Marzo 2007
Archivo mensual
Sab 31 Mar 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Creatividad ,
Música[3] Comments
“Vivimos separados del continente, de la tierra madre, y hasta que no logramos hacer que esta brecha sea invisible, continuamos siendo esclavos, aunque sea mentalmente.”
Así comienza un excelente documental que acompaña el último trabajo de la cantante norteamericana Dee Dee Bridgewater: Red Earth – A Malian Journey. Tras interpretar temas de jazz tradicional de Ella Firzgerald o Billie Hollyday, decidió buscar sus raíces y empezar a crear sus propias canciones; el resultado es un CD con 13 piezas grabadas en Bamako, que está presentando en su tour europeo que incluyó la participación en el Cully Jazz Festival (Suiza).
En este mismo escenario participó la Gangbé Brass Band de Benín, con su fanfarria, precisamente el día que se conmemora el bicentenario de la abolición del comercio humano entre África y las colonias (bueno, por lo menos la abolición oficial y de este tipo de comercio, porque la esclavitud de hoy queda encubierta bajo el manto protector de diversos eufemismos más o menos burdos). El periódico Le Matin Bleu del 23 de marzo titula el artículo “Esclavagisme: le business de la honte“, el negocio de la vergüenza, y cifra en 11.328.000 el número de esclavos entre los siglos XV y XIX.
La inmensa brecha azul del Atlántico.
En su documental, Dee Dee Bridgewater dice algo que recoge también el texto que acompaña el CD, algo que es producto de esa sabiduría que da la tierra, pero que firmaría más de uno de los psicólogos de la emoción:
“Con la edad llega la sabiduría, uno se deshace de los tabúes, nos envuelve la sabiduría y ya no hay necesidad de demostrar quién somos; sencillamente, SOMOS.”
Enlaces de interés:
Dee Dee Bridgewater
Ella Fitzgerald
Billie Holiday
Música de Mali
Cully Jazz Festival
Sab 24 Mar 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Noticias ,
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El Profesor Tornasol se hospedó en la habitación 122 del Hotel Cornavin de Ginebra. Sin embargo, cuando Hergé publicó El asunto Tornasol, esta habitación no existía; la pusieron en una de las remodelaciones debido a la insistencia de los tintinólogos para alojarse en ella. Hoy, un Tintín de dos metros recibe a los huéspedes.
Pero esta no es la única curiosidad del Cornavin; en ese hotel está, además, el reloj más alto del mundo: se trata de un ingenio mecánico de 30,2 metros de altura situado en el hueco de la escalera.
La place Cornavin tiene un encanto especial. Ahí está la estación central de Ginebra, de ella parten varias calles que inevitablemente conducen hasta el lago Léman y, además, ahí tiene una de sus paradas el autobús de la línea 8. Este autobús tiene la particularidad de detenerse cerca de la sede de varios organismos internacionales -como la Unicef, la OMS, la ONU, o la Organización Internacional del Trabajo-, de modo que, en un corto viaje de pocos minutos es posible identificar a personas de diez o quince países distintos y escuchar otros tantos idiomas de esa maravillosa Babel de los 6.912 idiomas vivos que existen en el mundo.
Un pasajero portugués sentado a mi lado, antes de bajar del autobús me ofrece el Correio da Manhã que ha terminado de leer. Encuentro un artículo que describe la reciente publicación de António Damásio en la revista Nature, donde describe los resultados de un sorprendente estudio que demuestra la relación de las emociones en los juícios morales: observaron que lesiones en la zona ventromedial de la corteza cerebral prefrontal afectan el resultado de algunos tipos de juicio por los cuales una determinada acción normalmente produce aversión moral. Son personas que tienen una marcada reducción de las emociones sociales -las que producen la culpa, la vergüenza o la compasión-, y podría explicar porqué hay individuos que matan “en nombre del bien colectivo”. Quién sabe si algún día no habrá que hacerse un escáner antes de presidir países o dirigir ejércitos.
Enlaces de interés:
Tintín y el Hotel Cornavin
Ethnologue – Idiomas del mundo
A. Damásio – Las lesiones en el cerebro influyen sobre la moral
Sab 17 Mar 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Cine ,
Creatividad[3] Comments
“Lo mejor del personaje es lo que el personaje no es”, le dice Kristoffer a Ravn, el protagonista de El jefe de todo esto (“Direktoren for det hele”), la última película de Lars von Trier.

En resumen: Ravn es dueño de una empresa de informática y decidió inventarse al Jefe de todo estopara lidiar tranquilamente con su media docena de empleados y poder tomar decisiones sin la incomodidad de tener que cargar con la culpa ni ser blanco de las críticas ni la ira de los trabajadores. Cuando Ravn quiere vender su empresa a unos islandeses que se empeñan en tratar directamente con ese personaje, se ve obligado a contratar a Kristoffer, un actor en paro, para que pase una semana en la oficina dando vida a ese Gran Hermano.
El miedo y las apariencias son los mejores aliados del poder, las mejores armas para lograr la sumisión. Apariencias para vestir un cuerpo humano y miedo para alejar a los demás sin tener que depender constantemente de un par de puñetazos. La estrategia roza la frontera de lo “ideal” si se puede descargar la culpa -quizás el deporte con más adeptos del mundo-, especialmente si ese culpable es una especie de dios invisible y lejano, padre de todos los males.
Un curioso artículo de Patricia F de Lis en el periódico El País de hoy se titula 750 millones para engañar a Google. Habla de las empresas dedicadas a lograr que otras empresas aparezcan en los primeros lugares de buscadores como Google mediante diversos tipos de manipulaciones -que, al mismo tiempo, permiten “maquillar” las páginas que hablan mal-.
La misma película de Lars von Trier engaña (pero engaña para bien): no es la comedia ligera que anuncia el narrador al inicio. Es el cruel espejo que muestra la conducta de cualquier grupo humano donde un individuo tenga (o pretenda) el poder sobre los demás. ¿No identificaron la situación laboral de ningún conocido?
Enlaces de interés:
Trailer de “El Jefe de todo esto”
750 millones para engañar a Google
Sab 10 Mar 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Cine ,
Libros ,
Optimizar la VidaNo Comments
En la película La vida de los otros, el capitán Gerd Wiesler, competente oficial de la Stasi, enseña a sus alumnos que, para lograr que el prisionero confiese, “hay que tener paciencia, 40 horas de paciencia”.

En la inquietante novela de ciencia-ficción (¿o quizás deberíamos decir de ciencia-anticipación?) “Mil novecientos ochenta y cuatro”, George Orwell escribía:
Claro, no había manera de saber cuando vigilaban a alguien. No era más que una conjetura saber cuántas veces y cómo la Policía del Pensamiento captaba la comunicación de cada uno.
La vigilancia a que el ser humano somete a sus congéneres es una de las conductas que le diferencian de los animales. Hace unos años, el paleontólogo Stephen Jay Gould escribió un artículo en el que hablaba de los muros de oro que algunos pensadores y científicos habían levantado para intentar preservar y diferenciar al ser humano de los demás animales. Los ladrillos de estos muros eran conductas como la fabricación de herramientas, la capacidad de abstracción o la cultura.
Sin embargo, numerosos estudios publicados en los últimos años han demostrado que unas cuantas especies animales (sobre todo algunos primates) son capaces de fabricar instrumentos y servirse de ellos. Se ha observado que algunas especies de pájaros son capaces de planificar el futuro (otra de las capacidades supuestamente de exclusividad humana) y almacenan alimentos en lugares estratégicos para épocas de penuria. Se han descubierto patrones culturales en colonias de chimpancés.
Hace tiempo que se sabe que, por ejemplo, entre las hormigas o las abejas, hay reinas y obreras; ¿existen sindicatos? Bueno, probablemente no con este nombre; sin embargo, también se han demostrado conductas cooperativas en algunas especies animales, patrones de comportamiento que no benefician directamente al individuo, sino a la comunidad.
Incluso algo como el confort del hogar, tampoco es exclusivamente humano: algunos primates, antes de sentarse buscan grandes hojas donde sentarse, a modo de mullido almohadón para no tener que poner sus nalgas directamente sobre el húmedo suelo de la selva.
A la vista de estas investigaciones, quizás los dos últimos muros dorados que quedarían son el dinero y el sistema policial. Conductas como el pago a otros congéneres por el trabajo (el uso del “dinero”) -que iría estrechamente ligado al concepto de esclavitud-, o el juicio moral y, con ello, la existencia de policía que permite que un individuo investido de poder controle a otros individuos sin ese poder. De ser así, bien tristes es, lo que nos separa de los demás animales.
La vida de los otros es una excelente reflexión sobre el sistema policial. Para interesados, un artículo de José Comas relata la experiencia personal del propio intérprete de la película, el actor Ulrich Mühe, cuya esposa fue informadora de la Stasi.
Enlaces de interés:
Trailer – La vida de los otros
La vida de los otros – ficha técnica
Comentario de Jordi Nadal sobre la película
George Orwell – 1984
Trailer – 1984
El actor, su mujer y la Stasi
Dom 4 Mar 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
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Algunos, nos interesamos más por los eclipses leyendo las aventuras de Tintín en El Templo del Sol que mirando el esquema clásico de los libros de ciencias naturales de la escuela.

Aunque, tal como señala Víctor Ruíz en su bitácora, en el álbum hay algunas imprecisiones astronómicas y posiblemente antropológicas -como inverosímil reacción de miedo de los Incas ante un fenómeno astronómico que presumiblemente conocían bien-, Hergé logró transmitir varias ideas, como los ciclos de la naturaleza y el cambio inherente a todo lo que está vivo.
La referencia no es baladí. Este año se celebra el centenario del nacimiento de Hergé en Bruselas y la noche del 3 de marzo se produjo un eclipse total de luna visible desde varios lugares del mundo.
La imagen del eclipse -igual como la del nubarrón que oculta momentáneamente la visión de una luna llena hermosa, o la idea de que la noche es, sólo, el espacio entre dos días soleados-, es útil para reflexionar sobre los altibajos de la vida, para enfrentarlos con menos temor, con mayor resiliencia. Ser consciente de que todo tiene fecha de caducidad (tanto lo malo como lo bueno), de que la vida son ciclos que comienzan y acaban, es un buen ejercicio para mantener en forma las neuronas y enfrentar la vida de una manera positiva, sin perdernos en el laberinto del miedo o el laberinto de la incertidumbre.
Enlaces de interés:
Página oficial de Tintín y Hergé
Actos del centenario del nacimiento de Georges Remi -Hergé-
Ciudades perdidas
Página dedicada a los eclipses
No Miedo en la empresa y en la vida