Dom 21 Jun 2009
- Nada por aquí, nada por allá… -explica el mago justo antes de sacar el conejo de la chistera.
- ¡Ooooh! -exclama el público cinco segundos más tarde, asombrado al ver el conejo.
La prestidigitación es un arte antiquísimo. Más allá del espectáculo, del teatro, lo que me parece interesante es cómo los grandes magos han tenido que investigar en el campo de la percepción sensorial y descubrir cómo integramos esta información en el cerebro, lo que nos lleva a creer en algo que está lejos de la realidad. El conocimiento preciso ha permitido que los maestros creen trucos espectaculares que nos dejan con la cabeza llena de interrogantes, esas cosquillas a las neuronas que nos hacen pensar e imaginar.
(Casi) todos los espectadores saben que allí hay truco, (casi) todos están convencidos de que el mago no revelará el truco, y todos tratan de averiguar cómo ha sido posible. En Barcelona hay una de las tiendas de artículos de magia más antiguas; la fundó Joaquim Partagás en 1881, tras triunfar en la Argentina con sus espectáculos.
Otro tipo de ilusión es la que nos proporciona el cine. David Martí y Montse Ribé son dos artífices de los modernos efectos especiales que han logrado que miles de espectadores se hagan pequeños en la butaca muertos de miedo o que sigan con emoción el hilo de alguna historia entrañable. Aunque sus nombres no son de los que salen con letras grandes en los créditos ni en los carteles, quizás sí que muchos recuerden aquél ser fantástico que tenía los ojos en las palmas de las manos de la película El laberinto del Fauno, o aquél gigante de Hellboy, por poner solo un par de ejemplos. Se puede ver en Barcelona una exposición itinerante llamada El arte del engaño en la que, además de hacer un repaso a los grandes trucos del cine clásico, se pueden apreciar los detalles de los muñecos creados por DDT, y que valieron un Oscar a David y a Montse.
Ilusiones colectivas, sorpresa (y quien sabe si algo más). Mientras desayunábamos en su panadería, Joan me acaba de explicar otro tipo de ilusiones. En uno de los barrios de la pequeña ciudad en la que vivo hay muchos vecinos que, en su momento, emigraron desde Murcia. Como recuerdo, cada año durante las fiestas del barrio -que coinciden con la magia del solsticio de verano-, organizan un concurso de gachasmigas, un plato típico hecho a base de harina de trigo, aceite de oliva, agua y sal, con pedazos de longaniza, panceta y salchichas. Hace algunos años, y contra todo pronóstico, el concurso lo ganó un joven a quien no se le conocían antecedentes culinarios. Las migas que preparó después de revolver con energía la argamasa de harina tenían un sabor exquisito y hubo unanimidad, no sólo entre quienes formaban el jurado, sino también entre todos los que tuvieron el placer de probar esas gachasmigas, preparadas para la ocasión. Incluso los demás concursantes se rindieron ante el peso de las pruebas del rival, aparcaron la envidia y disfrutaron del manjar. ¿Cuál era el truco? ¿Cuál era el pequeño secreto de aquél joven? Pronto se supo -en los pueblos, las noticias vuelan-: había utilizado aceite o mantequilla de marihuana que hizo las delicias de los comensales.
Esta historia me recordó la escena final de El perfume de Suskind.
Ilusiones, magia, percepciones… El problema es cuando se va más allá del juego. A parte de quienes tienen la misión de entretener mediante la habilidad de crear una ilusión que engaña a los sentidos y a la lógica, existen los prestidigitadores sociales y políticos. De esos, sí que hay que desvelar sus trucos y, sobre todo, enseñar cómo detectarlos. Por suerte, el mundo es cada vez menos un escenario donde el público está sentado mirando al punto donde el protagosnita te hace mirar. El mundo hoy es, cada vez más, una red social conectada. El reciente fenómeno de twitter tras las elecciones en Irán son buena muestra de ello. Lo bueno de la prestidigitación, de la magia, de la ilusión, es saber que estás en un espctáculo y, con eso sabido, dejarte mecer. Sino es engaño, y eso es intolerable.
Enlaces de interés:
El Rey de la Magia
Exposición L’art de l’engany (El arte del engaño) en Barcelona
El laberinto del fauno - tráiler









