Muy a menudo, creatividad y simplicidad van de la mano. ¡Cuántas veces no nos soprendemos diciendo: ¿Cómo no se me había ocurrido antes a mi?!
Analizar los caminos del proceso mental que conduce hasta el hallazgo, nos ayuda a comprender cómo es posible aplicar la creatividad al día a día. Miremos, por ejemplo, el diseño de las joyas.
Este verano, durante una visita al museo ubicado junto a las ruinas greco-romanas de Empúries (Girona), observaba los alfileres y colgantes que allí se exponen. Hay joyas egípcias bellísimas, igual como los distintos tipos de colgantes de oro que usaban las culturas originarias de la actual América del Sur (y que, según algunos cronistas, estimularon el imaginario colectivo con el mito de El Dorado). Algunas piezas modernistas salidas sobre todo de la mano de Lluís Masriera combinan de manera soberbia varios metales con esmalte multicolor y perlas, para dar forma a esas figuras estilizadas tan características de las distintas variantes del Art Nouveau.
Sin embargo, no es necesario que las joyas contengan motivos florales, pequeños animales o arabescos abstractos, ni que usen metales nobles. El pop-art trajo joyas acrílicas de colores psicodélicos, algo que rompió moldes y abrió la puerta al juego de la imaginación.
Desde hace un par de años el pastelero Escribá de Barcelona comercializa unos anillos a base de grandes bolas de caramelo. Y el camino de la creación sigue abierto, y los árboles que crecen en él, siguen dando frutos sorprendentes para regocijo de las mentes abiertas.
Por ejemplo, ¿plasmar la imagen de la ciencia en joyas? ¿Por qué no? Raven Hanna estudió ciencias en la Universidad norteamericana de Yale; sin embargo, prefirió dedicarse a convertir la ciencia en arte. Creó una colección de joyas a partir de la forma de algunas moléculas. Made With Molecules (MWM) ofrece un collar de plata con la estructura molecular de la serotonina, que vende junto con una explicación de las propiedades relajantes y de bienestar de este neurotransmisor en el cerebro. O unos pendientes con la molécula de la teobromina que contiene el cacao. O estrógenos, o testosterona…
Se alcanza la costa oriental del lago Maracaibo tras cruzar un emblemático puente de nueve kilómetros de longitud sostenido por tres arcos.
Beny Moré cantaba:
Pa que tu lo bailes, mi son Maracaibo,
pa que tu lo goces, mi son Maracaibo.
Con gran atención señores,
esta linda inspiración
me sale del corazón y
se la doy con mil amores.
Pa que tu lo bailes, mi son Maracaibo,
pa que tu lo goces (…)
Estos días, Marilene Miranda, José Calleja, Luis Ríos, José Briceño, Franklin Zerpa y Esperanza Briceño me explicaban anécdotas de este gran lago que tiene 160 kilómetros de longitud y 100 de ancho. En esencia, el lago se encuentra entre la bifurcación en “y” del extremo norte de la larguísima cordillera de los Andes, allí las montañas se arrodillan para besar el cálido mar Caribe.
Los más de 700 kilómetros de costa del lago se encuentran dividos: la zona occidental es eminentemente agrícola, mientras que la zona oriental es petrolera.
Tan intensa ha sido (y sigue siendo) la extracción de crudo, que en el área de Lagunillas, la tierra ha descendido siete metros por debajo del nivel del mar, y se encuentra protegida por un impresionante dique. Desde encima del dique, el atardecer sobre las pacíficas aguas del lago está salpicado de docenas de gigantes quijotescos a la usanza del siglo XXI: los molinos de viento dejaron paso a una horda de plataformas que bombean sin cesar el oro negro desde las profundidades del lago hasta las refinerías que se encuentran unos kilómetros más allá, en la costa del Caribe, donde enormes petroleros lo distribuyen por el mundo.
Mucho antes de esta fiebre, Alonso Ojeda descubrió el lago en 1499 y junto a ella se fundó, tres veces, la ciudad de Maracaibo (Maara-iwo) que, en la lengua de los originarios guajiros significaba “el lugar donde abundan las serpientes”.
Dicen que Maracaibo no muge como el mar ni ríe como otros lagos, sino que susurra poesías de infinito amor. Cuenta la leyenda transcrita por Antonio Pérez Esclarini que el gran Zapara -señor de todas estas tierras- tenía una bella hija, una gran poetisa llamada Maruma. Puesto que Zarama quería ser el único a deleitarse con su canto, prohibió a Maruma que se casara, y la tenía encerrada en el palacio. Sin embargo, una tarde Maruma se escapó y se adentró en la selva, donde conoció a un joven apuesto llamado Tamare, también poeta delicado. Maruma llevó a Tamaré a sus aposentos, y ambos empezaron a entonar bellos y poéticos cantos. Cuando Zarama descubrió a un hombre junto a Maruma, su cólera fue tal que dio una patada en el suelo y la selva se hundió. Inmediatamente, las aguas de la cordillera se precipitaron sobre el abismo y lo cubrieron, ayudadas por el mar Caribe. Los enamorados, que no oyeron el estruendo, siguieron cantando e improvisando apasionados versos de amor mientras el palacio se sumergía en las profundidades, llevándose las ondas sonoras de su última canción. Es por eso que el lago Maracaibo suena a poesía, especialmente en el atardecer.
La música que se escucha en cualquier esquina de Zulia es la gaita, letras de protesta porque durante décadas este estado colmaba el país de petróleo, pero la riqueza derivada de su comercio se iba hacia Caracas o a los bolsillos de los petroleros, sin retornar a los habitantes de la zona.
La música también está en la peculiar entonación de los zulianos, que usan vocablos y expresiones imaginativas (y, por tanto, a menudo políticamente incorrectas). Es lo que conoce como el maracucho.
Y hablando de música e imaginación, unos jóvenes de Los Puertos grabaron a su abuela enojada porque le habían roto una cerca para comerse unos mangos; la grabación tenía éxito entre los oyentes casuales, de modo que hicieron dos versiones de la descomunal bronca, una en rap y otra rock.
Mathias Enard, en su novela Remontando el Orinoco, describe el ambiente portuario en el delta de esa fértil vía fluvial:
“Los largos barcos cargados de minerales parecen ballenas entre los amarillentos remolinos de la desembocadura del Gran Río, los remolcadores hacen piruetas, los contenedores de múltiples colores que se amontonan en la orilla no dejan suponer las riquezas que se guardan en su interior: el café, las frutas, las conservas, el oro, las armas, el ron o la cocaína se esconden sin destilar perfume alguno y las únicas embarcaciones que huelen a algo son las de los vendedores de aves, donde las innumerables jaulas de metal esparcen un pestilente hedor en lugar de humo“.
Esta semana el Orinoco ha aparecido en todos los periódicos del país porque los presidentes Chaves y Lula se encontraron allí para inaugurar el segundo puente sobre el río que, a parte de integrar la región de la Guayana, permite una vía de transporte más ágil con Brasil y los países del Mercosur.
El petróleo es una de las cartas con que cuenta Venezuela para tener voz en esa partida de póker geopolítico de comienzos de siglo XXI. Me comentan algunos amigos venezolanos que hay pozos en el lago Maracaibo pero que el Orinoco es la gran reserva de oro negro del país, a penas explotada.
A veces resulta curioso desenpolvar libros antiguos de geografía e historia para leerlos con una mirada actual. En un opúsculo de la Biblioteca Popular “Turismo Andino” titulado leyendas de Venezuela (Mérida, 2003), encuentro una reproducción de la General y Natural Historia de Indias, escrita en 1548. Dice:
La isla de Cubagua, como ya mencioné, es pequeña y puede cubrir tres leguas más o menos (…) Tiene la isla de Cubagua un buen puerto en la parte del Norte y delante de ella, a una legua, está la isla Margarita (…) Tiene en la punta Oeste una fuente o manadero de un licor como aceite, junto a la mar, tan abundante que corre aquél betún o licor por encima de la mar (…) Algunos de quienes lo han visto dicen que es llamado por los naturales stercus demonis; otros lo llaman petrolio, y otros lo llaman asphalto. Hallan que este licor es utilísimo en muchas cosas(…) y de España lo mandan a pedir con mucha instancia, dada la experiencia que poseen los médicos (…) He oído decir que es un remedio provechoso para la gota y otras enfermedades que proceden del frío.
Por aquellas conexiones mágicas que tienen a veces las ideas, este mediodía, Iván R. Méndez, director de contenido de analitica.com, se refiere al stercus demonis y a sus usos medicinales en la España colonizadora durante una agradable conversación sobre el día a día de la Venezuela actual y su fervor pre-electoral.
Leo en la Folha de São Paulo que más de 200 personas de la etnia Terena ocuparon una carretera en el estado de Mato Grosso do Sul portando armas artesanales; lograron que se produjeran retenciones de hasta 15 kilómetros. Reivindican la ampliación de de los límites de su territorio (unas 2.000 hectáreas, donde viven 3.800 habitantes).
Paso el fin de semana en una fazenda de café en Pinhal, una zona montañosa entre los estados de São Paulo y Minas Gerais. Hasta comienzos del siglo XVIII, estas eran tierras de los Caiapós, que -como tantos otros pueblos de la zona- fueron apartados para que los colonizadores pudieran establecer sus negocios (en este caso, sobre todo de café).
A pesar de que el comercio del café en Brasil perdió fuerza desde la crisis económica de 1929, el café que se recolecta en la zona (comercializado por la cooperativa Coopinhal), ha recibido varias distinciones internacionales y sigue exportándose a varios países.
La ciudad también tiene una fábrica con 50 años de antigüedad que ha logrado una expansión internacional. Se trata de la Pinhalense, una empresa que vende maquinaria para procesar café, y que cuenta con clientes de numerosos países productores, incluyendo algunos de África y varios de América Latina.
La interacción entre los humanos sigue unas leyes complejas; en ellas, el dinero y el poder (o sus opuestos, la falta de dinero o la pérdida de poder), son variales constantes de la fórmula. Otra variable esencial es el contacto físico.
Recientemente, en YouTube ha tenido gran éxito un video rodado en la céntrica Avenida Paulista de São Paulo. En él se ve a Ary Itnem Whitacker con un cartel que pide a los paseantes: “Dá um abraço?” con música del grupo Megarex.
Lástima que demasiadas veces, las incógnitas de esta fórmula universal se mezclan y los abrazos se pagan, el dinero es poder, o el poder de los abrazos se encuentra en franca devaluación.