En el tiempo de la navegación a vela, a bordo siempre viajaban carpinteros, (…) imprescindibles en caso de avería o si se torcía un palo. Y siempre había disputas entre el patrón y el jefe de los carpinteros. El patrón pretendía ir más de prisa y probar la resistencia de los palos. El carpintero, en cambio, prefería ir más despacio, tener cuidado del barco para que llegase a puerto entero.

En el aeropuerto, antes de salir hacia Bogotá, encontré un libro con un título extraño que me despertó la curiosidad: Bilbao – New York – Bilbao del escritor Kirmen Uribe. La novela, una especie de caleidoscopio absorbente, habla sobre la vida en los pueblos pesqueros del norte y también habla de vidas -de vidas truncadas, de vidas exiliadas, de vidas felices y, simplemente, de vidas-, narradas por el propio escritor durante un viaje aéreo de Bilbao a Nueva York vía Frankfurt para participar en un acto literario.
Decidí comprar el libro ante la duda de si el que llevaba iba a durarme todo el camino, y acabé leyendo la novela de Kirmen completa en el tramo de París a Bogotá en un Airbus de Air France, con perdón por la redundancia. La primera página contiene una imagen bonita: al igual que los árboles, los peces poseen unos anillos diminutos en las escamas que indican su edad; sin embargo, al parecer los anillos de los peces muestran una marca que aparece en invierno, en época de penuria, cuando el pez no come. Escribe:
Igual que los anillos de los peces, los momentos difíciles nos van marcando nuestras vidas, hasta convertirse en la medida de nuestro tiempo. Los días felices, en cambio, pasan deprisa, demasiado deprisa, y enseguida se desvanecen.
Las velocidades del tiempo, de las que hablaba en otro post.
Mientras iba pasando páginas con avidez y aprendiendo cosas sobre la vida en Ondarroa, en el otro lado del pasillo había una pareja sentada con una butaca libre entre los dos. Él, con rasgos orientales, aparentemente más joven que ella, ambos bien vestidos, aunque con el tipo de ropa que no llevaría nunca. Pensé -en aquellos diálogos neuronales que uno tiene cuando viaja solo y observa-: “Deben trabajar en el mundo de la moda”. Y mi sospecha se vio confirmada poco después, cuando pusieron sobre el asiento libre que había entre ellos media docena de pesadas revistas de papel couché, sin duda compradas en el aeropuerto de París. Vogue, Harpers Bazaar, etc.
Lo curioso vino veinte minutos más tarde: tanto él como ella iniciaron un ejercicio que consistía en pasar deprisa las hojas de las revistas que habían leído y arrancar páginas que colocaban cuidadosamente dentro de una bolsa de plástico. El ruido repetitivo “ras, ras, ras” de ambos, imponía un ritmo extraño en medio del psedosilencio de los motores a velocidad de crucero amortiguados por la modorra post-prandrial. Pensé que recortaban anuncios o fotografías de vestidos y zapatos que, quién sabe, les servirían de inspiración para su próxima colección primavera-verano; hasta aquí, nada extraordinario.
Lo extraordinario es que, mientras el ruído de las páginas arrancadas me iba golpenado el tímpano derecho, llegué a la página 56 de la versión catalana de la novela, justo donde Kirmen escribe:
(…) el hombre sentado a mi lado sacó unas revistas de la bolsa. Eran revistas de moda. Abrió un ejemplar y empezó a rasgar las páginas. Además, lo hacía con mucha fuerza. Y se pasó todo el vuelo así. Arrancando páginas y páginas de las revistas (…)
Sin duda, de haber estado leyendo la novela en un e-book, hubiera pensado que mis dedos habían tocado alguna zona de la pantalla y que me había desplazado a una meta-página situada en cualquier lugar del limbo de Internet, un bucle intrigante entre la realidad y la ficción. Los neurólogos lo catalogarían como un dejà vu atípico; algún crítico literario aprovecharía para hablar del realismo de Kirmen uribe; yo simplemente pensé que es bonito viajar y leer.
Enlaces de interés:
Kirmen Uribe – Wikipedia
Bilbao- New York – Bilbao: reseña en El placer de la lectura