Entonces, querido Lucilio, procura hacer lo que me escribes: aprovecha todas las horas; dependerás menos del mañana, si te lanzas al presente. Mientras aplazamos algo, la vida se va. Todo, Lucilio, nos es ajeno; sólo el tiempo es nuestro.

Livraria Cultura-1

En los últimos años, la librería Cultura de la suntuosa avenida Paulista de São Paulo ha pasado de refugio de horas muertas en la megápolis a una cita casi obligada cada vez que viajo a esta ciudad. En la librería Cultura he conocido y he profundizado en las obras de Rubem Fonseca, Patrícia Melo, Machado de Assís, Jorge Amado, Jose Saramago en su lengua original, además de procurarme algunas buenas traducciones de Auster o de Philip Roth publicadas sobre todo en la Compañía das Letras. !Cuántos instantes rescatados del saco del olvido, del saco del tedio!

Esta librería ocupaba varios locales en las galerías del llamado Conjunto Nacional. Era posible encontrar cualquier libro publicado en el país aunque, para ello, tenías que recorrer metros y metros de estanterías en estrechos pasillos. Demasiados libros, muchos clientes y ojeadores, y poco espacio.

El lunes al mediodía tuve una grata sorpresa al entrar en la nueva Cultura. Si antes de la reforma ya era una librería emblemática, ahora es una referencia obligada, como la Sophos de Guatemala, El Ateneo de Buenos Aires o, en dimensiones mucho más reducidas, la 22 de Girona, Robafaves de Mataró o La Central de Barcelona.

Quizás lo más impresionante es el espacio y la disposición de las estanterías. Diría que uno entra en la Cultura como quien se pasea por un bello jardín cualquier tarde de primavera, viendo los colores y las formas de las flores, oliendo la sucesión de fragancias y sentándose en un banco siendo dueño del tiempo, como recomendaba Séneca en la primera carta a Lucilio.

A la una del mediodía hay quien aprovecha un rato de la hora del almuerzo para sentarse en cualquier rincón de la nueva librería Cultura para leer tres páginas del primer libro que se le antoja. ¡Qué delicia!