Febrero 2007
Archivo mensual
Sab 24 Feb 2007
En las montañas más meridionales e imponentes de los Andes existe un pájaro con escamas en lugar de plumas que sólo puede verse a contrasol. Explican que su potente silbido puede oírse desde cualquier lugar de la tierra.

Caminando por la cordillera, uno también puede encontrarse con el Huecuvú, un genio que puede adoptar cualquier forma, incluso la humana, y que destruye la vida del hombre y le pone enfermo. Los habitantes del lugar atribuyen a este ser maligno los animales muertos y osamentas que se encuentran en los pasos entre los gigantes de piedra y nieve.
El cerebro humano tiene la necesidad de buscar explicaciones a los acontecimientos negativos cuya causa se le escapa. También tiene tendencia a la búsqueda de señales e indicios externos que le permitan confiar el buen desenlace de los acontecimientos futuros. Este hábito, a parte de la utilidad personal y social que haya tenido (para controlar conductas, para sentirse protegido, para tener fuerza y lograr un objetivo), es una buena muestra de la creatividad humana y ha sido objeto de muy buena literatura.
El camino que abrió en su momento Martin Seligman y otros colegas ha llevado a una nueva concepción de la mente, su íntima relación con el organismo y el poder que tienen las actitudes y la visión positiva de la vida.
Estoy leyendo un excelente ejemplo práctico de estas ideas. Se trata del libro Después del día 10 de Carlitos Páez publicado por Alienta Editorial (barcelona, 2007).
Partiendo de la base que todo el mundo ya conoce la tragedia aérea de los Andes y los avatares de los 16 supervivientes que lograron volver al mundo tras pasar 72 días en la cordillera, su autor elige una perspectiva distinta, resaltando el aspecto humano.
En este libro, Carlitos Páez simplemente “mira por el espejo retrovisor de su vida” y explica de un modo incisivo, ameno, y autocrítico cuando es necesario, cómo la actitud de cada uno y la actitud del grupo fueron fundamentales para lograr sobrevivir en condiciones extremas y vencer miedos y desánimos.
Enterarse -diez días después del accidente- que el mundo había abandonado su búsqueda, tener ganas de salir adelante y creerse cada uno su papel (de médico, de ingeniero en telecomunicaciones, de inventor, a pesar de no serlo), fueron, según su autor, las claves para lograr su objetivo.
Enlaces de interés:
Mitos y leyendas de América Latina
Carlitos Páez
El accidente de los Andes
Dom 18 Feb 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Gente ,
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En una escena de la película Melinda y Melinda de Woody Allen se escucha el diálogo siguiente:
Él: ¿No viste que estaba enamorado de tí desde hace mucho tiempo?
Ella: Ni siquiera veía que yo estaba enamorada de tí.

Buena parte de nuestra conducta depende de cómo percibimos el mundo -o sea, de cómo el mundo entra por las distintas ventanas de nuestro cerebro, unas ventanas que pueden tener los cristales sucios o astillados, o incluso estar pintados de rosa o de verde, sin que seamos conscientes de ello.
Durante un reciente almuerzo en el que hablamos de muchos libros y de bastante psicología, Josep Gajo me recomendó que leyera Si no lo creo, no lo veo de Xavier Guix publicado por Granica en 2005. Se trata de un ameno y documentado ensayo que desarrolla, como bien indica el subtítulo “cómo construimos nuestra imagen del mundo y de nosotros mismos”.
Tratar de resolver la incógnita de la distancia que hay entre la realidad y cómo la percibimos es uno de los temas apasionantes que la neurología y las ciencias de la conducta tienen entre manos. Y muchos artistas lo han utilizado para lograr sus creaciones.
Ahora mismo, en la feria de arte contemporáneo ARCO 2007 que se exhibe en Madrid desde el 15 al 19 de febrero, se exponen algunas obras de Joan Fontcuberta, un magnífico fotógrafo que ha analizado el tema de la percepción visual y nos ha hecho reflexionar sobre la credibilidad de lo que vemos. También expone en ARCO el ingenioso artista de Cabo Verde Albertino Silva: usa zapatos viejos para recrear pájaros o cabezas de león en un hábil ejercicio de sugestión.
Hace unas semanas, el suplemento CULTURAS del periódico La Vanguardia dedicó sus páginas centrales a Hanoch Piven, un caricaturista genial que simplifica al máximo los personajes que retrata y logra que el cerebro del espectador reconstruya la imagen del personaje original a partir de algunos detalles que seducen a las neuronas y las hacen rebuscar en los archivos de la memoria.
La imperfección de la percepción, que permite jugar a los artistas, también es fuente de conflictos y malentendidos. Ser conscientes de nuestras limitaciones perceptivas contribuye a relativizar algunas situaciones. El libro de Xavier Guix abunda en ello.
Enlaces de interés:
Melinda y Melinda
Xavier Guix
Joan Fontcuberta, fotógrafo catalán
Albertino Silva, artista de Cabo Verde
Hanoch Piven, retratista
Blog de Hanoch Piven
Sab 10 Feb 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Libros ,
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“En los cruceros de lujo, la media de edad está entre los setenta y cinco años y la muerte”.
Tropiezo con esta frase en el último libro de Javier Reverte, La aventura de viajar, que me regaló hace poco mi amigo Mariano Madurga.

Estos días he recordado varios pasajes de La Odisea al leer las sucesivas noticias sobre el drama del carguero Marine I, que ha pasado una semana fondeado en el límite de las aguas jurisdiccionales de Mauritania, según dicen con más de 400 personas abordo, la mayoría de origen asiático y, otras, de origen subsahariano. Al parecer, el barco ha pasado un par de meses en alta mar y todavía no se conoce el estado de salud de los pasajeros, aunque varias ONGs ya tienen preparados dispositivos de atención sanitaria en Nuadibú, donde esperan que finalmente les autoricen a desembarcar.
Ítaca como metáfora y los objetivos que uno se traza en la vida, no son ajenos a los fenómenos migratorios que tantas páginas llenan. La pobreza (o, mejor dicho, las desigualdades sociales), tampoco.
Hace un par de semanas, el sociólogo Alain Touraine comentaba en una entrevista que le hizo Albert Garrido: “Sostengo que en un continente como el nuestro, y a escala mundial, el problema central sigue siendo el de la desigualdad y la exclusión social” (El Periódico de Cataluña, 28-01-2007).
Quizás habría que divulgar más los resultados de estudios como el que comenta la periodista Amanda Mars en su artículo Cosas que el dinero puede comprar o no, en el que reitera lo que varios sociólogos y economistas ya han demostrado más de una vez: que, a partir de un nivel mínimo de ingresos, el esfuerzo que supone lograr más ingresos no es directamente proporcional a la felicidad que éstos nos aportan. El estudio que se describe en el reportaje cifra este mínimo en unos 11.500 euros anuales.
La clave, como siempre, está en qué entiende cada uno por felicidad, si esa ilusión apoyada por el consumismo a toda costa con sus paraísos de cartón-piedra y sueños de papel couché, o la sensación de bienestar que nos producen las cosas pequeñas y que habitualmente no hace falta comprar.
Enlaces de interés:
La aventura de viajar – Javier Reverte
Noticia del Marine I (10-02-2007)
Cosas que el dinero puede comprar, o no
Dom 4 Feb 2007
Posteado por Albert Figueras bajo
Libros ,
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En su seción habitual en El País Semanal, Àlex Rovira se refiere hoy a las circunstancias de la vida que nos recuerdan la fragilidad de la existencia y nos hacen recapacitar sobre nuestros objetivos.

El vendaval originado por estos reveses suele abrir ventanas que muestran un paisaje con senderos totalmente distintos a los que uno estaba siguiendo. En esta nueva visión, los seres humanos de nuestro entorno toman una dimensión nueva y cada momento de autenticidad pasado con ellos adquiere un valor enormemente superior al de cualquier posesión material.
Iris Baleeiro me obsequió el libro Por um fio (“Colgando de un hilo”) del médico brasileño Drauzio Varella, en el que cuenta historias de pacientes a quienes la salud les juega una mala pasada y ello les hace recapacitar sobre el valor de sus valores. “Nada transforma tanto al hombre como la constatación de que su fin puede estar cerca”.
Un testimonio extraordinario de esta reflexión es la historia en primera persona que narra Eugene O’Kelly en Momentos Perfectos (Alienta Editorial, 2007): a este conocido director de la consultora KPMG le diagnosticaron un tumor cerebral a los 53 años; sólo le quedaban tres meses de vida. Decidió vivir esas horas intensamente, y lo hizo reforzando las relaciones con las personas que habían significado algo para él, logrando convertir el máximo número de instantes en “momentos perfectos”.
Me hace pensar en todo ello La Revista Negra de Jérôme Savary que se representa en el teatro Tívoli de Barcelona y a la que me referí en el post del 27 de enero. Ayer volví a ver de nuevo el espectáculo para acompañar a Maria y a Martí.
Sin embargo, durante la semana que había transcurrido entre ambas actuaciones había sucedido algo. El miércoles 31 de enero, el actor y músico Jimmy Justice (no confundir con el cantante de rock) de 75 años, falleció sobre el escenario poco antes de que se terminara la función, mientras interpretaba su papel de Jimmy, un entrañable jazzman que vagaba por la Nueva Orleans devastada por el huracán Katrina y explicaba la historia de esa música con su voz potente y gutural, y su sonrisa de gigante bonachón.
La compañía, armada con aquella fortaleza que dan los golpes bajos de la vida, decidió retomar las actuaciones y convertir la obra en un homenaje a su compañero Jimmy. Un homenaje sin estridencias ni ruido. Sólo puede percibirlo quien haya tenido la fortuna de asistir a las representaciones antes y después de su desaparición: ningún actor nuevo sustituye a Jimmy, sino que van haciendo guiños casi imperceptibles, pero cargados de emoción, como ese sentido “I Love you Jimmy” que concluye un triste blues con una excelente coreografia sobre imágenes del Ku-Klux-Klan proyectadas en blanco y negro sobre el telón de fondo.
Enlaces de interés:
Àlex Rovira [EPS]: Reveladora fragilidad
Varella – Por um fio (Companhia das Letras)
Jérôme Savary
Jimmy Justice