¿Dónde estamos? -le pregunté.
En Matunga, señor. Todo esto que ve aquí es Dharavi, una zona de slums.
Hace un par de años tuve el honor de traducir el libro Sonrisas de Bombay de Jaume Sanllorente, en el que explica el gran trabajo que su organización está llevando a cabo para lograr la escolarización digna de muchos niños indios.
Cuando puedes traducir un buen libro y el editor te deja tiempo suficiente para hacerlo, ese trabajo se convierte en un placer que, a parte de permitirte jugar con las palabras y hacer y deshacer las frases, te pone dentro de una historia y te hace convivir con ella durante algunas semanas. Así conocí qué significa vivir para varios millones de niños y niñas que se pasean por los inmensos vertederos de la ciudad, que escapan de las mafias y de las redes que manejan la prostitución.
El otro día fui a ver la película dirigida por Danny Boyle Slumdog millionaire, que explica la historia de Jamal Malik y cómo ese niño salido de los slums de Bombay, llega a ganar la versión india del concurso: ¿Quiere ser millonario?. Independientemente de si esta noche gana muchos Oscar o no, y más allá del tinte hollywoodiense, la película me pareció interesante por tres motivos:
(1) Denuncia cómo operan algunos grupos organizados en ese país que se enriquecen a costa de esos niños y la lástima que logran despertar en los demás.
(2) Es una metáfora llevada al extremo de que, en realidad, cada momento de la vida puede ser clave para dar respuesta o para actuar en el futuro, en el sentido que de todo aprendemos -cuando estamos abiertos a prender, claro-.
Y (3) el hilo narrativo, la manera original que encuentra Vikas Swarup (autor del libro Q & A en el que se basa el filme) para explicar la historia y desenmarañar el ovillo. Jamal llega convertirse en un personaje entrañable -viéndolo, pensé en varias ocasiones en aquél Mr Chance de Peter Sellers, las personas-espejo.
El Tráiler de Slumdog millionaire:
Enlaces de interés:
Sonrisas de Bombay – Jaume Sanllorente
Sonrisas de Bombay – la ONG
