Diciembre 2007
Archivo mensual
Mar 25 Dic 2007
En el hermoso poema visual El bosque de luto, la película de la jovencísima Naomi Kawase, unos ancianos que viven en una residencia le preguntan al Maestro qué es vivir, y el Maestro responde:
Vivir… Vivir es comer arroz y condimentos… y tambíén es sentirse vivo

Si damos un paso atrás para contemplar al ser humano más allá de él y de su círculo más inmediato (que contribuye indudablemente a hacerle sentirse vivo), si incluimos el círculo de la sociedad, quizás deberíamos añadir: “vivir es, también, que te permitan hacerlo”.
La semana pasada me compré O massacre, un impactante documento del periodista paulistano Eric Nepomuceno editado por Planeta do Brasil. El libro explica con detalle el contexto que permitió que, en 1996, las tropas de la policia militar del estado de Pará, en el norte del Brasil, mataran a 19 personas que participaban en una marcha pacífica en la carretera, promovida por el movimiento de los trabajadores rurales sin tierra.
Un detalle para situar en contexto, con el que empieza el libro sobre la masacre: el estado de Pará tiene 1.260.000 kilómetros cuadrados de tierra (dos veces y media el tamaño de España; el doble que Francia) y lo habitan seis millones y medio de personas.
Quiero decir: sobra tierra. Y, a pesar de ello, violencia, crímenes e impunidad son sinónimos (o casi), cuando se trata de esta inmensidad
Humedad y calor. Devastación de la selva, dueños de tierras que son virtuales, comercio con maderas preciosas, cultivo de soja,…
El periódico La Vanguardia recuerda hoy otra matanza memorable. Robert Mur desde Santiago de Chile escribe la crónica de la masacre de Iquique. Hace un siglo (21 de diciembre de 1907), el ejército asesinó a 3.000 huelguistas de la ciudad salitrera.
Tierra árida, viento seco. Salitre y polvo; salitre y polvo… El grupo Quilapayún convirtió la matanza en música con La cantata de Santa María de Iquique, y el escritor chileno Hernán Rivera Letelier -a quien me he referido en alguna ocasión-, ha descrito como nadie el ambiente inhóspito y asfixiante de la extracción de sal en el norte chileno.
24 de diciembre por la noche. Regreso de casa de Jordi Nadal, donde me ha agasajado con unas deliciosas verduras preparadas en wok, muchas palabras, la lectura de su próxima novela, risas, un albariño y una buena charla en la que no han faltado referencias Txetxu Barandiarán y Phillippe Hunziher. En el coche, con la ronda de Barcelona casi vacía, voy escuchando un CD del gran pianista Oscar Peterson, recientemente fallecido. Para vivir, efectivamente, es esencial sentirse vivo; pero, también, que te dejen vivir.
Enlaces de interés:
El bosque de luto – comentarios
O Massacre, de Eric Nepomuceno
Cantata de Santa María de Iquique – letra
Oscar Peterson – Bio con fragmentos de audio
Dom 16 Dic 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Gente ,
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Anoto unos versos del poema “Tan solo” de la polifacética formosina Nacha Rios; lo publicó en su última obra Soy de aquí y de allá también, que acompaña de una cuidada banda sonora con mucho chamamé:
(…) Dejar suicidar una idea mal parida no está mal.
La ambición produce ideas malas tripas
y el poder se encarga de darle malas formas (…)

En el avión que me lleva de Corrientes a São Paulo, leo este libro que mezcla poemas de bellas imágenes con prosa en forma de narraciones o descripciones -un tributo a ese gigantesca serpiente de agua de más de 4.000 kilómetros que nace en Brasil y llega hasta el Río de la Plata, entre Argentina y Uruguay.
La tarde anterior fuimos con Mabel, Elvira y Cristina hasta el Paso de la Patria para ver los colores del espectacular atardecer sobre el río sentados en la Cabaña de don Julián.
Cuando nos íbamos, don Julián salió al patio de la hostería para saludarnos con deambular pesado, los rasgos del rostro chupado bien marcados, la guayabera blanca y un tono firme y con cierta ironía. Nos invitó a sentarnos bajo un inmenso flamboyant en flor y nos explicó la larga y rica historia desde que emigró a Argentina casi cincuenta años atrás.
Don Julián salió de Calatayud cuando era joven y el país vivía una larga y oscura posguerra. Tomó el barco en busca de un futuro mejor, llegó a Buenos Aires, trabajó un tiempo limpiando un cine porteño, pero pronto se fue hasta Neuquén, donde comenzó en el mundo de la fruta. Un tiempo más tarde, y después de haber reunido algún dinero, pudo viajar hasta las Cataratas de Iguazú, donde quedó impresionado por el río, las tierras fértiles que baña y los sabrosos y enormes peces que cría, el dorado y el surubí. Después de unos cuantos años y algunos avatares, don julián regresó al río donde, a parte de casarse y tener hijos, levantó la hostería que lleva el nombre de Cabañas de don Julián.
Como casi todas las historias de emigrantes, la de don Julián tiene mucho de resiliencia, de supervivencia y de gran deseo de salir adelante. Me llamó especialmente la atención un episodio ocurrido la primera vez que estuvo en la zona del Paraná. Se dio cuenta de que, en aquellos parajes, frutas como la pera eran muy caras porque no se producían allí, de modo que pensó que sería bueno dedicarse a trasnportarlas desde el sur, donde el clima es más fresco y crecen bien. Una temporada que la cosecha de pera fue especialmente buena, don Julián invirtió sus ahorros en cargar tres vagones de esa fruta en la zona de Neuquén para transportarlos hasta el norte del país, cruzándolo de suroeste a nordeste por los interminables prados de hieba baja con vacas pastando.
Sin embargo, ocurrió algo inesperado: cuando el cargamento ya había partido de Neuquén, los ferroviarios empezaron una gran huelga que dejó los trenes parados durante 24 días. Naturalmente, las peras -y los ahorros de don Julián- se pudrieron sobre las vías. “Pero así es la vida”, nos explicó, “de nuevo sin una perra en el bolsillo, regresé a Neuquén donde me puse a trabajar otra vez, hasta que tuve suficiente para volver al Río, y entonces fue cuando compré la primera hostería” (que no fue la actual, pero esta es otra historia de politiqueos y difamaciones que dejamos para otro día).
Enlaces de interés:
Nacha Ríos presenta “Soy de aquí y de allá también”
Cabaña Don Julián y Paso de la Patria – notas históricas
Río Paraná – wikipedia
Sab 8 Dic 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
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Todas las fotos de su vida caben en una caja de zapatos (…) Se amontonan sin ningún orden. Hay fotos de cuando era pequeña mezcladas con fotos ya de mayor (…) Las fotos en blanco y negro conviven con las fotos en color. Y con las sepia.

Así empieza el cuento Sábado del escritor Quim Monzó, incluido en su último libro Mil cretinos. Su lectura –muy recomendable por la precisión y la profundidad con la que retrata a las personas–, ha coincidido con una crónica aparecida en el periódico Estado de São Paulo esta semana, en la que habla de los “motoboys” de esta megápolis.
El de repartidor, siempre ha sido un oficio importante en la sociedad. Las personas intercambiamos pensamientos e intercambiamos objetos, y cuando la palabra no puede llegar al otro (o cuando la voz no es suficiente), se han utilizado carteros y recaderos que, desplazándose con diversos medios de locomoción, cumplen este objetivo. Me viene a la cabeza otro cuento genial, El castillo de la carta cifrada, de otro escritor extraordinario, Javier Tomeo.
En São Paulo, más de 25.000 calles y más de 10 millones de habitantes, los mensajeros se llaman “motoboys”. Circulan con su moto cargada con un inconfudible cajón blanco o negro en la parte posterior del vehículo para colocar los paquetes y sobres a entregar y sortean el peligroso y espeso tráfico para llegar lo más rápidamente posible a su destino. Todas las semanas mueren algunos de ellos porque, junto con los peatones, son los viandantes de segunda frente a una legión de gigantescos camiones, autobuses, furgonetas, enormes vehículos 4×4 “urbanos” (o sea, los “4×4 de apariencia social”, para entendernos) y coches, muchos coches con prisa.
Los motoboys han creado un canal colaborativo muy interesante. Aprovechando las nuevas tecnologías (la cada vez mayor definición de las cámaras de los teléfonos móviles) y el acceso a Internet, junto con su oficio, que les obliga a ser testimonios del palpitar de la ciudad, han creado Canal Motoboy. En él, 12 de esos mensajeros van construyendo una crónica fotográfica de lo que está aconteciendo en las calles de São Paulo, una crónica que comparten con el mundo en tiempo real mediante una experiencia telemática que puede servir de ejemplo de las nuevas vías del periodismo y de la narración de testimonios. Vale la pena pasearse por Canal Motoboy o blogs como el de Paulo Fehlauer (Na Rua).
El pensamiento transversal, utilizar conocimientos de un área y aplicarlos de manera en otra área totalmente diferente, es una de las maneras de avanzar creativamente y abrir nuevos espacios intermedios.
Enlaces de interés:
Quim Monzó
Canal Motoboy
Bolg Na Rua