Anoto unos versos del poema “Tan solo” de la polifacética formosina Nacha Rios; lo publicó en su última obra Soy de aquí y de allá también, que acompaña de una cuidada banda sonora con mucho chamamé:
(…) Dejar suicidar una idea mal parida no está mal.
La ambición produce ideas malas tripas
y el poder se encarga de darle malas formas (…)

En el avión que me lleva de Corrientes a São Paulo, leo este libro que mezcla poemas de bellas imágenes con prosa en forma de narraciones o descripciones -un tributo a ese gigantesca serpiente de agua de más de 4.000 kilómetros que nace en Brasil y llega hasta el Río de la Plata, entre Argentina y Uruguay.
La tarde anterior fuimos con Mabel, Elvira y Cristina hasta el Paso de la Patria para ver los colores del espectacular atardecer sobre el río sentados en la Cabaña de don Julián.
Cuando nos íbamos, don Julián salió al patio de la hostería para saludarnos con deambular pesado, los rasgos del rostro chupado bien marcados, la guayabera blanca y un tono firme y con cierta ironía. Nos invitó a sentarnos bajo un inmenso flamboyant en flor y nos explicó la larga y rica historia desde que emigró a Argentina casi cincuenta años atrás.
Don Julián salió de Calatayud cuando era joven y el país vivía una larga y oscura posguerra. Tomó el barco en busca de un futuro mejor, llegó a Buenos Aires, trabajó un tiempo limpiando un cine porteño, pero pronto se fue hasta Neuquén, donde comenzó en el mundo de la fruta. Un tiempo más tarde, y después de haber reunido algún dinero, pudo viajar hasta las Cataratas de Iguazú, donde quedó impresionado por el río, las tierras fértiles que baña y los sabrosos y enormes peces que cría, el dorado y el surubí. Después de unos cuantos años y algunos avatares, don julián regresó al río donde, a parte de casarse y tener hijos, levantó la hostería que lleva el nombre de Cabañas de don Julián.
Como casi todas las historias de emigrantes, la de don Julián tiene mucho de resiliencia, de supervivencia y de gran deseo de salir adelante. Me llamó especialmente la atención un episodio ocurrido la primera vez que estuvo en la zona del Paraná. Se dio cuenta de que, en aquellos parajes, frutas como la pera eran muy caras porque no se producían allí, de modo que pensó que sería bueno dedicarse a trasnportarlas desde el sur, donde el clima es más fresco y crecen bien. Una temporada que la cosecha de pera fue especialmente buena, don Julián invirtió sus ahorros en cargar tres vagones de esa fruta en la zona de Neuquén para transportarlos hasta el norte del país, cruzándolo de suroeste a nordeste por los interminables prados de hieba baja con vacas pastando.
Sin embargo, ocurrió algo inesperado: cuando el cargamento ya había partido de Neuquén, los ferroviarios empezaron una gran huelga que dejó los trenes parados durante 24 días. Naturalmente, las peras -y los ahorros de don Julián- se pudrieron sobre las vías. “Pero así es la vida”, nos explicó, “de nuevo sin una perra en el bolsillo, regresé a Neuquén donde me puse a trabajar otra vez, hasta que tuve suficiente para volver al Río, y entonces fue cuando compré la primera hostería” (que no fue la actual, pero esta es otra historia de politiqueos y difamaciones que dejamos para otro día).
Enlaces de interés:
Nacha Ríos presenta “Soy de aquí y de allá también”
Cabaña Don Julián y Paso de la Patria – notas históricas
Río Paraná – wikipedia