Abril 2007
Archivo mensual
Lun 30 Abr 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Música ,
Placebos[2] Comments
En la película La vida de los otros, a la que ya me referí en otro post, el protagonista cambia por completo su conducta cuando escucha las notas de la Sonata para piano nº 23 “Appassionata” de Beethoven.

En el Dictionnnaire des idées reçues, Flaubert dijo de la música: Hace pensar en muchas cosas. Dulcifica la conducta. Según cuenta la aristócrata de la Martinica que creó Truman Capote en el cuento Música para camaleones, estos reptiles son grandes amantes de la música: Empieza a interpretar una sonata de Mozart. Finalmente, los camaleones se acumularon: una docena, otra docena, la mayoría de ellos verdes, unos cuantos escarlata, espliego. Corrieron por la terraza y, como un relámpago, entraron en el salón; un público sensible, absorto en la música que tocaba.
El “poder” de la música para amansar las fieras es un tópico popular bien conocido. Lo interesante es que la ciencia está demostrando que estas palabras pueden ser ciertas.
Hace tiempo que se sabe que la Sonata K.448 de Mozart modifica la electrofisiología cerebral. Pero, más allá de una simple medida de laboratorio, otros estudios han demostrado que, por ejemplo, los pacientes sometidos a pequeñas intervenciones en las que no se puede usar anestesia, requieren menos analgésicos si están escuchando en un walkman la música que les gusta, que los pacientes que escuchan una grabación estándar que les proporcionan los investigadores.
Algunos estudios han demostrado que la musicoterapia es útil para reducir la agitación y la ansiedad de pacientes con demencia. Incluso hay estudios que demuestran la utilidad de utilizar canciones, letras de canciones y escuchar música en el tratamiento para motivar adolescentes con problemas de conducta. Quizás, en muchos casos, la música sea una opción mejor para tratar a los niños “inquietos” que la solución simple -y poco acertada, aunque cada vez de moda- de utilizar medicamentos.
Acualmente, con el apogeo de los aparatos que permiten escuchar música en formato mp3, escuchar en cualquier lugar la música que le gusta a cada uno es algo habitual. La música es, sin duda, uno de esos placebos de la vida. Además, la posibilidad de que el aparato nos sorprenda con canciones escogidas de manera aleatoria, añade el factor sopresa que no teníamos con las antiguas cintas de cassette.
Enlaces de interés:
Sonata para piano nº 23 “Apassionata” – LW Beethoven
Sonata K.448 – WA Mozart
Lun 23 Abr 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Cine ,
Libros ,
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En uno de los humanísimos cuentos de Quim Monzó titulado Con el corazón en la mano, una pareja que se compromete en la noche de Fin de Año, y establecen el siguiente diálogo:
“ – Seremos totalmente sinceros uno con el otro. Nunca nos mentiremos, bajo ningún concepto ni con ninguna excusa.
– Una sola mentira seria la muerte de nuestro amor.”

Me acordé de este breve cuento de dos páginas de El porque de las cosas mientras veía la última película de David y Tristán Ulloa Pudor, basada en el libro homónimo del peruano Santiago Rocangliolo. Se trata de poner a la vista de todos la compleja telaraña de sentimientos no manifestados y pensamientos secretos de los distintos miembros de una familia cualquiera, un matrimonio con una hija adolescente y un hijo adoptado que convive con el padre de ella, al que se le murió recientemente su esposa. Una serie de situaciones límite se alimentan de esa incomunicación que es fruto de la voluntad de no querer herir a quienes nos rodean pero cuyo resultado es una madeja cada vez más enredada.
Nuestro cerebro procesa la ingente cantidad de datos que le llegan constantemente del entorno; eso significa que, a las posibles inexactitudes de la percepción, sistemáticamente le añadimos una interpretación modulada por experiencias anteriores, por nuestro deseo sobre cómo quisiéramos que fueran los acontecimientos o la voluntad –consciente o no– de minimizar lo que tememos o lo que nos produce dolor. El resultado de este proceso es nuestra “realidad”, nuestra “verdad”, que no siempre coincide con la de quienes tenemos cerca.
Justo esa semana había leído la deliciosa columna semanal del agudo verbívoro Màrius Serra en La Vanguardia, donde explica un divertido caso de mal uso de la información –en este caso de Internet–, que llevó al traductor de un libro del colectivo catalán “Hermanos Miranda” a colocar en la solapa que el libro original estaba escrito por… la primera entrada que encontró en Google al buscar este nombre: los hermanos hondureños Marcelino y Leonardo Miranda, dirigentes indígenas condenados a penas de cárcel…
Enlaces de interés:
Quim Monzó y sus cuentos
Entrevista a los Ulloa -Pudor
Màrius Serra – La Vanguardia 19-04-2007
Dom 15 Abr 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Cine ,
Libros ,
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En el vuelo de regreso de São Paulo veo la impresionante representación que Forest Whitaker hace del dictador ugandés Idi Amín Dada. El recuerdo de algo sobre él en palabras de Ryszard Kapuscinski me planea por la cabeza y, de regreso a casa, lo encuentro; fue en Ébano.

Al releerlo, doy con un párrafo que se refiere al éxodo de la madre del dictador desde su paupérrima aldea del norte de Uganda hacia la ciudad del sur (Kampala). Presto especial atención a una de las frases, por los libros que me ocupan estos días. Escribió, Kapuscinski: “Esta mujer (…) se convirtió en parte del elemento que hoy en día constituye el problema más grave del África: el creado por aquellas personas, por aquellas decenas de millones de personas que han abandonado el campo, llenando unas ciudades ya mosntruosamente hinchadas, sin encontrar en ellas ninguna ocupación ni un lugar propio. En Uganda las llaman bayaye“.
En mi paseo habitual (casi ritual) con Thaïs por la Livraria Cultura de la Avenida Paulista de São Paulo antes de salir de Brasil, me compré Planeta Favela del californiano Mike Davis. Se trata de un documentado viaje por las megápolis de América Latina, África y Asia, donde más de 1.000 millones de personas viven en esas construcciones de ladrillo, chapa, madera y plástico que poco a poco van expandiendo los límites de las urbes hasta límites insospechados, personas que han ido abandonando las zonas rurales en vana busca de la supuesta riqueza de las ciudades.
Lo llama “la generalización de las favelas”: En lugar de ciudades que desparraman luz por el cielo, buena parte del mundo urbano del siglo XXI se instala en la miseria, cercada de polución, excrementos y deterioro. En realidad, los mil millones de habitantes urbanos que viven en las favelas pos-modernas pueden mirar con envidia las ruinas de las robustas casas de barro de Çatal Hüyük, en Anatolia, construidas en el amanecer de la vida urbana hace 9.000 años.
El cambio climático ya llegó a las conversaciones de bar. Palabras como “efecto invernadero” y “desertización” se cuelan entre el humo de los carajillos y los ducados; trasladar este debate a la opinión pública, quizás no tenga demasiado impacto sobre el clima, pero puede servirnos a todos para no prolongar más esta cultura absurda del estilo de vida kleenex. El paso siguiente es algo que no está tan alejado del tema del cambio climático: personas, desarrollo y pobreza. La disociación entre lo que se esperaba de las grandes ciudades industrializadas y las recetas de los organismos monetarios internacionales, y la realidad que finalmente han originado, parece no hacer más que ahondar las diferencias sociales y facilitar el crecimiento de la corrupción.
Enlaces de interés:
Last King of Scotland – info + trailer
Planeta Favela – Mike Davis
Lun 9 Abr 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Cine ,
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Si quiere comer “el mejor buñuelo de bacalao del mundo”, tendrá que ir al City Bar de la ciudad brasileña de Campinas, en el estado de São Paulo. Su dueño, el portugués José dos Santos Antônio, se esmera desde hace unos cuantos años para satisfacer a una clientela variopinta y numerosa que se acumulan en la veintena de mesitas metálicas de la calle para tomar una cerveza Bohemia fresca y los famosos buñuelos.

Las lanchonettes (los chiringuitos, los bares), tienen un encanto especial. Muchas consisten en una caravana sin mayores pretensiones, que la fama se encarga de proyectar más allá de lo que cabría esperarse. Nunca tendrán una estrella Michelin; lo suyo son otros parámetros, aunque la calidad y el sabor están garantizados.
En Campinas, hace más de 20 años que Beto Gambugge regenta el Cachorrão, elegido como uno de los mejores chiringuitos donde tomar un perrito caliente. Durante el día, es una sencilla caravana aparcada junto a la iglesia Madre Cecilia del barrio de Cambuí; sin embargo, al caer la tarde, abre sus puertas, el espacio se multiplica, enciende las luces de neón, coloca media docenas de mesas y sillas de plástico, y empieza a servir unos impresionantes bocadillos a su numerosa clientela. En más de una ocasión he visto algún Porsche o algún Ferrari parados junto al Cachorrão.
El mejor “hot dog” del mundo, según los especialistas, probablemente es el de la barraca de Paul y Betty Pink en los Angeles, cerca del Hollywood Boulevard. Según me contó el taxista que me acompañó por esa parte de la ciudad una noche de febrero, hay gente que recorre los Estados Unidos de costa a costa para comer de pie en el Pink’s Hot-Dogs tras hacer un buen rato de cola. Desde 1940, este lugar, sin ninguna pretensión de lujo, sin los artificios de la vecina meca del cine ni la pretensión vacua de Beverly Hills, sirve unos bocadillos excelentes.
Las lanchonettes y las camareras que trabajan en ellas tienen su magia. Han salido en numerosas road-movies. Me viene a la cabeza la portada de Breakfast in America de Supertramp (1979), en el que se ve un primer plano de una oronda camarera llevando un zumo de naranja.
Se estrenó esta semana un filme “de culto” en Brasil. Se titula O cheiro do ralo (algo así como la peste del desagüe). Se basa en el libro homónimo de Lourenço Mutarelli. Texto impresionante que se centra en las tres obsesiones de un hombre que regenta una tienda de empeños. El protagonista tiene tres obsesiones: el nauseabundo hedor del desagüe de su tienda, un ojo humano que muestra a todos diciendo “esta es el ojo de mi padre, que murió en la guerra” y… la camarera del bar donde suele ir a comer –más exactamente, su culo:
“Ella me trae el bocadillo. Ella casi me sonríe
Ella se gira para buscar la bebida.
Podría pasarme una semana sólo mirando cómo se da la vuelta.
Este libro, ¿ya es otro?
Le muestro la portada.
Paul ¿qué? (…)”
Enlaces de interés:
City Bar, Campinas
Cachorrão, Campinas
Pink’s Hot Dog, Los Angeles
O cheiro do ralo