Cuando me invitan a una conferencia intento no ir dando lecciones ni moralinas, sino poder aportar mi testimonio, simple y llanamente, para que, en todo caso, quién escuche pueda darse cuenta de que siendo totalmente normal, sin virtudes especiales ni extraordinarias, sin llevar hábitos ni tener conexiones extrasensoriales, se puede contribuir a mejorar el mundo.
La reedición de un libro es siempre una buena noticia. Sonrisas de Bombay de Jaume Sanllorente va, ya, por la 10ª edición. Tuve la suerte de que en 2008 Jordi Nadal me pidió que lo tradujera -una de las maneras más apasionadas de entrar en un buen libro, porque si quieres hacer una buena traducción, eso te obliga a degustar las palabras en el idioma original y rebuscar las palabras que más se le parecen en el idioma al que traduces.
Con motivo de la 10ª edición, Jaume ha añadido un capítulo y ha cambiado algunas fotografías. Además, Àlex Rovira ha añadido un prólogo bellísimo.
Me quedé con la frase de Jaume que he escrito más arriba. porque desmonta muchos tópicos y acerca al día a día de ir-haciendo, sin estridencias, sin cierto tinte histriónico común en algunas de las acciones que el Norte hace en el Sur.
Casualmente, en esos días di una vuelta por la Fageda de’n Jordà en Girona y aproveché para volver a visitar la Cooperativa La Fageda, una iniciativa solidaria que empezó hace 25 años, cuando Cristóbal Colón, pensó que había que hacer alguna cosa para dar trabajo y la oportunidad de realizarse a un grupo de personas con discapacidades psíquicas i enfermedades mentales. Hoy, a parte de cumplir sus objetivos, la Cooperativa produce una deliciosa línea de productos lácteos.
La normalidad es ese punto de discreción tan deseable a la hora de hacer cosas, de construir. Cuando uno se aleja de la “normalidad”, suele aparecer la vanidad -y eso constituye una rémora.
Enlaces de interés:
Sonrisas de Bombay – 10a edición
Cooperativa La Fageda
