Leo en la prensa que hay conflictos entre las estatuas de la Rambla de Barcelona; entre los profesionales que hacen de estatuas humanas y posan disfrazados para las cámaras de los turistas a cambio de algunas monedas. Al parecer, bajaron de sus pedestales y se acusan de acoso y extorsión.
El movimiento “slow” en tiempos de vértigo parece la respuesta lógica para evitar seguir ascendiendo en la espiral sin fin que sólo es la pista de despegue hacia la irracionalidad. Alguien que prmanece inmóvil frente a un río de caminantes. Alguien que decide no engullir los alimentos para volver a saborearlos. Alguien que decide tomarse diez minutos para pensar antes de tomar una decisión -no por miedo a equivocarse, sino para poder aclarar qué es lo que en realidad desea.
Paradojas: un amigo me llama estresado porque los martes está haciendo un curso anti-estrés y los jueves y los sábados acude a un centro anti-estrés, pero no sabe cómo hacer para seguir las recomendaciones que le dan uno y otro.
En estas reflexiones sobre cómo usamos el tiempo, Cati Milone me pasa un enlace con las magníficas fotografías de Yann Arthus-Bertrand que muestran el mundo en picado, un punto de vista diferente que ayuda a relativizar cómo creemos que son las cosas desde nuestra perspectiva habitual, situada entre uno y dos metros del suelo.
La fotografía permite congelar un instante y contemplarlo. De algún modo, da tiempo al tiempo (aunque sea a costa de unos minutos del observador, que indudablemente sale enriquecido de la experiencia). Sino, tómense diez minutos para entrar en la página del fotógrafo Gregory Colbert y déjese mecer por la acronía -que no exanimia- de sus imágenes correspondientes a la exposición Ashes and snow.
Cuando el trabajo aprieta y los plazos se acercan vertiginosamente, suelo abrir el cajón para mirar la postal del elefante pacíficamente sentado junto al niño que lee, que me regaló hace unos meses José María del Valle. Aprender a dilatar el tiempo, igual como saben hacer algunos cantantes con su voz.
Hay una característica del comportamiento de los primates que forma parte de ese paquete de conocimientos básicos que nos llega durante la infancia en una mezcla de tradiciones, cultura popular y sabiduría de bolsillo: los monos son animales que imitan.
Cuenta la historia que durante el período de descanso del mediodía, el neurofisiólogo Vittorio Gallese estaba en el laboratorio donde llevaba a cabo algunos experimentos para conocer mejor un área del cerebro de los macacos; uno de los animales estaba sentado en un taburete detrás de él, y todavía tenía implantados unos electrodos que registraban mediante un ‘clic’ cada vez que se activaba un grupo de neuronas encargadas de iniciar el movimiento para asir algún objeto. De repente, al investigador le cayó algo al suelo y, al ir a recogerlo, escuchó el ‘clic’ procedente del electrodo del animal: el macaco activó las neuronas como si él mismo tuviera la intención de recoger algo del suelo, aunque no se movió.
Así se llegó a un importante descubrimiento sobre las neuronas y su funcionamiento, que ha permitido conocer con mayor profundidad aspectos como por qué sentimos empatía o la relación que existe entre la percepción y la acción. Se trata de las neurona espejo ubicadas en la llamada área de Brocca.
La existencia de la imitación estimulada por la visión de una conducta determinada en un par, mediada por este tipo de neuronas, permite explicar algunas conductas. Por ejemplo, por qué a menudo intentamos convencer a los niños de que no hagan algo (aunque nosotros sí lo estemos haciendo continuamente) y, naturalmente, los niños ignoran nuestras palabras, porque en realidad no siguen órdenes, sino que imitan conductas. Parece más eficaz el haz lo que hago que el haz lo que digo.
Marco Iacoboni acaba de publicar Mirroring people, un buen libro sobre las neuronas espejo y el amplio campo de investigación que se ha abierto entorno a ellas.
Quizás uno de los temas más interesantes es la relación de estas neuronas con la empatía. Al presenciar una conducta o una emoción en otra persona, tenemos la capacidad para sentir algo parecido y, por tanto, comprendemos cómo se siente el otro. Uno de los ejemplos para explicar la empatía es el efecto que produjo sobre los espectadores observar el cabezazo en el estómago que el jugador Zidane propinó a un jugador rival en alguna final de fútbol y la expresión de dolor de quien recibió el golpe. La publicidad directa o indirecta, usa y abusa de las neuronas espejo, y en ellas radica la eficacia de una buena campaña promocional.
En relación con uno y los demás, Maria me muestra un vídeo que unos compañeros de su clase realizaron el año pasado para la asignatura de filosofía. Me pareció una buena reflexión sobre uno y los demás, sobre imitación de conductas y sobre cómo los demás modelan nuestra manera de ser. Los autores son: Xavier Armiñana, Ervin Nana, Jan Bosch y Miquel Coll.
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