Octubre 2007


Yo quise escribir para combatir esa incontenible pérdida de existencia: al menos un día de cada año debería ser un sólido pilar de la memoria: puro, auténtico, descrito sin intenciones artísticas, lo que viene a significar entregado al azar y a merced de él.

fotografa

La escritora alemana-polaca Christa Wolf escribió estas palabras al inicio de su libro Un día del año (1960-2000) publicado recientemente en España por Galaxia Gutemberg. Según cuenta la autora, en 1935 Maksim Gorki propuso describir con el máximo detalle lo que ocurría durante un día; dicha iniciativa fue retomada por el periódico Izvestia en 1960, con el llamamiento a varios escritores para que narraran el 27 de septiembre. Wolf, no sólo aceptó la propuesta, sino que la mantuvo a lo largo de 40 años.

La velocidad con la que transcurre el tiempo y su elasticidad subjetiva, cómo vivimos cada instante y cómo los registramos, es algo que contribuye a darnos una idea de nuestra propia vida. En Optimizar la vida comentaba que, por ejemplo, una tarde de domingo, puede pasarnos como una exhalación mientras estamos tumbados en el sofá frente al televisor, con el mando a distancia cambiando de un canal a otro, sin terminar de ver ningún programa para acabar de mal humor pensando “mañana es lunes”. Por el contrario, este mismo espacio de tiempo objetivo puede esponjarse como si le hubiéramos echado levadura al trigo para conseguir un pan esponjoso, tomando un café con los amigos, viendo una película en el cine con nuestra pareja y, aún, antes de que oscurezca, paseando viendo cómo cae la tarde y aparecen las primeras estrellas junto a nuestra pareja charlando de mil cosas.

Lástima que la prisa creciente -o, quién sabe si esa aceleración progresiva del mundo todavía no comprovada que postuló Schumann-, parece que nos hagan vivir con mayor rapidez… Por cambios en la fricción entre la corteza de la tierra y su núcleo magnético, la velocidad de rotación del planeta se habría modificado, de modo que lo que antes medíamos como un día de 24 horas sería, en realidad de tan sólo 16.

Pero hasta que no se compruebe la veracidad de estos cálculos, lo cierto es que podemos “aprovechar” el tiempo o, simplemente, dejarlo escapar como quien hunde las manos en el agua y trata de llevarse un puñado. El tiempo vivido, aquél tiempo en el que precisamente no somos conscientes del tiempo -de la prisa-, y sí de lo que nos rodea y de las interacciones con las personas y las cosas que conforman nuestro “hábitat” particular, suele ser, además, un tiempo satisfactorio e intenso, que, a menudo, va acompañado de la secreción de oxitocina. Esta hormona se asocia al placer y tiene un gran papel en las relaciones interpersonales; en el nuevo libro Pequeñas grandes cosas describo algunas de ellas.

Enlaces de interés:
Un día del año
Pequeñas grandes cosas – Tus placebos personales
La resonancia de Schumann

La Mano que había tocado el frasco olía con gran delicadeza y cuando se la llevó a la nariz y olfateó, se sintió melancólico, dejó de andar y olió.

perfumes

Este fragmento pertenece a la novela El perfume de Patrick Süskind, una novela recientemente llevada al cine que describe el sugerente mundo de los olores.

Tomé la fotografía que está más arriba en el paseo de Sitges (Barcelona). Me gustó el contraste de las dos mujeres que se dirigían a una boda entre los contenedores de basura.

Justo esos días la prensa de la ciudad se había referido en varias ocasiones a los malos olores que invaden Barcelona. “Olfato herido“, titulaba su crónica de La Vanguardia el periodista Ramon Suñé el día 11 de octubre. “Las industrias deberán evaluar sus olores para tener la licencia“, comentaba Antonio Cerrillo el día siguiente.

EL asunto no es baladí y va más allá de una simple molestia pasajera. En 2003, Jukka Leppänen y su equipo del Human Information Processing Lab de Finlandia observaron que la rapidez con que se reconocen rostros con emociones positivas es mayor cuando las personas se encuentran en un ambiente con un olor agradable que cuando las rodea un olor desagradable.

Todo el mundo se ha sentido transportado por un olor determinado a otro lugar, a otra época; a veces, un perfume puede transportarnos incluso a la infancia. El domingo pasado se celebraba el 75º aniversario de la inauguración del circuito de Montjuïc y, más de veinte años después de su cierre, de manera excepcional volvió a abrirse y unos cuantos bólidos de la época rugieron por la montaña durante unas horas. Varios tuvimos la agradable sensación de déjà vu al oler de nuevo la gasolina quemada en la recta del Estadi.

En contra de algunas opiniones, el interés de dar a conocer estos mecanismos neurológicos está lejos de romper el romanticismo y pretende evitar manipulaciones que podrían llevarnos, por ejemplo, a manipular actitudes de consumo u opiniones en reuniones laborales.

Enlaces de interés:
El perfume – la película
Jukka Leppanen – Affect and face perception: odors modulate the recognition advantage of happy faces. Emotion 2003;3:315-326.
El circuito de Montjuïc – 2007

Muy pocos meses después de su liberación, Nicaragua se lanza a una campaña general de alfabetización que durante un plazo todavía imprevisible convertirá la totalidad del país en una gigantesca escuela en la que de alguna manera la mitad de la población enseñará a leer y a escribir a la otra mitad.

books, livros, llibres, libros...

Julio Cortázar recopiló varios de sus artículos sobre la revolución sandinista en la Nicaragua de los años 80 en el libro Nicaragua tan violentamente dulce. Lo publicó Muchnik en Buenos Aires, en 1984. La frase anterior pertenece a un artículo sobre las campañas de alfabetización que el imaginativo escritor argentino tituló: “El pueblo de Nicaragua, maestro de sí mismo”.

Benito Marchand me manda un mensaje donde anuncia que el Colectivo de Mujeres de Matagalpa está realizando una gira de dos meses por España, Italia, Alemania y Suiza, con el fin de mostrar algunas de las obras de teatro que desde 1986 representan en su país como parte de su trabajo en defensa del derecho, especialmente de las mujeres. Una iniciativa que mezcla el aspecto lúdico y visual con la transferencia de conocimientos.

La semana pasada, Carlos Fuentes me hablaba sobre Nicaragua. La última vez que estuve en Managua fue en septiembre de 2006 y el ambiente preelectoral hacía hervir las paredes y casi copaba todos los espacios publicitarios, últimamente destinados a anunciar jabones, cervezas o centros de estética. Quizás lo que más llamaba la atención es que los colores del partido favorito según las encuestas (el mírico rojo y negro del Frente Sandinista), se había transformado en un violeta pálido y ópticamente poco agresivo. El violeta se había vuelto omnipresente, e incluso los troncos de los árboles de varias calles habían sido pintados de este color.

Carlos me explicaba un fenómeno interesante: la ciudad de Managua (en manos de este partido desde hace algunos años), tiene las calles repletas de agujeros que nadie repara y la lluvis y el tráfico intenso se encargan de agrandar. Unos cuántos ciudadanos, hartos de tener que llevar sus coches al taller, se dedicaron a pintar los bordes de los agujeros del asfalto con el mismo violeta del partido “como para recordarle al alcalde a cada paso que la calle depende de él”.

Creatividad e ironía al servicio de una causa común -en este caso, utilizando otro fenómeno que siempre resulta: los colores.

Enlaces de interés:
Colectivo de Mujeres de Matagalpa
Artículo de Manuel Castells sobre Nicaragua (La Vanguardia)

Fijarse en las luces que cuelgan del techo. Ante un monumento famoso, olvidar la fotografía de postal y buscar el detalle. Acariciar el centímetro de piel que nunca habías acariciado a tu pareja…


Hotel Lina

Holambra es una ciudad del estado brasileño de São Paulo que acogió a emigrantes holandeses; sus descendientes se dedican al cultivo de flores y cada año organizan una concurrida exposición de plantas ornamentales y jardinería. En uno de los jardines de muestra hay un graffitti en blanco sobre una pared azul marino; son unos versos del poema Auguries of innocence de William Blake:

Ver un mundo en un grano de arena
y un cielo en una flor silvestre,
tener el infinito en la palma de la mano
y la eternidad en una hora.

El efecto de la levadura, en definitiva, que hincha y torna esponjosa la masa.

Enlaces de interés:
William Blake
W. Blake – Auguries of Innocence (en inglés)
Holambra