Creatividad


He pensado que la población mundial lee mucho más de lo que reflejan las estadísticas: los textos de los envases de los productos manufacturados.
Por eso he pensado en los contenedores de basura como verdaderas bibliotecas (…)

La nueva biblioteca

Me acerqué a Nocilla Dream de Agustín Fernández Mallo con curiosidad y sin esperar nada especial, aunque había leído por ahí el adjetivo “rizomático” aplicado a su trilogía, a sus historias. Me engancharon las imágenes sugerentes que se sucedían una tras otra, a velocidad casi de anuncio de televisión. Imágenes que sólo un poeta físico o un físico poeta es capaz de imaginar.

Y siguió Nocilla Experience, un intermezzo que sirve para abrir la cortina de terciopelo a Nocilla Lab, un delirio austeriano narrado a ritmo de hip-hop, una historia de soledad en una isla al sur de Cerdeña con un bar que recuerda a otro bar que, al parecer, está en las Azores. Da gusto descubrir a un autor que no conocías y, sobre todo, dejarte llevar por el hilo (rizomático) de las historias que te cuenta.

Y por aquél azar (¿será el de la música de Auster, libro que hace de personaje secundario en Nocilla…?), justo al terminar de leer este delirio, recibo el mensaje semanal con el contenido de la revista digital de poesía La Nausea -editada por Marian Raméntol y Cesc Fortuny, poetas, igual como lo es Fernández Mallo. ¿Post-poetas, también?

En el número de esta semana de La Nausea encuentro un texto de Ricard Desola titulado: “El mundo como ciudad y la ciudad como mundo”, una sugerente reflexión sobre el cosmopolitismo activo -quienes se desplazan para conocer mundo (con la mente abierta y llenos de curiosidad, personas normalmente con ciertos medios económicos que, a la vuelta, regresan a su circulo más o menos selecto, más o menos culto)-, en contraste con el cosmopolitismo pasivo -entendido como el conjunto de personas que, mediante la inmigración, convierten en cosmopolita un lugar determinado.

¡Qué satisfacción, cuando te das cuenta de que, a pesar de tantos datos y de tantos titulares, aún quedan personas que, al contrario del borgiano Funes, el memorioso, todavía piensan y, con sus ocurrencias, nos hace pensar a los demás!

Enlaces de interés:
El hombre que salió de la tarta – Blog de Agustín Fernández Mallo

La Nausea – El mundo como ciudad… (texto completo)

- Nada por aquí, nada por allá… -explica el mago justo antes de sacar el conejo de la chistera.
- ¡Ooooh! -exclama el público cinco segundos más tarde, asombrado al ver el conejo.

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La prestidigitación es un arte antiquísimo. Más allá del espectáculo, del teatro, lo que me parece interesante es cómo los grandes magos han tenido que investigar en el campo de la percepción sensorial y descubrir cómo integramos esta información en el cerebro, lo que nos lleva a creer en algo que está lejos de la realidad. El conocimiento preciso ha permitido que los maestros creen trucos espectaculares que nos dejan con la cabeza llena de interrogantes, esas cosquillas a las neuronas que nos hacen pensar e imaginar.

(Casi) todos los espectadores saben que allí hay truco, (casi) todos están convencidos de que el mago no revelará el truco, y todos tratan de averiguar cómo ha sido posible. En Barcelona hay una de las tiendas de artículos de magia más antiguas; la fundó Joaquim Partagás en 1881, tras triunfar en la Argentina con sus espectáculos.

Otro tipo de ilusión es la que nos proporciona el cine. David Martí y Montse Ribé son dos artífices de los modernos efectos especiales que han logrado que miles de espectadores se hagan pequeños en la butaca muertos de miedo o que sigan con emoción el hilo de alguna historia entrañable. Aunque sus nombres no son de los que salen con letras grandes en los créditos ni en los carteles, quizás sí que muchos recuerden aquél ser fantástico que tenía los ojos en las palmas de las manos de la película El laberinto del Fauno, o aquél gigante de Hellboy, por poner solo un par de ejemplos. Se puede ver en Barcelona una exposición itinerante llamada El arte del engaño en la que, además de hacer un repaso a los grandes trucos del cine clásico, se pueden apreciar los detalles de los muñecos creados por DDT, y que valieron un Oscar a David y a Montse.

Ilusiones colectivas, sorpresa (y quien sabe si algo más). Mientras desayunábamos en su panadería, Joan me acaba de explicar otro tipo de ilusiones. En uno de los barrios de la pequeña ciudad en la que vivo hay muchos vecinos que, en su momento, emigraron desde Murcia. Como recuerdo, cada año durante las fiestas del barrio -que coinciden con la magia del solsticio de verano-, organizan un concurso de gachasmigas, un plato típico hecho a base de harina de trigo, aceite de oliva, agua y sal, con pedazos de longaniza, panceta y salchichas. Hace algunos años, y contra todo pronóstico, el concurso lo ganó un joven a quien no se le conocían antecedentes culinarios. Las migas que preparó después de revolver con energía la argamasa de harina tenían un sabor exquisito y hubo unanimidad, no sólo entre quienes formaban el jurado, sino también entre todos los que tuvieron el placer de probar esas gachasmigas, preparadas para la ocasión. Incluso los demás concursantes se rindieron ante el peso de las pruebas del rival, aparcaron la envidia y disfrutaron del manjar. ¿Cuál era el truco? ¿Cuál era el pequeño secreto de aquél joven? Pronto se supo -en los pueblos, las noticias vuelan-: había utilizado aceite o mantequilla de marihuana que hizo las delicias de los comensales.

Esta historia me recordó la escena final de El perfume de Suskind.

Ilusiones, magia, percepciones… El problema es cuando se va más allá del juego. A parte de quienes tienen la misión de entretener mediante la habilidad de crear una ilusión que engaña a los sentidos y a la lógica, existen los prestidigitadores sociales y políticos. De esos, sí que hay que desvelar sus trucos y, sobre todo, enseñar cómo detectarlos. Por suerte, el mundo es cada vez menos un escenario donde el público está sentado mirando al punto donde el protagosnita te hace mirar. El mundo hoy es, cada vez más, una red social conectada. El reciente fenómeno de twitter tras las elecciones en Irán son buena muestra de ello. Lo bueno de la prestidigitación, de la magia, de la ilusión, es saber que estás en un espctáculo y, con eso sabido, dejarte mecer. Sino es engaño, y eso es intolerable.

Enlaces de interés:
El Rey de la Magia
Exposición L’art de l’engany (El arte del engaño) en Barcelona
El laberinto del fauno – tráiler

De las dos entradas del café, ella siempre utilizaba la más estrecha, la que llamaban puerta de la sombra. Escogía la misma mesa, al fondo de la sala.

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Así empieza la novela el café de la juventud perdida de Patrick Modiano, una historia que mereció el premio de la revista francesa Lire en 2007, y cuya lectura vale la pena. Sin embargo, la cito porque este comienzo -que sugiere rutina, repetición- es justo lo opuesto de lo que quería explicar.

Stefan Zweig narra la grandiosa historia de la fatídica expedición del capitán Scott al Polo Sur en su libro Momentos estelares de la humanidad. Una historia de “segundos” en un mundo donde parece que lo único que cuenta es quien llega el primero. En un momento de la expedición, la comitiva se divide en dos:

Parten dos comitivas pequeñas, minúsculas. La una, en dirección hacia el sur, rumbo a lo desconocido. La otra hacia el norte, de regreso a la patria. Constantemente vuelven la vista, para percibir por última vez la presencia de un amigo, de un ser humano. Pronto desaparece la última figura. Solos, los cinco escogidos para esta hazaña –Scott, Bowers, Oates, Wilson, Evans– avanzan rumbo a lo desconocido.

Leía estas palabras documentándome sobre las expediciones polares, cuando sucedió algo curioso en Barcelona.

Desde hace unos meses hay algunas protestas de estudiantes contra la puesta en marcha del espacio europeo de educación que, en teoría, debería permitir la movilidad de los universitarios. No entraré en el fondo, porque es complejo y va más allá de una extensión de texto razonable. Lo que me llamó la atención son unos detalles de la forma.

La semana pasada, la policía desalojó a unos estudiantes que estaban en el rectorado de la Universidad de Barcelona y, ese mismo día, se organizaron varias manifestaciones por la ciudad que acabaron con cargas policiales pesadas, varios heridos de ambos bandos y unas imágenes poco civilizadas.

El caso es que se convocó una nueva manifestación y se anunció a través de todos los medios de comunicación. Además, se anunció su recorrido, por calles concurridas, céntricas y estrechas de la ciudad, a lo que los responsables del orden se apresuraron a responder: se blindarían las calles. Ante tal respuesta, quien más quien menos, esperaba una tarde caliente.

Al parecer, aquél día, horas antes del inicio de la protesta, la Rambla estaba tomada por la policía antidisturbios, las barreras en su lugar, el ambiente tenso, los estudiantes concentrados en el cercano edificio noble de la universidad pasándose consignas. Y muchos ciudadanos siguiendo los acontecimientos a través de Internet.

Los minutos avanzaban. Y las cercanías del lugar, desiertas. Los estudiantes salían del edificio de la universidad, libros bajo el brazo, y se largaban “a su casa”. Quizás los walkie-talkies de los mandos policiales dialogaban: “¿Se acercan?”, “No hay nadie”, “¿Mucha gente?”, “Un desierto”…

Y media hora después, la noticia que la marcha desfilaba pacíficamente justo en dirección opuesta a la esperada empezó a circular por los medios.

La creatividad, la diferencia, a menudo se encuentra en el camino contrario, en dejar de repetir la rutina -aunque sea un día- (y ver que el mundo sigue, quizás de una manera mejor), en aparcar el enfrentamiento y aplicar la inteligencia. A veces, la supervivencia también depende de ello. Quizás la receta serviría para algunos gurús de estas crisis mundiales.

Enlaces de interés:
Patrick Modiano – En el café de la juventud perdida
Comentario: Momentos estelares de la humanidad.

Aprovechando la primavera incipiente bajé hasta la playa para caminar y allí encontré una estatua que estaba naciendo.

birth - naixement

Lo que desde lejos parecía un bloque de granito que los servicios municipales hubieran colocado junto al camino para destinarlo a algunas obras indeterminadas, resultó ser el banco de trabajo de algún escultor anónimo (la playa estaba vacía a esa hora de la mañana) que estuviera ayudando a nacer a esa mujer -quizás, a esa sirena- de la piedra dura y fría.

El intenso olejae de la últimas tempestades habían hecho llegar hasta la arena muchas conchas, algunas de ellas bastante grandes y bien conservadas.

Como si de un fin de semana temático se tratara, el domingo me encuentro en Vilassar de Dalt, donde hay una feria de artesanía y encuentro abierto el museo de malacología “El Cau del Cargol”, que había visitado por última vez hace por lo menos 25 años. En el jardín trasero de una casa antigua en el centro del pueblo, Jaume Bot i Arenas, ingeniero que fabricaba maquinaria textil, fue coleccionando moluscos de todo el mundo hasta llegar a reunir cerca de 16.000 especies distintas. Es una de las colecciones más importantes del mundo.

Los moluscos son unos animales curiosos por varios motivos. En primer lugar, porque son tan débiles -no tienen esqueleto-, que deben protegerse con ese caparazón, en ocasiones bellísimo. Además, tienen la posibilidad de ir ensanchando la concha a medida que van creciendo y que sus necesidades aumentan.

Un ejemplo fascinante es el nautilo (Nautilus pompilius es, quizás el más conicido de la subclase). El nautilo es un ejemplo natural de espiral equiangular y, como otros moluscos, a medida que el animal va desarrollándose, a parte de hacer crecer la concha, cierra la parte interios que ya no usa, de modo que queda una cámara de aire.

Las técnicas de supervivencia utilizadas en el mundo animal merecen un análisis en relación con los tipos de personalidad y cómo actúan los humanos. Quien tiene caparazón, quien se viste de colores chillones para asustar, quien suelta tinta para despistar, quien se mimetiza con el entorno para pasar desapercibido, quien ruge, quien sale huyendo a toda velocidad…

Los moluscos son, además, escultores en cierto modo, o alfareros. Lo que sí es cierto es que ese torso de mujer que encontré en la playa, no es obra de ningún molusco. Si algún día averiguo quien es el artista, pondré su nombre aquí.

Enlaces de interés:
Cau del Cargol – Museo

¿Dónde estamos? -le pregunté.

En Matunga, señor. Todo esto que ve aquí es Dharavi, una zona de slums.

ull - eye

Hace un par de años tuve el honor de traducir el libro Sonrisas de Bombay de Jaume Sanllorente, en el que explica el gran trabajo que su organización está llevando a cabo para lograr la escolarización digna de muchos niños indios.

Cuando puedes traducir un buen libro y el editor te deja tiempo suficiente para hacerlo, ese trabajo se convierte en un placer que, a parte de permitirte jugar con las palabras y hacer y deshacer las frases, te pone dentro de una historia y te hace convivir con ella durante algunas semanas. Así conocí qué significa vivir para varios millones de niños y niñas que se pasean por los inmensos vertederos de la ciudad, que escapan de las mafias y de las redes que manejan la prostitución.

El otro día fui a ver la película dirigida por Danny Boyle Slumdog millionaire, que explica la historia de Jamal Malik y cómo ese niño salido de los slums de Bombay, llega a ganar la versión india del concurso: ¿Quiere ser millonario?. Independientemente de si esta noche gana muchos Oscar o no, y más allá del tinte hollywoodiense, la película me pareció interesante por tres motivos:

(1) Denuncia cómo operan algunos grupos organizados en ese país que se enriquecen a costa de esos niños y la lástima que logran despertar en los demás.

(2) Es una metáfora llevada al extremo de que, en realidad, cada momento de la vida puede ser clave para dar respuesta o para actuar en el futuro, en el sentido que de todo aprendemos -cuando estamos abiertos a prender, claro-.

Y (3) el hilo narrativo, la manera original que encuentra Vikas Swarup (autor del libro Q & A en el que se basa el filme) para explicar la historia y desenmarañar el ovillo. Jamal llega convertirse en un personaje entrañable -viéndolo, pensé en varias ocasiones en aquél Mr Chance de Peter Sellers, las personas-espejo.

El Tráiler de Slumdog millionaire:

Enlaces de interés:
Sonrisas de Bombay – Jaume Sanllorente
Sonrisas de Bombay – la ONG

En 1968, Andy Warhol dijo: In the future, everyone will be world-famous for 15 minutes, los parafraseados quince minutos de fama a los que todo el mundo tiene derecho en el siglo de la comunicación.


Brain in Tossa

Acompañamos a Tatiana a Tossa de Mar. Una de las historias que se repiten en ese pueblecito de la Costa Brava se remonta a 1950, cuando un equipo de Holywood se instaló en una de las calas para rodar la película Pandora y el holandés errante, en la que intervenían Ava Gardner -en la época esposa de Frank Sinatra- y el artista y torero Mario Cabré.

De Ella, hay una estatua de tamaño natural en el recinto del castillo, mirando al Mediterráneo. Cuando llegamos con Tatiana y Thaïs, también había un fotógrafo con cerebro que inmortalizaba a su compañera junto a la actriz de bronce.

Todavía hay quien debe tener unas cuantas historias personales sobre este vaivén de famosos para contar, más o menos deshilachadas por el paso del tiempo, más o menos exageradas o retocadas por el photoshop que sufre todo recuerdo evocado.

Justo esa noche leo el libro León de ojos verdes de Manuel Vicent, que me obsequió Mariano Madurga una noche que estuvimos cenando cerca del Born. Con la prosa habitual que describe unos seres humanos entrañables, Vicent explica la historia del miliciano Juanito Ruano, que vivió tres días de gloria junto a la escritora Dorothy Parker, otra dama que concentraba las atenciones varios notables de las letras.

Este analfabeto salido del agro valenciano había hecho gritar de deseo a una escritora neoyorkina que estaba en boca de todos los intelectuales y en la que confluían John Dos Passos, Hemingway, Scott Fitzgerald, Faulkner, Dashiell Hammett, Truman Capote y medio Hollywood (…)

Probablemente es cierto que todo el mundo tiene sus quince minutos de fama. Probablemente también es cierto que todo el mundo pasa dos minutos de su vida con un famoso, hecho que les permite alardear ante sus semejantes durante años. Algunos, como el miliciano Juanito Ruano, no sólo tuvieron dos minutos, sinó tres noches.

Leo en la prensa que hay conflictos entre las estatuas de la Rambla de Barcelona; entre los profesionales que hacen de estatuas humanas y posan disfrazados para las cámaras de los turistas a cambio de algunas monedas. Al parecer, bajaron de sus pedestales y se acusan de acoso y extorsión.

fallen angel

El movimiento “slow” en tiempos de vértigo parece la respuesta lógica para evitar seguir ascendiendo en la espiral sin fin que sólo es la pista de despegue hacia la irracionalidad. Alguien que prmanece inmóvil frente a un río de caminantes. Alguien que decide no engullir los alimentos para volver a saborearlos. Alguien que decide tomarse diez minutos para pensar antes de tomar una decisión -no por miedo a equivocarse, sino para poder aclarar qué es lo que en realidad desea.

Paradojas: un amigo me llama estresado porque los martes está haciendo un curso anti-estrés y los jueves y los sábados acude a un centro anti-estrés, pero no sabe cómo hacer para seguir las recomendaciones que le dan uno y otro.

En estas reflexiones sobre cómo usamos el tiempo, Cati Milone me pasa un enlace con las magníficas fotografías de Yann Arthus-Bertrand que muestran el mundo en picado, un punto de vista diferente que ayuda a relativizar cómo creemos que son las cosas desde nuestra perspectiva habitual, situada entre uno y dos metros del suelo.

La fotografía permite congelar un instante y contemplarlo. De algún modo, da tiempo al tiempo (aunque sea a costa de unos minutos del observador, que indudablemente sale enriquecido de la experiencia). Sino, tómense diez minutos para entrar en la página del fotógrafo Gregory Colbert y déjese mecer por la acronía -que no exanimia- de sus imágenes correspondientes a la exposición Ashes and snow.

Cuando el trabajo aprieta y los plazos se acercan vertiginosamente, suelo abrir el cajón para mirar la postal del elefante pacíficamente sentado junto al niño que lee, que me regaló hace unos meses José María del Valle. Aprender a dilatar el tiempo, igual como saben hacer algunos cantantes con su voz.

Enlaces de interés:
Página de Yann Arthus-Bertrand – La tierra desde el cielo
Yann Arthus-Bertrand – proyecto 6 mil millones de otros
Gregowy Colbert – exposición Ashes & Snow

Hay una característica del comportamiento de los primates que forma parte de ese paquete de conocimientos básicos que nos llega durante la infancia en una mezcla de tradiciones, cultura popular y sabiduría de bolsillo: los monos son animales que imitan.

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Cuenta la historia que durante el período de descanso del mediodía, el neurofisiólogo Vittorio Gallese estaba en el laboratorio donde llevaba a cabo algunos experimentos para conocer mejor un área del cerebro de los macacos; uno de los animales estaba sentado en un taburete detrás de él, y todavía tenía implantados unos electrodos que registraban mediante un ‘clic’ cada vez que se activaba un grupo de neuronas encargadas de iniciar el movimiento para asir algún objeto. De repente, al investigador le cayó algo al suelo y, al ir a recogerlo, escuchó el ‘clic’ procedente del electrodo del animal: el macaco activó las neuronas como si él mismo tuviera la intención de recoger algo del suelo, aunque no se movió.

Así se llegó a un importante descubrimiento sobre las neuronas y su funcionamiento, que ha permitido conocer con mayor profundidad aspectos como por qué sentimos empatía o la relación que existe entre la percepción y la acción. Se trata de las neurona espejo ubicadas en la llamada área de Brocca.

La existencia de la imitación estimulada por la visión de una conducta determinada en un par, mediada por este tipo de neuronas, permite explicar algunas conductas. Por ejemplo, por qué a menudo intentamos convencer a los niños de que no hagan algo (aunque nosotros sí lo estemos haciendo continuamente) y, naturalmente, los niños ignoran nuestras palabras, porque en realidad no siguen órdenes, sino que imitan conductas. Parece más eficaz el haz lo que hago que el haz lo que digo.

Marco Iacoboni acaba de publicar Mirroring people, un buen libro sobre las neuronas espejo y el amplio campo de investigación que se ha abierto entorno a ellas.

Quizás uno de los temas más interesantes es la relación de estas neuronas con la empatía. Al presenciar una conducta o una emoción en otra persona, tenemos la capacidad para sentir algo parecido y, por tanto, comprendemos cómo se siente el otro. Uno de los ejemplos para explicar la empatía es el efecto que produjo sobre los espectadores observar el cabezazo en el estómago que el jugador Zidane propinó a un jugador rival en alguna final de fútbol y la expresión de dolor de quien recibió el golpe. La publicidad directa o indirecta, usa y abusa de las neuronas espejo, y en ellas radica la eficacia de una buena campaña promocional.

En relación con uno y los demás, Maria me muestra un vídeo que unos compañeros de su clase realizaron el año pasado para la asignatura de filosofía. Me pareció una buena reflexión sobre uno y los demás, sobre imitación de conductas y sobre cómo los demás modelan nuestra manera de ser. Los autores son: Xavier Armiñana, Ervin Nana, Jan Bosch y Miquel Coll.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente.

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Antes de ir hasta Ikea para adquirir algunos muebles que necesito, decido releer las Historias de cronopios y de famas de Julio Cortázar. Instrucciones para subir una escalera resulta siempre estimulante.

No se si Cortázar, hoy, escribiría unas Instrucciones para acercarse a Ikea y montar un mueble. En realidad, cuando has pasado un par de veces la prueba de salir exitoso de un montaje-ikea, la cuestión pasa a tener la misma complicación que subir una escalera; es algo casi automático. Aunque se puede complicar para añardir diversión.

Cuando llego a casa con la mercancía (dos sillas, un par de camas, una mesa, una mesita y unos estantes), decido colocar todas las cajas, uno después de la otra, siguiendo las paredes del comedor, de modo que el centro queda vacío. Rompo el precinto de las cajas y las abro por orden.

En el espacio central lleno de nada voy colocando, al azar, las piezas de las siete cajas; luego, en una bolsa de papel del supermercado pongo el contenido de las siete bolsas de tuercas y tornillos, así como las llaves para colocarlos en los agujeros correspondientes. Luego, voy a la playa durante una hora para asegurarme de que he olvidado el contenido original de cada una de las siete cajas.

Al regresar decido empezar a montar los siete muebles, sin mirar las instrucciones, con el objetivo de que no sobre ninguna pieza, meta que alcancé dos días, cinco horas y siete segundos más tarde. La idea de fondo es alargar al máximo el entretenimiento, montar, desmontar y volver a montar al revés, hacer cundir tanto como sea posible los quinientos euros que invertí en mis vacaciones de agosto.

Mañana iré a buscar una mesa de escritorio, un somier -los somiers son piezas muy agradecidas en este tipo de ejercicios- y una lámpara de papel de estilo japonés para colocar en el suelo. Así espero llegar hasta que se termine mi período de asueto.

La táctica no es original; un corredor de seguros con quien coincidí en una de las largas colas del establecimiento me explicó que era el entretenimiento favorito de un pariente suyo. Todo sea por la creatividad aplicada al día a día.

Busqué en Google: “ikeamania” es una palabra que aparece en 645 páginas web. Una de curiosa es la del Traveling Apothecary, un personaje que conoce la manera de curar la ikeamanía. Otra, las fotografías con la palabra clave “ikea” colgadas en Flickr: 150.000 imágenes.

Enlaces de interés:
Para curar la Ikea-manía

(…) y mientras esto sucede, suena mi móvil con un número privado.
- ¿Sí? -respondo.
- Buenas tardes. Me llamo Oriol y soy el ayudante del comisario Bélmez.

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Cada mañana, sobre las 6:15, después de comentar los titulares del día, el periodista Jordi Basté hace un alto en el ritmo trepidante que, a aquella hora, amenaza cualquier magazine radiofónico, para leer cuatro líneas de un relato por entregas sobre la vida del llamado asesino de las Geox y un tal comisario Bélmez.

La tradición de la novela por entregas es antigua y fue, durante décadas, la manera de acercar las historias a los lectores que esperaban, a diario o cada semana, el nuevo capítulo que les permitía acompañar a los protagonistas de la historia, seguir escudriñando su vida.

En algunas emisoras, las radionovelas tuvieron un éxito espectacular durante la época previa a la trelevisión y, desde entonces, las telenovelas o culebrones logran unos índices de popularidad extraordinarios, con todo lo bueno y lo malo que eso tiene.

Hacia 1999 me di cuenta de que uno podía estar al día de cualquier culebrón sin sentarse ni un solo minuto frente al televisor. Bastaba leer las tres líneas de sinopsis que cualquier periódico reproduce en las páginas con la programación del día. En aquella época me movía bastante por la redacción del periódico El Punt en Mataró, y llegué a proponerle a Manel Cuyás la publicación de un inexistente culebrón televisivo que únicamente podría seguirse a mediante la lectura de las sinopsis diarias en el periódico. La idea no llegó a buen puerto debido a problemas de espacio en la sección, y acabó enterrada en algún cajón que, a menudo, es donde mejor están las ideas.

En cualquier caso, hace unos meses descubrí estas perlas del programa de Basté, y me alegré de que alguien hubiera tenido la idea de dar un espacio a microrelatos que, como los átomos al unirse, acaban formando una gran molécula, una narración con personajes que evolucionan en un mundo mitad real y mitad imaginario. Frente a la imparable avalancha de información y a la prisa que el mundo parece tener, se agradecen los remansos, aunque sólo sean novelas en gotas, cuatro líneas bien entonadas acompañadas de una pieza musical que tiene la virtud de dejar que los personajes cobren vida en la mente de cada uno.

Enlaces de interés:
Emisora RAC1 (en catalán)

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