la precisión de un cirujano. Su Vigata literaria es una ciudad de familias enfrentadas, familias con envidias, familias con venganzas pendientes que pasan de generación en generación. Personajes que maquinan, que traman, que urden. En su Vigata viven curas y criadas, ricos dueños de negocios a quienes respetan por temor a la venganza, mozos, hijos de ricos, alcaldes corruptos, alguna puta, las mujeres que están en su casa preparando la comida, y problemas irresolubles que son el hilo del relato. Problemas enormes, a veces.

En Un hilo de humo, Salvattore Barbabianca es un empresario del negocio del azufre que se ha hecho rico a costa de robar a media ciudad. Un buen día recibe la noticia de que un carguero ruso está en camino de Vigata para llenar la bodega de cahizes de azufre que ya le han pagado; sin embargo, el almacén de Barbabianca está vacío porque vendió el mismo azufre a otros compradores. Ante el pánico de la llegada del buque, empieza a llamar a todas las puertas de los comerciantes de azufre a quienes se ha pasado años menospreciando y engañando. Éstos, entendiendo que puede ser el anhelado fin del clan de los Barbabianca, se niegan a echarle una mano y, al pasar las horas, su alegría interior va aumentando hasta que (…)

El fragmento con el que he empezado esta entrada corresponde a uno de los primeros párrafos del libro. Lo tengo marcado porque, aunque la historia sucede a finales del siglo XIX y la novela fue escrita en 1980, es imposible no pensar en muchos de los acontecimientos de la historia reciente.

¡Demasiados!

Medicamentos que no tienen la eficacia que se afirma, alimentos adulterados y abuso de transgénicos sin declarar, inseguridad viaria por uso de materiales defectuosos, falta de indemnizaciones por accidentes o indemnizaciones misérrimas, precariedad laboral… y unos pocos que no dejan de llenarse los bolsillos cortando el azufre . Los Barbabianca de Vigata, para entendernos.

Gracias al agitador cultural Alfredo Llopico (su excelente blog aquí), siempre atento a los latidos del mundo del arte, he conocido a Isaac Cordal. Vale la pena echar un vistazo a sus montajes y la angustia que dejan esos señores liliputienses frente a la hostilidad del cemento.

Abajo, un vídeo de su instalación Follow the leaders. ¿Seguro que lo mejor es seguirlos? ¿O quizás sería mejor que empezásemos por ver quienes son líderes, por qué se les considera así y qué méritos objetivos ostentan?

Follow the leaders from Isaac Cordal on Vimeo.

Enlaces de interés:
Las minas de azufre de Sicilia
Andrea Camilleri (El País, 2008)
Isaac Cordal (página web)

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Una respuesta a Azufre

  1. Pingback: Novela negra | albert figueras

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