Viajo hasta Vigo para dar una conferencia sobre la creatividad en el día a día como fuente de optimismo, invitado por Marisa Real, directora del Club Faro de Vigo.
Como ejemplo de esa chispa que nos lleva a ser creativos en cualquier ámbito de la vida, hablo sobre los múltiples e ingeniosos usos que se dan a los neumáticos usados en todo el mundo, desde suelas de alpargatas hasta juguete de niños, pasando por la jardinería o protectores laterales de embarcaciones.
La fuerza para la re-construcción es, en buena parte, un acto de creatividad empujada por la esperanza de salir adelante; optimismo. En el vuelo de regreso a Barcelona leo Artistas de lo que queda. Las escrituras de Escombros de Zulema Moret, un libro que recomendó hace unas semanas el amigo Txetxu Barandiarán en su boletín Reposando.
Reconstrucción, resurgimiento, recuperación.
Esa noche asisto al magnífico espectáculo que la compañía de Jérôme Savary representa en Barcelona hasta el 25 de febrero: La Revista Negra. Se trata de un musical impecable que repasa la historia del jazz y recupera la memoria de Josephine Baker y el famoso (y escandaloso, en la época) espectáculo del mismo nombre. Uno de los aciertos del montaje es que la acción transcurre en una Nueva Orleans devastada por el huracán Katrina, con un entrañable pianista que, acompañado de otros tres personajes, vaga sobre un bote por las calles inundadas de la ciudad buscando su piano al tiempo que rememora los grandes momentos del jazz y sus connotaciones sociales. Una historia crítica, una historia triste, pero también una historia que respira la voluntad de reconstrucción, de renacimiento. De resiliencia.
A menudo, esos reveses de la vida que tanto tememos, se convierten en una especie de resorte que nos empuja a encontrar soluciones más o menos creativas para salir adelante. Viendo como el sol débil de invierno se pone sobre el Atlántico, esparciendo su luz dorada sobre la activa ría de Vigo, recuerdo la pesadilla oscura del desastre del Prestige que golpeó estas costas hace unos años. Imágenes de desespero e impotencia mezcladas con la solidaridad de muchos voluntarios que pasaron en aquellas playas la Nochevieja de 2002.
Dar la vuelta al calcetín, usar los medios que uno tiene a mano con inteligencia e inventiva, suele despertar la misma simpatía que la mítica victoria de David frente a Goliat.
Leo una crónica que escribió Enric González para El País el 18 de enero a propósito de la versión de la ópera Salomé de Strauss dirigida por Giorgio Albertazzi. Al parecer, Albertazzi logró que en los días previos se generara una polémica en los medios de comunicación italianos fundamentada en el supuesto alto voltaje erótico del montaje, que contaba con dos salomés (Francesca Patanè y Maruska Albertazzi) que aparecían desnudas y depiladas. El propio director se encargó de ir alimentando el escándalo con los detalles más apetitosos desvelados poco a poco, en el momento justo -como corresponde a un buen narrador de historias, ya sea sobre papel, en una pantalla o sobre un escenario.
Lo interesante del caso es que, según relata la crónica, el globo del escándalo se fue hinchando y contaba cada vez con más gente y más periódicos posicionándose a favor y en contra del montaje… sin que nadie hubiera visto todavía cuál era la puesta en escena.
Con el exceso de información al que estamos sometidos y con ese juego de espejos múltiples que mezcla la realidad con la ficción casi sin solución de continuidad, resulta muy fácil hacer pasar gato por liebre a la mínima que uno baja la guardia y se olvida de comprobar qué pruebas sustentan una información específica. No resulta extraño que un turista despistado que pasee por Holywood Boulevard a media noche, saque su cámara y empiece a apretar el disparador como un poseso ante la visión fugaz de un hombre vestido con una capa blanca, creyendo que Elvis sigue vivo, como afirma la leyenda.
En el informe anual sobre patentes de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) encuentro el dato siguiente: en 2004, los residentes en los Estados Unidos solicitaron 185.536 patentes, mientras que 135.196 patentes fueron registradas por no-residentes en este país (que representan una proporción de habitantes mucho menor).
Aunque puede haber numerosas explicaciones, una posible lectura es que desplazarse y cambiar la rutina -cruzar la frontera-, junto con la necesidad de salir adelante, estimulan la inventiva, la creatividad.
Una o dos veces al año repaso los artículos de periódico que he ido acumulando encima de alguna mesa para considerar, si los guardo definitivamente, o si los llevo al contenedor de reciclaje de papel. Esta perspectiva temporal de medio año permite juzgar mejor el interés de las noticias o las crónicas, con el conocimiento de qué sucedió después, cuáles fueron el desenlace o las consecuencias.
En ocasiones, este juego te pone frente a los ojos historias que acaban teniendo algún denominador común. Esta vez, la palabra clave podría ser “la frontera“.
1.-Libération del 1 de agosto de 2006 relataba la situación kafkiana de las tierras situadas junto al lago Ontario, donde vive la tribu de los Mohawks. Se trata de una zona llamada Akwesasne, sobre la que alguien trazó la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Akwesasne está partida en dos, de modo que hay habitantes que tienen que cruzar cuatro o cinco veces la aduana -con las colas correspondientes- para realizar su trabajo cotidiano. Incluso hay casas que están divididas en dos por una de esas líneas invisibles, vestigio de la ancestral delimitación del territorio de numerosas especies animales. Uno de los afectados comenta, con ironía: “Una vez discutí con mi esposa en nuestro dormitorio de Canadá y me mandó a dormir al cuarto de al lado, en los Estados Unidos”.
2.-El País del 29 de octubre de 2006 publicaba un reportaje titulado Los niños olvidados del vertedero, en el que describe el pueblo ilegal de Cañada Real Galiana, a sólo 10 kilómetros del centro de Madrid. Cuentan que en las chabolas viven medio millar de menores sin escolarizar, entre drogas y escombros. Otra frontera, la de la marginalización y la pobreza, que no por ser invisible deja de ser trágica.
3.- La Folha de São Paulo del 25 de agosto de 2006 publicó una historia que parece sacada de la pluma de Bocaccio y su Decamerón. João Pereira da Silva (34 años, raza negra) hurtó una cartera con 10 reais (tres euros) y está en la cárcel desde hace casi dos años. João Pereira da Silva (28 años, raza blanca) robó 162 reais (54 euros) usando un arma, le condenaron a tres años de cárcel, pero se escapó. El padre y la madre de ambos se llaman exactamente igual. “O João negro” está cumpliendo la pena de su homónimo fugitivo de raza blanca; un exámen dactiloscópico demostró la confusión hace más de un año, pero la situación sigue sin resolverse. Alguien cruzó la delgadísima y todavía más invisible frontera de la verdad, la realidad cenicienta, la identidad escurridiza.
La vida consiste en ir haciendo de funambulista sobre esas peligrosas fronteras que vamos trazando; pasar de un territorio al otro -o, al revés, lograr no cruzar la divisoria-, a menudo requiere la habilidad de los equilibristas.
Trapezistas del espectáculo El Gegant dels 7 Mars (Fòrum 2004 – Barcelona)
Reciben nombres distintos, aunque la esencia es la misma: construcciones irregulares de madera, latón, algún ladrillo y poco cemento agolpadas en colinas que, pocos años atrás, constituían el extrarradio de alguna metrópolis.
“Ninguna de estas calles tiene nombre / ninguna de estas sombras tiene dueño (…)” cantaba Willie Colón -curiosamente apodado el arquitecto de la salsa urbana-, y parece que esté describiendo las villas miseria porteñas, las favelas cariocas, las locations surafricanas o los ranchitos caraqueños.
Los fenómenos sociales derivados de la dificultad para tener acceso a una vivienda digna han tomado formas muy diversas. Para llamar la atención de los políticos sobre los numerosos sin techo de París, hace poco más de dos meses se creó la asociación Les enfants de Don Quixotte y, al parecer, han logrado una respuesta del primer ministro, quién asegura que Francia considerará la vivienda digna un derecho fundamental, como la educación o la sanidad.
Lo curioso es la dinámica y la reverberación de este proceso, cuyos ingredientes son el apoyo de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías, la originalidad de la puesta en escena (un centenar de tiendas de campaña compradas en una tienda de deportes y plantadas junto al canal de Saint Martin), así como el momento poilítico (a pocos meses de las elecciones presidenciales).
Interworld Radio se define como “una red global gratuita para emisoras de radio y periodistas, con noticias y programas sobre cuestiones mundiales y contextos locales”. Dí con ella casualmente buscando cuestiones sobre el impacto de la falta de información y la salud. Me llamó la atención una historia de Joel Okao Tema titulada: Morir por la información en la que explica como, veinte años atrás, un distrito de Uganda quedó devastado por una enfermedad desconocida que mató a centenares de personas. La gente la llamaba la enfermedad el “flaco”, y tuvieron que pasar más de diez años hasta que llegó la primera información sobre el sida, sus causas y cómo prevenirlo a esta zona.
Aunque, a menudo, tenemos la sensación de estar desbordados por la información, el gran reto actual es lograr seleccionar aquélla que es esencial y conseguir que llegue a todos de manera fiable y rápida.