Lavandería de turno

A ditadura que tanto sofrimento causou veio finalmente abaixo: era um regime sem futuro, como todas as ditaduras. (…) Como se houvesse uma ordem natural, algo maior que orientasse o real rumo a um fim mais nobre.

La ventaja de llevarte una tablet de viaje es que cargas menos peso lo que te permite… ¡ir comprando mas libros de papel! y eso fui haciendo estas semanas. Mientras esperaba en la estación de Burdeos para subir al TGV hacia París, encontré Les pubs que vous ne verrez plus jamais (spécial santé) 160 páginas con antiguos anuncios relacionados con la promoción de la salud (de la mala salud, en la mayoría de los casos). Me pareció interesante para renovar el material de algunas clases y conferencias. Unos días más tarde ya hice uso al hablar sobre innovaciones terapéuticas y, para dar resaltar la importancia de relativizar las verdades científicas, puse el ejemplo de un anuncio de 1930 donde se ve a un niño sonriendo feliz llevando un jersey de Laine Oradium que producía, según el fabricante, “un sano y dulce calor radioactivo“. Me gusta este tipo de ejemplos para convencer de la importancia de dejar asentar la información, incluso en estos tiempos huracanados, incluso en la era Excalibur. Excalibur era el perro de la primera persona infectada por el virus Ébola fuera del continente africano, que se convirtió en trending topic en las redes sociales cuando se tomó la decisión de sacrificarlo con respaldo judicial y político, pero poco criterio sanitario o virológico.

En el aeropuerto de Río de Janeiro, mientras esperaba la conexión hacia São Paulo, compré Alabardas, alabardas, la novela inacabada e inédita hasta ahora de José Saramago. Se trata de menos de cincuenta páginas que esbozan perfectamente la idea que tenía el autor de describir un personaje (Artur Paz Semedo) que trabaja en una fábrica de armamento y vivía con una pacifista militante. Como muestran las pocas páginas de la historia, es un análisis de la responsabilidad ética de las personas con ellos mismos y con los demás, pequeños descuidos, leves brechas de indolencia que son las que acaban teniendo consecuencias.

En el aeropuerto de São Paulo, ya de vuelta a Río, encontré Da minha terra à Terra, una biografía del gran fotógrafo Sebastião Salgado que surge de sus conversaciones con Isabelle Francq; la frase con que empieza esta entrada, pertenece a él. Salgado tiene una obra esencialmente humana que hay que ver en gran formato y, si es posible, en una sala con poca iluminación para que nada distraiga la cascada de emociones que despierta cada una de sus imágenes. Una de las frases que marqué en este libro tiene que ver con la paciencia (que vale en el caso de las innovaciones terapéuticas) y también con la ética del mundo. En África, trabajando como economista tuvo la oportunidad de ver cómo era el mundo de verdad; explica:

(…) Lélia y yo constatamos que el mundo está dividido en dos partes: por un lado, la libertad para quienes lo tienen todo; por otro, la privación de todo para quienes no tienen nada. Y fue este mundo digno y privado de casi todo, el que decidí fotografiar para una sociedad europea suficientemente atenta para escuchar la llamada.

Cuando regresé a Barcelona dos semanas y más de veinte mil kilómetros después, Gregori Dolz de Editorial Alrevés, tras una agradable conversación me regala el ensayo de Alberto Domínguez Ciorán. Manual de antiayuda sobre la perspectiva de este pensador francés; la cita del frontispicio es de Houellebecq y empieza: “La sociedad en que vivimos quiere destruirnos“. Y decido dejar el libro para dentro de unos meses, cuando veamos hacia dónde va la epidemia de Ébola y cuando ya se hayan resuelto unas cuantas incompetencias políticas y bastantes… “embolsillamientos”. ¿Será que la RAE incluirá pronto esta palabra en su diccionario para designar a todos aquellos que distraen dinero que no es de todos para comprarse vinos, joyas, diversión e incluso miserables helados? Desafiemos el pesimismo de Ciorán por una vez y vamos a creer un poco en esa justicia natural que debería acabar imponiendo su ley frente a tanto podredumbre… ¡Llevemos una bolsa inmensa de colada sucia de la sociedad a alguna de esas hermosas lavanderías de Burdeos! A ver si somos capaces de evitar ese fin que había previsto Saramago para su novela inacabada que, en una nota en su ordenador, dejó escrito:

O livro terminará com um sonoro “Vai à merda”, proferido por ela. Um remate exemplar.

Enlaces de interés:
Sobre los excelentes poderes del radio

Publicado en Libros, Resiliencia | deja un comentario

Los ‘rock happy’ de la II Guerra Mundial

Albert preguntó: “¿Hay ballenas por aquí?”. “No muchas”, contestó el marinero. “Pues creo que tenemos una frente a nosotros”, dijo Albert mirando a través de los prismáticos la masa negra que se divisaba sobre las olas en el horizonte. “Allí, mire”. El marinero se inclinó para poder mantener el timón con el pecho y enfocó los prismáticos que Albert le tendía. “¿Eso una ballena? Es su maldita roca.”
David Forrest

Como cualquier islote que se precie, Fernando de Noronha también fue lugar de reclusión de deportados y extranjeros no gratos, delincuentes y presos políticos; para ello, contaba con la ventaja de ser una isla de dimensiones reducidas y, además, estar, como dirían en la época, a 64.000 leguas de tierra firme, un brazo de 360 kilómetros de Atlántico ventoso y bravo. Actualmente en Vila dos Remédios, el núcleo principal de la isla, se pueden ver las ruinas del antiguo presidio mordidas por el abandono, el salitre y el avance imparable de la vegetación selvática. De esa época abundan muchas historias, ya que tienen los elementos narrativos básicos para que funcionen: 17 kilómetros cuadrados de tierra boscosa rodeados de aguas agitadas; asesinos violentos, ladrones sagaces y otros elementos a quien preferirías no encontrarte en la oscuridad; muchos escondites y el temor que nos origina la incertidumbre unida a la imaginación de la noche. Iba a hablar de ellas, sin embargo esta semana recibí un documento por correo postal que es el relato de una misión fracasada del ejército norteamericano en Fernando de Noronha durante la II Guerra Mundial.

Las novelas o el cine han ayudado a que identificásemos dicha contienda con la Vieja Europa, el norte de África, Japón o los Estados Unidos, pero no una isla diminuta del Atlántico. Cuando buscaba información sobre el archipiélago antes de viajar a él, di con una referencia de la Air University Library en Maxwell Field, Alabama. Resulta que en octubre de 1960 desclasificaron un documento del ejército norteamericano titulado History of the Air Transport Command on Fernando de Noronha, firmado por el sargento Bill A. Rips en junio de 1945, y con sello de registro fechado el 8 de diciembre de ese mismo año. Les escribí y un par de semanas más tarde recibí en mi domicilio un sobre naranja de la Air Force Historic al Research Agency que contenía un pliego de 41 páginas tamaño letter con la curiosa narración de una operación militar aparentmente fracasada.

Fernando de Noronha tiene una ubicación peculiar en el Atlántico: está un poco al sur del Ecuador, frente al extremo más oriental del continente americano o, dicho de otro modo, es el punto más cercano a la costa africana. Esta posición tiene un valor estratégico notable, que aprovecharon la primera navegación marítima y los primeros vuelos transatlánticos. En el año 1934, Air France construyó una precaria pista de aterrizaje, pero ya hacía tiempo que su predecesora, Aéropostale, se había establecido en la isla donde llegaban los hidroaviones en vuelo directo desde Dakar (Senegal); fue la época de pioneros del aire como Jean Mermoz o, sobre todo, Antoine de Saint-Exupéry. Aéropostale se convirtió en Air France, los hidroaviones dejaron paso a los modelos que aterrizaban en la pista y poco después el mundo vivía con preocupación la II Guerra Mundial.

El 20 de mayo de 1942 el comandante estadounidense V. Jamison visitó Fernando de Noronha; poco antes, militares alemanes habían hecho lo mismo con la intención de adelantarse a los Estados Unidos y ganar terreno a los Aliados; sin embargo, en 1941 Brasil y los Estados Unidos habían firmado un acuerdo político-militar que posibilitó que un destacamento norteamericano se estableciese en la isla durante casi dos años, construyese la actual pista de aterrizaje y dispusiese de un importante enclave estratégico en el Atlántico Sur durante los años decisivos de la Gran Guerra.

Lo curioso del documento es que narra con detalle las peripecias de la misión. En la isla no había ningún puerto, lo que dificultaba enormemente la descarga tanto del material como de los bidones de combustible que serían necesarios cuando el aeropuerto funcionase a pleno rendimiento. En las obras participaron un centenar de norteamericanos y setecientos brasileños, pero todo iba a un ritmo, para entendernos, tropical: en junio de 1942 se planificaron las obras, en septiembre se empezó la construcción de un aeropuerto adecuado para los bombarderos y en enero de 1943 sólo se había completado un uno por ciento del proyecto. Finalmente, la pista se puso en funcionamiento a comienzos de 1944, pero el aeropuerto sólo estuvo operativo cinco meses, durante los que aterrizaron y despegaron 134 vuelos. Finalmente se percataron de que la falta de disponibilidad de combustible era un problema importante: los barcos de la marina norteamericana no podían atracar en la isla porque no había puerto, de modo que debían desembarcar los bidones lejos de la costa y éstos se tenían que hacer llegar a la playa. Además, la marina tenía otro papel importante: detectar y atacar posibles submarinos del Eje que navegasen por el Atlántico Sur. Así pues, el 15 de septiembre de 1944, el ejército decidió abandonar las instalaciones aéreas en la isla, y ésta sólo sirvió de base de la marina durante los pocos meses que quedaban para el fin de la guerra.

A parte del fracaso en la planificación y ejecución del proyecto desde el punto de vista estratégico y operativo, el informe de la misión en Fernando de Noronha pone de manifiesto las discusiones entre el ejército y la marina del mismo bando destacados en la isla. Un oficial se queja: “me resulta difícil entender por qué se bajaron alimentos de la bodega para poder embarcar equipaje de ocio como una mesa para jugar a los dados (que sólo servirá para divertir a unos cuantos oficiales de la marina que, además, tienen prohibido jugar)”. El trabajo en la isla se describió como meramente rutinario, excepto en febrero de 1944, el mes “pico”. A pesar del fracaso, las autoridades militares tenían clara una cosa: no podían permitir que los militares destacados en Noronha se convirtiesen en los “rock happy” o los “Fernando happy”, de modo que idearon un sistema de rotación por el cual, cada dos meses y medio todos los destacados regresaban al continente. La estrategia y la visión podían fallar (o quizás sólo pretendiesen alejar las aspiraciones de las fuerzas del Eje de poner los pies en el continente americano), pero lo que no se podía permitir de ningún modo es que los militares fuesen felices, porque los felices no hacen la guerra; más bien hacen el amor. Leyendo este informe recordé la divertida sátira de David Forrest Y a mi sobrino Albert le dejo la isa que gané a Fatty Hagan en una partida de póquer. Realidad y ficción, a menudo van de la mano.

Enlaces de interés:

http://aerostories.free.fr/juniors/queven02/aeropostale/aero_carte.JPG

Historia de l’Aéropostale

Publicado en Postales | 2 comentarios

Historias de tiburones

En la playa del Cachorro, una hendidura estrecha en la roca conduce a una enorme galeria cavada por el mar. (…) Fue en esta caverna -dice la leyenda- que el capitán Kidd escondió el tesoro acumulado tras los asaltos a los galeones repletos de oro y piedras preciosas.

Las islas acostumbran a ser lugares propensos a las leyendas e historias más o menos truculentas; también son un escenario excelente para la novela negra. Fernando de Noronha, un archipiélago de origen volcánico situado a casi 400 kilómetros del extremo más oriental de Brasil (y, también del continente Americano), no se libra de ello y hay unos cuantos motivos que lo explican. De entrada, el paisaje, con una aguja vertical de 321 metros junto a la praia da Conceição, que el imaginario de los pescadores convirtió pronto en un gigante y numerosas brechas en las rocas basálticas donde la mente humana ha escondido supuestos tesoros fabulosos como el del capitán Kidd. Y, luego, el hecho de que la isla se convirtiese pronto en presidio para deportados de Portugal y de Brasil o fuese un punto estratégico durante la II Guerra Mundial, cuando molts militares norteamericanos tuvieron un destacamento. Por lo menos dos libros recogen decenas de estas leyendas: Lendas e fatos pitorescos de Marieta Borges Lins e Silva, de donde procede la cita con la que empieza esta entrada y Fernando de Noronha, de Ilha Maldita ao Paraíso, de Ely Pereira de Avila.

Conocía la existencia de Fernando de Noronha desde una de las primeras veces que visité Brasil, pero decidí viajar allí siguiendo un hilo de ideas que partió de la obra de Thomas More, puesto que aseguran que este pensador del siglo XVI se inspiró en la narración que Américo Vespucio hizo del descubrimiento de este archipiélago al escribir sobre su famosa isla, Utopía. Pero no es eso lo que quería comentar ahora, sino algo que me llamó la atención al ir hablando con varios isleños: la importancia de los tiburones.

En el Atlántico hay numerosas especies de tiburón, y en Fernando de Noronha predomina una, el tiburón limón (Carcharhinus acronotu). Estos escualos también están rodeados de numerosas anécdotas, se cobran varias víctimas cada año en todo el mundo y gozan de un cierto halo de ferocidad al que ha contribuido notablemente la industria cinematográfica. En Noronha, incluso existe un interesante Museu do tubarão y una de las conferencias semanales que organiza el Projeto Tamar la da precisamente Leonardo Veras, su director; en la isla, todo el mundo recomienda “la conferencia de los viernes”, y naturalmente, allí estaba a las ocho de la noche el viernes 1 de agosto. Una de las sorpresas agradables es que, precisamente aquél viernes, la conferencia era doble, la de Lorenzo Veras y, a continuación, la inesperada exposición de Chris Fischer, el director del Proyecto Ocearch que precisamente aquellos días estaba dando la vuelta al archipiélago con su barco para tratar de identificar y marcar tiburones adultos con el fin de poder rastrearlos y conocer mejor las rutas migratorias y las causas de la muerte prematura de algunos ejemplares. Pero tampoco quería hablar de esto, que dejaremos para otro día.

Lo que me llamó la atención en Fernando de Noronha es que todo el mundo con quien hablas tiene historias de tiburones para explicar y, tarde o temprano, todos acaban preguntándote si ya te has cruzado con un escualo, especialmente si te ven cargando unas gafas subacuáticas y unos pies de pato. Es el tema de conversación en la isla, igual como en otros lugares lo son las historias de una guerra pasada o anécdotas en la selva. Quien más me habló de tiburones fue Peixoto, la pareja de Venusa y dueña de la Pousada Alto Mar (muy recomendable, por cierto). Una noche que la pesca había ido bien y Peixoto llegó con un enorme dourado y una cavala que preparó a la brasa, envuelta en hoja de banano, empezó a explicar sus encuentros, primero con lo que llamó tiburones “normales” (o sea, ejemplares de tres metros de largo que se acercaban habitualmente a él durante sus expediciones submarinas). Ahora bien, su “capítulo estrella” era el encuentro con un tiburón un tanto especial. Al parecer, había salido con un par de visitantes para hacer buceo en profundidad; él bajó primero y, al darse cuenta de que los otros dos no lo seguían, miró hacia arriba y vio que allí estaban, descendiendo poco a poco. De pronto, se dio cuenta de que le hacían señas que no tenían nada que ver con las convenidas hasta que pensó que quizás le indicaban que mirase hacia el lado contrario y, cuando lo hizo, vio que un enorme tiburón-martillo se acercaba a él a toda velocidad; no acostumbra a llevar ni machete ni arpón, y de nada hubiera servido intentar huir, por lo que pensó lo peor hasta que, cuando el enorme animal estaba a un par de metros, recordó que tenía el respirador auxiliar, de modo que lo accionó dirigiendo las burbujas de oxígeno hacia el animal, que se asustó y cambió de rumbo.

Dos días después, escuché a Peixoto contar la misma historia a otros huéspedes de la pousada, y fue cuando pensé que, en una isla como Fernando de Noronha, las historias de toda la vida, que contaban los abuelos a los nietos cerca del fuego, son historias de tiburones y otros grandes animales, de temporales y olas gigantes. La mañana antes de tomar el avión de regreso al continente, bajé a la praia do Cachorro, justo al lado de esa brecha en las rocas donde supuestamente el capitán Kidd escondió su tesoro. Había visto el museo del tiburón, había estado en la playa del Buraco da Raquel donde se aparean los tiburones por la mañana junto a la costa y había estado en la conferencia sobre estos escualos, pero no me había encontrado ninguno. Esa mañana, me despedía de las aguas transparentes del archipiélago y, cuando regresaba hacia la costa, de pronto lo vi nadando tranquilamente. Me quedé quieto, como recomiendan; era pequeño y debía estar más asustado él que yo. Le tomé unas fotos y me quedé con la agradable satisfacción de pensar que si hay ejemplares jóvenes, eso significa que hay esperanza para una especie que, como explicó Chris Fisher, más que ser una amenaza para el hombre, es el hombre quien constituye una amenaza para su supervivencia.

Enlaces de interés:
Fernando de Noronha (wikipedia)
Sobre Utopía (wikipedia)
Ocearch – Expedition Brazil (July-2014) (youtube)

Publicado en General | 1 comentario

Novela negra

Cementerio de Carabanchel: ya da igual el nombre y la edad de la víctima: todas fueron idénticas en el miedo y en el frío: en la sorpresa de la muerte y en esa imposibilidad de sujetarse el alma con las manos: a Maximiliano Luminaria (cirujano) le dan una pena terrible aquellas vidas que se fueron antes de tiempo

No es extraño que haga referencia a alguna novela negra o que “negree” en este blog. Sicilia con Camilleri, Sudáfrica con Roger Smith, o Estonia con Sofi Oksanen, sólo por citar algunas. Normalmente coinciden con viajes a esos lugares, porque creo que la novela negra, por su fondo, su forma y sus reglas, a pesar de la ficción, permite dibujar la sociedad de un modo mucho más real que otro tipo de literatura. La novela negra puede llegar a ser como leer unos cuantos periódicos locales, con un hilo conductor que te hace pasar páginas; ese es el poder de una buena historia. Lógicamente, tiene sus arquetipos y requiere los artilugios narrativos que utiliza la literatura para mantener vivas las ganas de seguir avanzando, pero una buena historia y un personaje memorable, logran hacerte ver un lugar de una forma distinta y original, conociendo tanto lo evidente que suele mostrarse al forastero, como sus sombras.

Leí sobre Carabanchel sin tener previamente ninguna intención de ir a ese barrio de Madrid. Leí esta historia sin haberme planteado leerla ni habérmela comprado. Tampoco es que fuese a una librería a buscar otra novela y, al ver esa atractiva portada, decidiese comprarla. Me llegó de un modo distinto (que es como llegan los grandes libros). Siguiendo a @GregoriEditor en Twitter, tropecé con algunos mensajes que no comprendía. Tenían en común el hashtag #muelle14 y eran algo intrigantes. Por ejemplo:

@GregoriEditor 27 marzo: Alibiworld la tela de araña, la cortina de humo, el tinglado, la tapadera el laberinto ciego: mentimos para tu bienestar.

y este:

@abrirunlibro 4 abr: @dsdmona @2davidgomez No son comparables. Nunca creí que me gustaría un libro donde se pasa las reglas gramaticales por el forro. #muelle14″

o este:

Gregori Dolz ‏@GregoriEditor 4 abr: Mendoza dice #muelle14 Un relato perturbador y fascinante, patibulario y divertido. Una voz distinta y tenebrosa en la novela negra española

De modo que escribí a Gregori Dolz de Editorial Alrevés y media hora después tenía en mi bandeja de correo un manuscrito titulado Te quiero porque me das de comer escrito por David Llorente. Los papeles durmieron unas horas en mi coche hasta que, para hacer tiempo mientras esperaba, empecé a leer (con cierto escepticismo inicial, tengo que reconocerlo).

¡No se os ocurra empezar este libro, por favor! Creedme. Y si empezáis, aseguráos que tenéis cinco o seis horas por delante, porque esa historia es como cuando a uno se le pega un papel de caramelo en los dedos, que no te puedes desprender de él. Y, claro, en este caso, más allá de las palabras y la genial manera de juntarlas, están las almas, los personajes, de modo que además de los dedos, te queda el cerebro enganchado. Salen tipos como uno al que el autor llama Max Luminaria, que mejor ni os acerquéis a él, porque empezará a pasearse por las neuronas y se os aparecerá en cualquier momento. Recordaréis esta novela incluso cuando por la mañana saqueis una moneda para pagar el café en el bar de la esquina.

Queda hecho el aviso. No compréis Te quiero porque me das de comer de David Llorente, porque es tan buena como uno de esos retratos hiperrealistas de Colin Chillag que sorprenden por su un perfección, por la osadía de romper moldes, por su grandeza. Pero si tenéis curiosidad, que es ese motivador interno que nos atosiga desde niños y que no debería apagarse nunca, podéis pinchar aquí o pedirla a vuestro librero negroycriminal de cabecera.

Publicado en Libros | 1 comentario

Contagios

PHILLIPS: Ladies and gentlemen, this is the most terrifying thing I have ever witnessed … Wait a minute! Someone’s crawling out of the hollow top. Someone or … something. I can see peering out of that black hole two luminous disks… Are they eyes? It might be a face. It might be…

El 30 de octubre de 1938, Orson Welles se puso tras los micrófonos de la CBS y radió una adaptación de la novela La guerra de los mundos de H.G. Welles de un modo extremadamente realista, lo que hoy llamaríamos un falso documental o un falso noticiario en plan ¡última hora!, con el mérito de que era la primera vez que se hacía un experimento de este tipo. En los días siguientes, varios periódicos se hicieron eco del acontecimiento y hablaban del pánico generado entre la población (por ejemplo, The New York Times).

Desde el punto de vista teórico, en un momento en el que la principal fuente de información (y, además, fiable) de las personas era la radio, empezar a escuchar a las nueve de la noche que unos platillos voladores con marcianos están invadiendo los Estados Unidos, debía provocar cierto desasosiego en los oyentes, por lo menos durante los primeros minutos de la emisión. Estudios realizados posteriormente parecen desmentir que en realidad se produjeran escenas de pánico colectivo como la leyenda urbana se ha encargado de sostener durante décadas (un ensayo al respecto, aquí). El análisis de las conductas de las personas cuando nos encontramos en grupo y la respuesta frente a acontecimientos inesperados es un tema de enorme interés, no sólo para teóricos de la conducta sino también para cuestiones tan prácticas como el diseño arquitectónico de edificios y zonas que acogen a gran número de personas como estadios o salas para macroconciertos.

Es bien sabido, también, que algunos de estos fenómenos pueden desencadenar múltiples síntomas físicos en las personas afectadas. En 2001, la revista Military Medicine publicó una breve disquisición al respecto, que había sido presentada con anterioridad en una reunión titulada: The Operational Impact of Psychological Casualties from Weapons of Mass Destruction (WMD), que tuvo lugar en Bethesda (Maryland, EUA) en julio de 2000 (el artículo original en pdf, aquí).

Todo esto viene a cuento porque varios investigadores del Instituto Max Planck acaban de publicar un estudio en la revista Psychoneuroendocrinology en el que demuestran que existe lo que denominan estrés empático: cuando vemos a una persona ‘estresada’, especialmente si lo vemos “en directo” y si esta persona es cercana, tenemos muchas probabilidades de presentar un aumento de la concentración de cortisol en sangre, con las consecuencias que se pueden desprender de un incremento continuado. Cada vez tenemos más indicios de que los demás nos influyen, no sólo en el plano meramente psicológico, sino, por lo que parece, también en el plano físico. Y si se ha detectado que ver la respuesta al estrés de otra persona incluso a través de una grabación de vídeo nos influye, ¿sucederá algo parecido con determinadas series de ficción o, incluso, algo que parece mucho más realista como los noticiarios? ¿Influye el contenido de los noticiarios o la hora en que los vemos sobre nuestra salud?

El imperdible experimento de la influencia social (paradigma de conformidad de Asch):

Y un breve documento sobre La Guerra de los Mundos:

Publicado en Pequeñas grandes cosas, Ubuntu | deja un comentario

#46664

Tenemos que atrevernos a buscar el cómo, el porqué y el para qué estamos de acuerdo. De este modo, podremos buscar juntos soluciones alternativas y nuevas maneras de gestionar los retos del mundo. Ser diversos es nuestra riqueza, actuar unidos será nuestra fuerza.
Federico Mayor Zaragoza

46664 - ubuntu

Ayer a las diez y media de la noche recibí un mensaje en mi teléfono. Era Marçal Sarrats, periodista del programa Hora 25 de la cadena Ser, que presenta Àngels Barceló. Por él me entero de que hay intensos rumores sobre el fallecimiento de Nelson Mandela, algo que se confirmó unos minutos más tarde.

El 5 de diciembre de 2013, a los 95 años y tras unos meses en los que su salud se había ido deteriorando, se anunció la muerte. El fundador de nuestra nación democrática, se ha ido; con estas palabras, el presidente Jacob Zuma iniciaba un breve discurs que se difundiría rápidamente a través de las redes sociales (el vídeo, aquí). En julio de 2010, coincidiendo con el Mundial de Sudáfrica, tuve la oportunidad de reflexionar un poco sobre la figura de Mandela y, sobre todo, acerca de la filosofía Ubuntu, una manera de pensar que le ayudó a lograr la victoria en su incansable lucha contra el apartheid, contra la segregación, contra el odio. Por este motivo, en las últimas horas he recibido varias llamadas de algunos medios pidiéndome que explicase alguna cosa sobre Nelson Mandela. Desde el conocimiento lógicamente incompleto de su persona, y sin haber tenido la oportunidad de hablar con él, me preguntaban qué destacaría de su figura. Mi respuesta siempre es: lo que significa 46664.

En Robben Island, igual que en otras cárceles, las personas no se llaman por el nombre, sino por “su” número, el que les otorgan cuando entran. Es una manera más de marcar diferencias, de ejercer presión psicológica sobre el condenado. Nelson Mandela era el preso 466 del año 1964, de ahí el 46664. Los larguísimos años pasados en reclusión, especialmente cuando se encontraba en Robben Island, en una celda de reducidas dimensiones, fueron para él los años de aprendizaje que tiene todo líder.

El neurólogo Oliver Sacks escribió el ensayo To see and not to see (aquí) y habla sobre un paciente del oftalmólogo Alberto Valvo, que dijo: “One must die as a sighted person to be bom again as a blind person” y afirma que lo contrario también es cierto y aplicable a la vida: “uno debe morir ciego para renacer como una persona que ve, una metáfora que se puede aplicar a la transformación de las personas. Por lo que he leído y por lo que he comprendido de Nelson Mandela, Robben Island, su etapa como Sr. 46664, fue precisamente ese partir de la ceguera para volver viendo (y apreciando el hecho de ver).

Dicen que tantos años en una celda diminuta para una persona apasionada, emocional e impetuosa (además de físicamente grande), supusieron el aprendizaje de la contención. Y esto, sobre el poso ancestral de la cultura xhosa, su tierra, su tribu, dio como resultado este momento maravilloso que propició la búsqueda de la concordia, potenciar los puntos de acuerdo, los objetivos comunes, antes que ahondar en los aspectos que diferencian.

Y en estos momentos, muchos no podemos dejar de preguntarnos dónde se quedó esa idea ubuntu que debería tener cualquier colectivo humano. Respetar las diferencias y poder discutir las cosas de tú a tú, al mismo nivel.

Enlaces de interés:
John Carlin: “Muere Nelson Mandela, el hombre que liberó a la Sudáfrica negra
Xavier Aldekoa: Muere Nelson Mandela
Àngels Barceló: Hora 25 – Muere Nelson Mandela

Publicado en Ubuntu | deja un comentario

Zoom out!

Nunca se puede saber de antemano de qué son capaces las personas, hay que esperar, dar tiempo al tiempo, el tiempo es el que manda, el tiempo es quien está jugando al otro lado de la mesa y tiene en su mano todas las cartas de la baraja, a nosotros nos corresponde inventar los encartes con la vida, (…)

DSC_2438

De vez en cuando toca revisar recortes,artículos y algún periodico viejo que quedó en el desván (que, en mi caso es el sótnao), reciclar lo que no interesa y clasificar lo que puede servirme cuando escriba cualquier cosa. Es una tarea que hago periódicamente, quizás cada año y medio o dos años, y de la que acostumbro a hablar en el blog. Es un tarea que, además, permite hacer un ejercicio de visión panorámica, algo muy saludable en este mundo en el que estamos acostumbrados al zoom excesivo y constante, al detalle del detalle que, en realidad, no nos deja ver más allá de la superficialidad. Leer periódicos y noticias antiguas te permite hacer un sano ejercicio de zoom out desde el futuro, conociendo el desenlace de los interrogantes y las suposiciones.

A dos años vista, ves el plumero a muchos gurúes, te das cuenta de lo mentirosos que son políticos, reinadores y banqueros (así como de la impunidad de la que gozan todos ellos), y puedes seguir las supuestamente oscuras tramas de la corrupción como si fuesen iluminadas autopistas. A dos años vista, ves que el sistema económico y el derrotero social que existe en una parte del Globo, no funciona y está abocado al colapso. A dos años vista te das cuenta, también, que estamos saboteando el planeta, como si la especie humana hubiese entrado en una espiral de malsana autodestrucción.

Fue leyendo noticias pasadas cuando recordé la frase del comienzo de esta entrada, que escribió José Saramago en el Ensayo sobre la ceguera.

Un día escuché una entrevista en la radio; para ser más preciso, iba en coche por una zona de túneles y con mala cobertura, de modo que sólo escuché unas frases, pero las recordé. Creo que era el historiador de medios de comunicación Román Gubern, aunque no estoy seguro, y hablaba sobre los argumentos universales de la ficción. Perdonad la inconcreción, pero sólo logré captar lo siguiente: “(…) los seres humanos queremos saber: por qué lo hizo, cómo lo mató y, sobre todo, quién se la folla”. Viendo las noticias por el retrovisor, te das cuenta de que los argumentos son también válidos más allá de la ficción: dinero, engaño y sexo.

Como dice DJ Davis en una escena de Treme, “Vuelven unos pocos más cada día y, aunque las cosas no vayan como deberían, aunque nos lo pongan complicado, ¿dónde íbamos a ir, sino?, ¿quién nos acogería? ” . Sólo que en ese momento, pone la canción Wrap your troubles in dreams (and dream your troubles away). Lástima que para algunos de los problemas actuales no hay papel celofán suficientemente grande para envolverlos y mandarlos a paseo. Ya no valen ni la ingenuidad ni la indignación; es la hora de la creatividad y de la reacción.

Bueno, pero para contrarestar esta entrada algo pesimista… Accentuate the positive!:

Publicado en Noticias, Palabras | 1 comentario

La memoria

Creig: Son como ruinas de la antigüedad… Ahí estaba el Jaegger’s, Fitzgerald’s, Bruning’s (los dos, el nuevo y el original, que ya quedó destruído con el huracán George). Era el tercer restaurante más viejo de la ciudad, después de Antoine’s y Tujague’s, 1859; en aquellos tiempos era un cabaret con máquinas tragaperras, bailarinas, toda clase de vicios. Ahí estaba la pasarela al hotel Bruny, el de Querido Detective.
Sofia: “¡Hola guapo!”
Creig: “¿Cómo vas, nena?”. Y también daba al Sid-Mar’s.
Sofia: ¿Dónde estaba el Sid-Mar´s?
Creig: ¿Ves esa bomba de agua?… Desaparecido. Uf! Como si no hubiera existido.
Sofia: Da un poco de miedo.
Creig: Sí. Es bueno venir por aquí a ver la destrucción. Es bueno salir de la Isla de la Negación de vez en cuando para recordar que gran parte de la ciudad sigue destrozada.
Sofia: Lo sé, pero…
Creig: Mañana, Mardi Gras, el gran martes. ¿Te sabes la fecha exacta?
Sofia: 28 de febrero
Creig: Seis meses casi exactos. Seis meses. Y vamos a disfrutar como sabemos, bailar como si no hubiera un mañana, celebrando el mardí gras sobre las ruinas de la ciudad de la luna creciente. ¡Y hacemos bien! Pero es bueno tener esto en cuenta.
Sofia: Lo sé.
Creig: ¿Te estoy agobiando, eh?
Sofia: Un poco, sí.
Creig: Vamos a ver desfiles.

mirando la historia

En uno de los últimos episodios de la primera temporada de la serie Treme, Creighton Bernette (interpretado por John Goodman) se lleva a su hija Sofia (India Ennenga) a la orilla del lago Pontchartrain medio año después de la tragedia desencadenada por el paso del huracán Katrina por la zona y la secuencia de fallos encadenados en la gestión del desastre, en las infraestructuras, en el apoyo a los afectados y en la reconstrucción de la nueva ciudad. En un paisaje todavía desolado, un Creig sumido en la depresión muestra a su hija dónde estaban los mejores restaurantes de la zona antes de la inundación. Me llamó la atención el diálogo que mantienen la víspera del martes de carnaval y la recomendación de divertirse para ayudar a salir adelante, sí, pero también teniendo la entereza de salir de lo que define como la “isla de la negación” para no olvidar… En otras palabras, para tratar de no caer de nuevo en los mismos errores del pasado.

El otro día, mientras hacía un tramo de la autopista entre Figueres y Barcelona, me pareció que “faltaba algo”. Tuve que volver a hacer ese trayecto bajando de Burdeos, y volví a tratar de encontralo. En vano. Desde pocos meses antes de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, en el kilómetro 92 de las distintas autopistas que llegan a la ciudad Condal pusieron un cartel que, a la par que indicaba la distancia hasta la capital, hacía las veces de recordatorio de un evento deportivo que, para la ciudad, supuso muchas cosas, tanto desde el punto de vista social, como político, económico y de infraestructuras. No supe ver el cartel “Barcelona- 92″ en la zona cercana a Girona, aunque sí había otros insulsos indicadores como “Barcelona-96″ y “Barcelona-86″ (o alguna cifra parecida). El símbolo se perdió. Una oportunidad menos de reactivar el recuerdo de algo que marcó en parte la ciudad actual.

Hace un par de semanas encontré una nota curiosa en un periódico. Explicaba que, durante la remodelación del Congreso de los Diputados en Madrid, desaparecieron algunos de los impactos de bala que recordaban el 23-F, la larga noche del 23 de febrero de 1981, cuando hubo un intento de golpe de estado que nos tuvo en ascuas a unos cuantos. Según la crónica (aquí) , a alguien se le ocurrió sustituir la memoria por una anodina rejilla de ventilación.

Los símbolos que de vez en cuando despiertan el recuerdo son importantes, especialmente en momentos como el actual, cuando muchas cosas tienen un inevitable hedor a pasado, tiempos en los que parece que suframos una amnesia colectiva mezclada con una pereza enorme que nos impide reaccionar frente a la intransigencia, frente la pérdida de valores, frente a la corrupción, frente al arrebatamiento de derechos ganados a lo largo de generaciones. Aunque las “islas de la negación” son muchas y tentadoras y adictivas, habría que hacer el esfuerzo para salir de ellas de vez en cuando. Para que no regrese el blanco y negro.

Por suerte, los tiempos modernos tienen algo de “Imborrable” (gracias, Juan Cruz -gran columna aquí).

(Y hoy con la camiseta verde de Les Illes #noaltil)

Publicado en General | deja un comentario

Azufre

No te creas que todos tienen las manos limpias, tal como juran y perjuran. No hay dios, ni en Vigata ni en ninguna parte que no corte el azufre de segunda con azufre de tercera e, incluso, de cuarta. Si tienes veinte mil cahízes en el almacén y eres experto, y te sabes espabilar y los cortas bies, estos veinte mil se convierten en quarenta mil y los podrás revender como te parezca. Pero sigue siendo azufre, más ordinario, claro, pero todavía es azufre y tiene un precio. Un día de estos me acordé de la tierra amarilla de Termini Imerese. ¿Sabes cuál es? Fui expresamente allí, la miré y la volví a mirar; incluso me la pise en la boca. no lo diría ni dios: realmente es tierra, pero igualita al azufre, por su color, por su olor… todo. Puedes pedir que te traigan un par de vagones por cuatro perras. Sólo necesitas un buen químico, uno que sepa revolver, que sepa hacer las partes justas y haga una mezcla que no se vea.

P7319711

Aunque al prolífico Andrea Camilleri se le conoce mucho por la serie de libros que tienen como protagonista al comisario Montalbano, es autor de muchas otras novelas y relatos; de las que he leído, me gustan especialmente La concesión del teléfono y Un hilo de humo, dos historias cargadas de ironía en las que el autor utiliza el bisturí de las palabras para diseccionar la sociedad con la precisión de un cirujano. Su Vigata literaria es una ciudad de familias enfrentadas, familias con envidias, familias con venganzas pendientes que pasan de generación en generación. Personajes que maquinan, que traman, que urden. En su Vigata viven curas y criadas, ricos dueños de negocios a quienes respetan por temor a la venganza, mozos, hijos de ricos, alcaldes corruptos, alguna puta, las mujeres que están en su casa preparando la comida, y problemas irresolubles que son el hilo del relato. Problemas enormes, a veces.

En Un hilo de humo, Salvattore Barbabianca es un empresario del negocio del azufre que se ha hecho rico a costa de robar a media ciudad. Un buen día recibe la noticia de que un carguero ruso está en camino de Vigata para llenar la bodega de cahizes de azufre que ya le han pagado; sin embargo, el almacén de Barbabianca está vacío porque vendió el mismo azufre a otros compradores. Ante el pánico de la llegada del buque, empieza a llamar a todas las puertas de los comerciantes de azufre a quienes se ha pasado años menospreciando y engañando. Éstos, entendiendo que puede ser el anhelado fin del clan de los Barbabianca, se niegan a echarle una mano y, al pasar las horas, su alegría interior va aumentando hasta que (…)

El fragmento con el que he empezado esta entrada corresponde a uno de los primeros párrafos del libro. Lo tengo marcado porque, aunque la historia sucede a finales del siglo XIX y la novela fue escrita en 1980, es imposible no pensar en muchos de los acontecimientos de la historia reciente.

¡Demasiados!

Medicamentos que no tienen la eficacia que se afirma, alimentos adulterados y abuso de transgénicos sin declarar, inseguridad viaria por uso de materiales defectuosos, falta de indemnizaciones por accidentes o indemnizaciones misérrimas, precariedad laboral… y unos pocos que no dejan de llenarse los bolsillos cortando el azufre . Los Barbabianca de Vigata, para entendernos.

Gracias al agitador cultural Alfredo Llopico (su excelente blog aquí), siempre atento a los latidos del mundo del arte, he conocido a Isaac Cordal. Vale la pena echar un vistazo a sus montajes y la angustia que dejan esos señores liliputienses frente a la hostilidad del cemento.

Abajo, un vídeo de su instalación Follow the leaders. ¿Seguro que lo mejor es seguirlos? ¿O quizás sería mejor que empezásemos por ver quienes son líderes, por qué se les considera así y qué méritos objetivos ostentan?

Follow the leaders from Isaac Cordal on Vimeo.

Enlaces de interés:
Las minas de azufre de Sicilia
Andrea Camilleri (El País, 2008)
Isaac Cordal (página web)

Publicado en Gente, Libros | 1 comentario

Mapa para tiempos revueltos

Since when -he asked
are the first and the last line of any poem
where the poem begins and ends?
Seamus Heaney

mapa-Tristana

Son días revueltos, llenos de amenazas y de contra-amenazas, de muertes innecesarias, de intereses inconfesos, de pruebas borradas, de armas que traspasan o no traspasan unas etéreas líneas rojas (¿acaso no son armas, todas, y se usan para matar?).

Si viviésemos en Grecia hace más de veinte siglos, algunos dirían que, acabados los héroes, es la era de los hijos de Eris, la discordia, entre los que se encuentran Pseudologos (la mentira) o Dysnomia (la ilegalidad). Algunos más, aquí. Entre los romanos, Pseudólogos se llamaba Mendacium que, por cierto, es el nombre que Dan Brown escogió para un yate de un personaje peculiar de su novela Inferno.

Entre papeles me encontré ese mapa, que es una carta de un restaurante de la calle Montalbán de Madrid que se llama (o se llamaba) Tristana. No lo encuentro en Internet, de modo que asumo que debió desaparecer en algún momento. Fue un obsequio del chef, cuando me invitaron allí hace ya más de 20 años. Al Mar del Odio, guardado por el Monte del Orgullo, se llega después de pasar por Perfidia, Maledicencia y Maldad. Busco en el mapa y me cuesta encontrar el Jardín de la Ética y el río de la Justicia. Quizás se les olvidó ponerlos o, simplemente, se encuentran en la Tierra Desconocida que todavía pocos se han aventurado a descubrir.

Publicado en General | 1 comentario