Dom 20 Jul 2008
Cálculos moderados hacen ascender a más de 2.000 personas, entre hombres, mujeres y niños, los que murieron de manera sublime.
Fernando Ruiz Balbuena me dice que, si quiero ver algo realmente espectacular de Chiapas, tengo que visitar el Sumidero, el cañón del río Grijalva que llega de Guatemala y, ochocientos kilómetros después, desemboca en el Pacífico tras cruzar el estado.
Allá nos dirigimos esta mañana. En Chiapa del Corzo alquilamos los servicios de una lancha fuera borda de motor potente con la que recorremos más de 40 kilómetros río abajo, por un inmenso cañón con paredes verticales -dicen que de casi mil metros-, que surgen entre la espesa vegetación de la selva. Una falla, fruto de algún violent retortijón sísmico causó la herida.
Tierra de refriegas y muerte. Hace pocos años, la revuelta zapatista contra el gobierno federal dejó atrás cadáveres por ambas partes que, según cuenta la gente del lugar, ni siquiera llegaron a ser noticia en ningún periódico. En 1527, otra mortandad, ésta registrada en los documentos históricos: Cortés mandó a Diego de Mazariegos a conquistar las tierras de los Chiapanecas, al sur del viejo Tenochtilán (el actual México DF), y combatió a los indígenas cerca de Chiapa del Corzo. Sigue la crónica recogida por Hernán Nandayapa en Chiapas y su decisión histórica:
Atacaron los españoles con ímpetu y los indígenas resistieron con firmeza; tuvieron que replegarse hasta la margen del río, donde se hicieron fuertes aprovechando los abruptos del terreno, pues ahí el río Grijalva se precipita por un cañón formado por acantilados de más de 500 metros de altura. Con el río a sus espaldas, y al frente del enemigo, los guerreros Chiapanecas pelearon varios días y, cuando ya no fue posible resistir más, antes de quedar cautivos del conquistador, prefirieron precipitarse desde aquellos agrestes y gigantescos peñones (…) Y no solamente los hombres se precipitaron, sino también las mujeres, quienes primero empujaron a sus hijos mayorcitos y después se lanzaron ellas abrazando a los que lactaban.
A pocos kilómetros del lugar, San Cristóbal de las Casas sobrevive como destino turístico muy concurrido, con sus calles empedradas y sus casas de estilo colonial con grandes ventanales, y patios frescos llenos de vegetación, entre los muros de iglesias de La Compañía y de Santo Domingo –tan habituales en las ciudades de la colonia–. Aquí la confrontación entre lo local y lo de más allá es más ideológica: McDonnals, Burger King o las sucursales del BBVA y del Holiday Inn se ven obligadas a dejar de lado el attrezzo distintivo de sus franquicias y tienen que contentarse con un modesto rótulo apenas visible.
Enlaces de interés:
Noticias sobre el cañón del Sumidero









