Octubre 2008


Por culpa del tráfico aéreo y los pasajes disponibles, llego a Panamá dos días antes de lo que tenía previsto; de golpe, la levadura de Cronos permite que mi tiempo se hinche como un pan sabroso, crujiente y recién horneado.

esclusa Miraflores

En la maleta, traje unos cuantos temas que hacía tiempo que estaban en la bandeja de asuntos pendientes, con la idea de pasar el fin de semana en la amplia habitación del hotel donde me alojo, frente a una ventana de seis metros cuadrados de cristal y a poca distancia de la esclusa Miraflores, en la entrada del canal por el océano Pacífico. A menudo, algunos eventos organizados por instituciones internacionales conllevan estos excesos.

Saco unas cuantas fotografías a lo largo del día; la actividad en la esclusa del canal es un ejemplo muy bueno para hablar a los estudiantes sobre los canales que hay en las membranas celulares y que permiten el intercambio de iones, de neurotransmisores y de fármacos.

También es una buena imagen de los movimientos sociales, de las tendencias, del control de unos sobre otros, de las influencias y el ejercicio del poder. El mismo hotel donde estoy alojado está en la antigua base militar norteamericana Clayton, una zona que, tras la devolución del canal a Panamá, se reconvirtió en la Ciudad del Saber, un nombre que uno no sabe si es irónico o si simplemente, expresa la voluntad de dejar atrás tiempos pasados.

Tengo sobre la mesa varios recortes de distintos periódicos que me dieron ayer en el avión. En todos sale el mismo personaje con titulares semejantes:

error

Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos desde 1987 hasta 2006, el mayor defensor de la idea que el mercado se podía autoregular por sí solo, reconoció públicamente su error esta semana: “Estoy conmocionado por el tsunami en el sistema de créditos que está causando”.

Los errores son una buena manera de aprender. Analizar el error permite responder a él modificando la trayectoria con la sabiduría adquirida. Sin embargo, ¿qué sucede cuando el error tiene consecuencias que van mucho más allá de uno mismo?

Tal como describe el excelente libro Sway, al que me he referido últimamente en un par de ocasiones, el análisis de las causas de los errores y de las conductas irracionales que conducen a ellos, es un campo apasionante de la conducta humana. Uno de los temas pendientes que me he traído hasta aquí es, precisamente, cómo se puede estudiar una conducta irracional en la prescripción y uso de medicamentos, lo que podríamos denominar la prescripción emocional. Más allá del conocimiento técnico o científico que uno pueda tener, la aversión al fracaso, el valor atribuido y las etiquetas juegan un papel esencial en la decisión, a veces absurda, de recetar un medicamento y no otro.

El hombre suele recoger del bosque
troncos caídos con la tempestad.
Va apilando la leña tras la casa.
De cada uno sabe
qué lo hizo caer, dónde lo recogió.
En las noches más frías, contemplando las llamas,
va quemando los restos de lo que ama.

peixera seca

Triste poema de Joan Margarit incluido en Casa de misericordia. Me viene a la cabeza entre dos lecturas distintas, pero, en el fondo, unidas por la materia prima, la tramoya.

Sway es un buen libro de Ori y Rom Brafman. El subtítulo es algo más explicativo: El irresistible imán de la conducta irracional. Hurga en conductas aparentemente irracionales que han desembocado en errores de consecuencias a veces trágicas. Busca las causas que llevan a profesionales perfectamente capacitados, que conocen las normas y la manera de hacer de las cosas, y que las han repetido con éxito centenares de veces, a cometer un error. Explica, entre otras cosas, cómo en el momento en que etiquetamos a una persona o una situación, es como si nos pusiéramos unas ojeras que nos impiden ver y valorar todas las pruebas que contradicen la primera impresión que nos llevó a esa etiqueta o a ese diagnóstico.

Las emociones y la percepción, tienen mucho que ver con ello. Vale la pena leer la extraordinaria entrevista de Juan Cruz al escritor francés Christian Salmon sobre la sociedad de la mentira, en ocasión de su reciente libro: Storytelling, la máquina de fabricar historias y formatear mentes. El autor se refiere al uso y abuso de la respuesta emocional del ser humano, y cómo se utiliza este conocimiento para que la sociedad no trate de soplar el polvo que hay sobre las postales que les mandan los políticos y las empresas para encontrar la realidad –o, como mínimo, algo que se pueda acercar más a la realidad. En opinión de Salmon, esa eficaz careta emocional es la que permite las grandes mentiras.

Quizás alguna de ellas (o una tras otra), nos han llevado hasta la actual situación de crisis. Una vez más, conocer los mecanismos de respuesta de nuestro cerebro puede ser un buen antídoto frente a respuestas automáticas, sobre todo, cuando estas respuestas son, en realidad, algo bien estudiado en el despacho de una empresa de márketing o en una sala de reuniones donde unos expertos piensan cómo hacer actuar a un político para que logre los vosots de un sector de la población o de otro. De la seducción propia de la comunicación al engaño hay una delgada frontera.

Enlaces de interés:
Sway – el libro y algunos videos
Entrevista a Christian Salmon: Vivimos en la gran mentira – El País

Que año tan sin criterio,
ese del setenta y tres.
Llevó para el cementerio,
a tres Pablos de una vez.

Tres Pablotes, no Pablitos,
en tiempo y en espacio,
Pablos de muchos caminos:
Neruda, Casals, Picasso…

DSC02661

Aurelio Martins nos recuerda este homenaje del maestro Vinícius de Morães a los tres Pablos en una cena entrañable a base de bacalhau en su casa junto con Aurora, Jordi, María, Gerardo y Thaïs, y sirve de excusa para conversar sobre los espacios de reflexión, la memoria y la velocidad.

La liquidez de la existencia, como diría el pensador polaco Zygmunt Bauman.

Encuentro un ejemplo en la revista Seed, donde Greg Downey comenta aquella fotografía de una tribu de los confines de la Amazonia brasileña que recibió con arcos y flechas la visita de una avioneta sobre sus chozas que en mayo dio la vuelta al mundo acompañada de titulares más o menos elocuentes sobre el hehco de ser una tribu desconocida, su falta de contacto con el mundo, o aspectos de raíz más literaria y romántica como su hostilidad frente al hombre blanco. Ha salido a la luz que el autor de las fotografías había estado “siguiendo” a esta tribu desde hacía años, y que era una tribu conocida por lo menos desde 1910, en la época dorada de la explotación del caucho.

La vida líquida, la sociedad líquida, la prensa líquida que funciona a base de titulares, de píldoras de conocimiento a dosis homeopáticas, mínimas, para lograr la máxima difusión e impacto en el mínomo tiempo posible. Como dice Valentín Fuster, hay que reivindicar ese espacio de reflexión diario para valorar las prioridades de cada uno.

Enlaces de interés:
Audio: Tarde em Itapoá
Seed y la tribu desconocida