Según la profecía, sería el Pueblo del Centro (América Central) quien facilitaría el movimiento de energía desde el sur (el Pueblo del Cóndor) hasta el norte (el Pueblo del Águila), de modo que los dos grupos, norte y sur, volverían a juntarse.
Antes de ir a Guatemala, encuentro el libro La voz de las trece abuelas de Carol Schaefer (Ed. Luciérnaga, Barcelona, 2008). El subtítulo, aunque algo ampuloso, me decide a comprarlo: “Ancianas indígenas aconsejan al mundo”.
Flordemayo, es una sanadora nacida en la frontera entre Nicaragua y Honduras; su voz, como la de otras abuelas, habla de la profecía del Cóndor y el Águila: el pueblo del Águila representa el cerebro, la mente racional y los mundos materiales; el pueblo del Cóndor, el corazón, la intuición y el misticismo. Según la profecía, en el siglo XV los dos caminos convergirían y el águila llevaría el cóndor casi a la extinción, pero 500 años después el cóndor y el águila se reunirían de nuevo, y tendrían la oportunidad de volver a volar juntos.
Y hablando de fechas, de apocalipsis y de paraisos, en tierras mayas es imposible dejar de pensar en el 2012, la fecha en la que, aseguran, se cerrará el ciclo actual para dar lugar a la nueva era.
En las calles de Cuilapa, donde vamos a visitar el hospital y algunos puestos de salud, veo la Funeraria El Paraíso. Poco más allá, según me explica José María del Valle, la NASA determinó que se encontraba el punto central del continente americano. Tierras mayas de colores vivos y humo perfumado; también tierras donde, todavía, los homicidios son la tercera causa de muerte.
P.S.- Leo en La Vanguardia digital un artículo de Xavi Ayén publicado el sábado 26 de julio donde explica que el Consejo Internacional de las Ancianas Indígenas se reune en Barcelona estos días.
Cálculos moderados hacen ascender a más de 2.000 personas, entre hombres, mujeres y niños, los que murieron de manera sublime.
Fernando Ruiz Balbuena me dice que, si quiero ver algo realmente espectacular de Chiapas, tengo que visitar el Sumidero, el cañón del río Grijalva que llega de Guatemala y, ochocientos kilómetros después, desemboca en el Pacífico tras cruzar el estado.
Allá nos dirigimos esta mañana. En Chiapa del Corzo alquilamos los servicios de una lancha fuera borda de motor potente con la que recorremos más de 40 kilómetros río abajo, por un inmenso cañón con paredes verticales -dicen que de casi mil metros-, que surgen entre la espesa vegetación de la selva. Una falla, fruto de algún violent retortijón sísmico causó la herida.
Tierra de refriegas y muerte. Hace pocos años, la revuelta zapatista contra el gobierno federal dejó atrás cadáveres por ambas partes que, según cuenta la gente del lugar, ni siquiera llegaron a ser noticia en ningún periódico. En 1527, otra mortandad, ésta registrada en los documentos históricos: Cortés mandó a Diego de Mazariegos a conquistar las tierras de los Chiapanecas, al sur del viejo Tenochtilán (el actual México DF), y combatió a los indígenas cerca de Chiapa del Corzo. Sigue la crónica recogida por Hernán Nandayapa en Chiapas y su decisión histórica:
Atacaron los españoles con ímpetu y los indígenas resistieron con firmeza; tuvieron que replegarse hasta la margen del río, donde se hicieron fuertes aprovechando los abruptos del terreno, pues ahí el río Grijalva se precipita por un cañón formado por acantilados de más de 500 metros de altura. Con el río a sus espaldas, y al frente del enemigo, los guerreros Chiapanecas pelearon varios días y, cuando ya no fue posible resistir más, antes de quedar cautivos del conquistador, prefirieron precipitarse desde aquellos agrestes y gigantescos peñones (…) Y no solamente los hombres se precipitaron, sino también las mujeres, quienes primero empujaron a sus hijos mayorcitos y después se lanzaron ellas abrazando a los que lactaban.
A pocos kilómetros del lugar, San Cristóbal de las Casas sobrevive como destino turístico muy concurrido, con sus calles empedradas y sus casas de estilo colonial con grandes ventanales, y patios frescos llenos de vegetación, entre los muros de iglesias de La Compañía y de Santo Domingo –tan habituales en las ciudades de la colonia–. Aquí la confrontación entre lo local y lo de más allá es más ideológica: McDonnals, Burger King o las sucursales del BBVA y del Holiday Inn se ven obligadas a dejar de lado el attrezzo distintivo de sus franquicias y tienen que contentarse con un modesto rótulo apenas visible.
Con toda seguridad debido a un descuido banal, el abajo firmante no ha recibido ninguna respuesta de la oficina que tan ecuanimemente Su Excelencia Ilustrísima preside, y por este motivo se encuentra en la absoluta necesidad de tener que renovar humildemente la petición.
En La concesión del teléfono, Andrea Camilleri retrata un tema tan universal como es la telaraña de los trámites burocráticos a partir de las pericpecias de Filippo Genuardi en la Sicilia del siglo XIX, cuando este ciudadano decide dirigirse a la Prefectura de Montelusa para saber qué debe hacer para obtener una línea telefónica.
En varias ocasiones he tenido que acompañar a personas extranjeras que visitaban nuestro departamento para realizar trámites en la ciudad; aprovechando las tediosas esperas para observar, cierta mañana llegué a la conclusión que, en algunos casos, parece que el objetivo sea suministrar la “mínima unidad de información” posible para responder exactamente la pregunta formulada. Según este planteamiento, la información se va ampliando progresivamente en la medida en la que el afectado regresa de nuevo a la persona del mostrador con un problema que se habría podido solucionar de una sola vez si la información inicial hubiera sido algo más explícita, contemplando lo que queda más allá del interrogante planteado, esa neblinosa tierra de nadie que, cuando ves que se pierden en ella diez personas seguidas, suele ser un indicador claro de que la explicación no ha sido suficientemente clara o completa.
Estos días trataba de mandar un mensaje a un cargo de una organización internacional con quien me he carteado en diversas ocasiones. Sin embargo, esta vez los mensajes volvían a mi buzón de entrada con el fatídico Undelivered Mail Returned to Sender.
Hoy me he acordado de que, tiempo atrás, coordiné varios asuntos con la que ahora es ex-asistente de esta persona, y he decidido explicarle la situación. Cinco minutos más tarde me ha respondido informándome, no sólo de la nueva dirección de correo electrónico de su antiguo jefe sino que, además, me ha comentado que ella misma le acababa de remitir mi mensaje, para ganar tiempo.
Cuando la he escrito para agradecerle la eficiente gestión, me ha respondido una de aquellas frases que parecen la filosofía sencilla sacada del terruño, fruto de la experiencia acumulada durante generaciones; seguro que, en algunos lugares, forma parte de los memes que nos transmitimos los unos a los otros. Me dijo: There are always ways of getting through !!!, o sea, que siempre existe alguna manera de conseguirlo. Positivo, sencillo y, sobre todo, resolutivo. Thank you, Ann!
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