Septiembre 2008


Yo he tenido ocasión de ser médico de gente que la sociedad ha definido como personas triunfadoras, de éxito (…) gente que se han sentido poderosos e influyentes, pero un buen día han caído enfermos repentinamente. Un súbito e inesperado infarto de miocardio. Entonces, cuando empiezas a dialogar con este tipo de pacientes, descubres que, en general, es la primera vez que su ego se encuentra vulnerable.

DSC02560

En un viaje corto e intenso a Madrid, leí un libro que contiene la sabiduría del cardiólogo Valentín Fuster y el economista y novelista José Luis Sampedro en un diálogo memorable que titularon La ciencia y la vida.

Lo que me sorprendió fue cómo ambos llegan a conclusiones parecidas partiendo desde puntos prácticamente opuestos: por un lado, el análisis macro de la sociedad, sus cifras, sus intereses y sus deficiencias; por el otro, el análisis micro a partir de la irrigación del tejido cardíaco.

El viernes tuve la oportunidad de escuchar a Valentí Fuster en una conferencia que pronunció en Madrid. En esencia, a parte de abandonar los hábitos de riesgo para la enfermedad cardiovascular, su propuesta se limita a conquistar unos minutos diarios para reflexionar, sin hacer nada, descubrir el talento de cada uno, tratar de buscar el lado positivo y cuidar a la juventud, que representan el futuro de la humanidad.

De regreso leo en La Contra una entrevista a Francesc Galmés, jefe de protocolo que se jubila. Conversando sobre las relaciones con los demás, dice: “Cuando vas a una reunión pensando que el otro tiene algo de razón, vas bien”. Quizás parte de estas personas triunfadoras a las que se refiere Fuster no necesitarían tener un infarto si se hubieran tomado un tiempo diario para pensar como quien se cepilla los dientes después de comer y si acudieran a sus reuniones pensando que no existe la razón absoluta.

Enlaces de interés:
Página personal de José Luis Sampedro – La ciencia y la vida
Entrevista a Francesc Galmés

‘La marquesa salió a las cinco’, pensó Carlos López. ‘¿Dónde diablos he leído eso?’
Era en el London de Perú y Avenida; eran las cinco y diez. ¿La marquesa salió a las cinco? López movió la cabeza para desechar el recuerdo incompleto, y probó su Quilmes Cristal. No estaba bastante fría.

DSC02475

Tenía diez horas por delante en Buenos Aires, y había olvidado el teléfono de Cristina dentro de la maleta, en la consigna. Me di cuenta tarde, cuando ya estaba en la plaza de Mayo haciendo algo que me encanta: recorrer de nuevo las calles de una ciudad para remover recuerdos y añadirles la novedad, los cambios, la evolución, nuevos colores y música distinta.

Hacía frío y decidí entrar en el London. Otras veces iba al Tortoni, pero esta vez me apetecía probar el London, en la esquina de Florida. Dicen que Cortázar escribió aquí su novela Los Premios, y esta historia empieza precisamente en una mesa del London, desde donde dos personajes observan a los transeúntes.

Miro a los transeúntes, pero también leo El traductor, un libro conmovedor en el que Daoud Hari explica su visión del sangrante conflicto de Darfur.

En la Avenida, una protesta. Jóvenes encapuchados armados con palos cierran filas detrás de un grupo de unas doscientas personas con banderas. Realidad, crónicas, ficción, personas y personajes. Poco más allá, el Obelisco sigue en su sitio, reflejándose en todas partes. Quién sabe los cronopios que alberga en su interior.

DSC02437

Terminé sentado en uno de los cafés Havanna de la Avenida 9 de Julio. Lo que me contaba Daoud Hari tenía poco de ficción. Dice:

Tú eres un hombre moderno y piensas que tu brújula y tu GPS te protegerán de los problemas. Pero las pilas de tu GPS se agotarán ola arena lo estropeará. Es posible que tu brújula se rompa o que la pierdas, una mañana, mientras tratas de recoger tus cosas de dormir, en medio de una fuerte tormenta de arena. Así que necesitarás conocer los sistemas que han funcionado durante miles de años.

Cortázar en la Nueve

Me di cuenta de que esta frase trascendía la cruda narración del genocidio de Darfur. Confiamos demasiado en las cosas externas y eso lleva a olvidar lo esencial.